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![]() Después de DaltonEn busca de una identidad propiaErnesto Mejía
Claudia Hernández no lo considera demasiado importante, pero el Premio Juan Rulfo, que ganó hace poco, sí lo es. Y, aparentemente, la convierte en punta de lanza de una nueva generación de escritores, que puja por sobresalir y distanciarse de los literatos heredados de la llamada Generación Comprometida. Aunque Claudia asegura que fue un golpe de buena suerte, ella es la primera escritora salvadoreña en ganar un reconocimiento internacional de tal magnitud. Para su profesor, Francisco Andrés Escobar, al que ella considera fundamental en su naciente carrera de escritora, el premio no hace más que confirmar su talla de narradora. El reconocimiento, sin tomarlo como un hecho aislado, pone al descubierto el surgimiento de valores literarios de calidad, que durante tantos años permanecieron ausentes en la escena cultural del país. Pobrecitos poetas que éramos nosotros Francisco Andrés Escobar señala a Claudia Hernández, Otoniel Guevara, Jorge Galán y Silvia Regalado –al menos de los que él conoce– como personas que poseen las características necesarias para ser escritor. Pero, ¿qué vuelve diferentes a estos jóvenes de tantos otros escritores que pululan en nuestro medio? "Paco", como lo llaman cariñosamente sus alumnos, es contundente en señalar que lo fuera de serie de ellos es su búsqueda de una identidad propia. "Yo creo que ellos ya no están tratando de ser un (Roque) Dalton más", dice Escobar, Premio Nacional de Cultura en 1995. Y es que la "Generación Comprometida", que tuvo su auge en las décadas anteriores a la guerra y tuvo en Roque Dalton a su máximo exponente, marcó tanto los espíritus de los literatos posteriores, que muchos no supieron trascender el estilo y el tiempo del poeta revolucionario. Para Escobar, Dalton ha tenido "un doble valor: el de modelo de identificación, pero al mismo tiempo de una frontera infranqueable. Los escritores sienten que no pueden ir más adelante de él. Tratan de escribir como él". Esta incapacidad de superar el estilo y las temáticas de Roque Dalton redundó en una carestía de escritos de calidad. El poeta Jorge Galán es agudo al señalarlo: "A veces me parecen como un juego lingüístico. Como un juego de palabras. No hay allí expreso ningún sentimiento. Yo no veo que haya belleza, que haya musicalidad". Otoniel Guevara entiende que no hay que echarle la culpa a los exponentes de la "Generación comprometida". Para él, estos "no sólo abarcaron todos los géneros, sino que los abordaron con mucha calidad". El verdadero problema, para Guevara, es que "aquí muchos han adoptado a Roque como arquetipo de lo que ellos mismos tienen que ser y tratan de imitarlo. Allí está el error", dice. Con voz propia La "Generación Comprometida" se caracterizó por su tono contestatario y sus temáticas sociales. Estos jóvenes, si pretenden una identidad propia, tienen que buscar sus temas, sus propias formas de decir las cosas. Manlio Argueta, miembro de la "Generación Comprometida" piensa que "los jóvenes deberían dar un salto cualitativo diferente al que se dio en aquella época (50s, 60s y 70s). En esa época fue una tendencia social. En la época actual podría ser otro tipo de inclinación". Y así es. Jorge Galán aún no se atreve a mencionar las características que distinguen a esta generación de la anterior, porque aquélla estaba "definida" y ésta, "apenas, está entre neblinas". Otoniel Guevara no pone reparos en mencionar algunos rasgos distintivos. El primero es "la búsqueda de una identidad propia, de una voz interna, que no sólo se dedique a decir lo bonito, sino también lo complejo del ser humano". Otro es una búsqueda de respuestas a "esta época oscura para la espiritualidad humana". En la parte estilística, Guevara menciona el regreso "a la musicalidad que nos heredaron los clásicos". Y en la temática, el regreso al "campo, a la raíz humana". Esto, para el escritor, es un buen augurio, puesto que sólo "generando un propio estilo de decir y de ver el mundo" se logrará trascender. Sus palabras son fuertes. "Tratar de imitar a alguien es la muerte literaria", dice. Pero la búsqueda de una identidad propia no se limita al deseo, sino a un trabajo sistemático. Galán cree "que hay una preocupación técnica mayor. También hay más trabajo". Francisco Andrés Escobar es de la misma opinión. Si bien él menciona también el talento individual, piensa que la técnica juega un gran papel. "Ellos (los nuevos escritores) tienen la humildad como para realizar lecciones técnicas que, a veces, son tremendamente aburridas". El premio de Claudia Hernández ha venido a demostrar que además de talento hay trabajo. Pero más allá de un mero reconocimiento personal, Guevara opina que el Juan Rulfo es importante para las letras nacionales, "porque nos está diciendo que tenemos la capacidad de poder nivelarnos a la altura de la gran literatura universal, y de retomar cierta tradición de calidad que se rompió, quizás con la Generación Comprometida". © 1999 LA PRENSA GRÁFICA e Infosector Corp. Todos los derechos son reservados. No se reproduzca en ninguna forma. All rights reserved. Do not reproduce in any form. |
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