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![]() Tensa calma en Aguilares
La suave brisa de la tarde acaricia los rostros de cuatro jovencitas que esperan el bus hacia San Salvador. El ambiente luce apacible. Sin embargo, un vigilante apostado junto al restaurante móvil de Pollo Campero hace recordar que aquí también hay delincuentes de quienes cuidarse. Así lucía esta semana el parque de Aguilares, la ciudad que el pasado 17 de mayo se volcó a las calles para protestar por el incremento de la delincuencia. Ese día, alrededor de cinco mil lugareños marcharon portando pancartas de rechazo, principalmente contra los secuestros y las extorsiones. Pero nada indica que Aguilares sea una ciudad mucho más violenta que cualquiera otra de El Salvador. El recién llegado jefe del puesto policial, Oscar Vásquez, quien estuvo antes destacado en Apopa, afirma por ejemplo que "hay muchos más hechos delictivos allá". Los números no le dejan mentir. En los primeros cuatro meses de este año, la PNC de Aguilares efectuó un total de 30 detenciones por delitos. En Apopa, el número sobrepasó las 200. Los delitos más frecuentes aquí son los mismos que a nivel nacional: hurtos y robos, según estadísticas de la Policía. El número de homicidios es más bajo que en poblaciones como Apopa o Soyapango.
La población se hastió
Hace unos meses, un hombre a quien la "vox populi" identificaba como un peligroso secuestrador de Aguilares fue acribillado a balazos. "La gente se cambiaba de acera para no encontrárselo", narró un habitante que pidió no mencionáramos su nombre. Por la noche, cuando el cuerpo estaba siendo velado, los dolientes recibieron una visita especial: el jefe de la Policía de Aguilares, acompañado de un grupo de agentes. Esta versión fue confirmada por otros dos residentes, quienes aseguran que los policías llevaban una ofrenda floral en memoria del asesinado. La anécdota es sólo una de las que circulan en esta ciudad y que contribuyeron a generalizar la tesis de que hubo elementos de la antigua delegación policial involucrados con delincuentes. El párroco, Orlando Erazo y el alcalde, Ricardo Palacios, no descartan esta posibilidad. El edil sostiene que "todo mundo decía 'la PNC no quiere actuar'. Y cuando el río suena, piedras lleva". Esta desconfianza de los habitantes hacia la Policía parece haber sido uno de los resortes que activaron las protestas de parte de la población. Pero no es el único.
La última gota
Otro de los factores sin duda lo constituye el incremento de los secuestros y extorsiones. A partir de enero, la ciudad ha sufrido el plagio de al menos dos de sus moradores. Un tercero fue amenazado de muerte si no entregaba una cuantiosa cantidad de dinero (extorsión). En el caso más reciente, los secuestradores cobraron el rescate cuando ya habían asesinado a la víctima, un estudiante de 19 años. Según pobladores de Aguilares, el crimen fue la gota que rebalsó el vaso y provocó la indignación generalizada. Desde la semana antepasada, Aguilares cuenta con un puesto policial integrado en un 100 por ciento por nuevos agentes. También se les reforzó con otro vehículo y cuatro motocicletas, aunque sólo uno de los agentes sabe conducir moto. Aún así, cada turno es cubierto por 15 agentes, en un municipio de 29 mil habitantes. Llamar por teléfono al puesto policial es una tarea que requiere paciencia, pues únicamente cuentan con una línea, usualmente ocupada. Estas limitantes no han impedido que los recién llegados hombres de uniforme comiencen a ganarse la confianza de los aguilarenses. "Comenzando por el desfile de presentación que hicieron, están dando muestras de querer trabajar de la mano con la población", sostiene el párroco Orlando Erazo. Una opinión similar tiene el alcalde, Ricardo Palacios. Asegura que mientras el antiguo jefe policial mantuvo un contraproducente distanciamiento, el nuevo ha comenzado a cultivar una comunicación más fluida. Aguilares es hoy por hoy una ciudad donde la gente se encierra antes de las 8:00 p.m. Cada madrugada de domingo, el párroco encabeza un grupo de pobladores que recorren calles rezando el rosario. Su ruego más encarecido es el mismo de muchas ciudades en El Salvador: ¡Dios, que ya no haya tanta delincuencia! © 1999 LA PRENSA GRÁFICA e Infosector Corp. Todos los derechos son reservados. No se reproduzca en ninguna forma. All rights reserved. Do not reproduce in any form. |
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