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La otra vida

Miguel Huezo Mixco
mhuezo@laprensa.com.sv

Tenemos más de una vida. O dicho de otro modo, una doble vida. Una es gobernada por las apariencias. La otra por las pasiones. Este parece ser el tema de fondo de la novela "La diabla en el espejo" de Horacio Castellanos Moya, publicada por Ediciones Linteo de Madrid a finales de febrero y que recién comienza a circular en San Salvador.

Para quienes están familiarizados con la narrativa de Castellanos, esta novela podría verse como una continuación de la búsqueda que inició en su libro de cuentos "Con la congoja de la pasada tormenta" (1995).

En uno de esos relatos Castellanos desarrolló la idea de que el homicidio de Roque Dalton, más allá de las pugnas políticas con que suele explicarse, fue un crimen pasional: una venganza por la aventura amorosa del poeta y la mujer de su jefe.

¿Una exageración? Tal vez. Pero en la ficción todo es posible. Si la potencia de una pasión es capaz de desmochar caprichosamente el corazón de otras personas, ¿por qué un escritor no puede atribuirle a una pasión la fuerza capaz de cometer un crimen?

Además, en la vida esas cosas ocurren. Deseos, arrebatos de cólera, celos, miedo, todos estos tormentos nos empujan a una "tierra de nadie" donde, como lo recordaba Kafka, los seres humanos oscilamos entre una desdicha soportable y una felicidad banal.

¿Puede romperse ese círculo? A veces sólo con la tragedia.

En su más reciente libro, Castellanos ataca sobre este punto. Las especulaciones sobre el inexplicable asesinato de Olga María Trabanino, la personaje en torno a la que gira la obra, revelan que detrás de la "vida recta" de padres y madres ejemplares, suele esconderse un mundo plagado de cinismo. Olga María resulta ser el vértice de una compleja urdimbre donde las convenciones sociales, el poder y el dinero muestran su horrenda máscara.

La historia está contada por su íntima amiga Laura, una chismosa compulsiva. De principio a fin, hay una sola voz que pasa por todos los registros imaginables, desde el tono confidencial hasta el insulto, de la fascinación al desprecio. Laura enreda y desenreda la historia como un chisme, sin tregua, en su automóvil, en la banca de una iglesia o en el teléfono de su habitación. El tono está extraordinariamente logrado.

En "La diabla..." la trama detectivesca se mezcla con la exploración de las costumbres sociales "de un modo tan acertado que el lector entra en el alma de la novela, de los personajes, de la sociedad que retrata", ha escrito Luis de la Peña en el suplemento cultural Babelia, de Madrid.

Pero Castellanos Moya no hace denuncia. Tampoco moraliza. En este libro que resulta imposible de abandonar una vez se ha comenzado, simplemente nos ofrece un retrato de la otra vida de sus personajes, tan cercanos a nuestra propia realidad, removiendo con afilada pluma las sucesivas capas de sus miserias humanas. Quizá por ello el libro.

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