FAS obtuvo ayer sus primeros tres puntos del Torneo de Apertura al imponerse
3-1 al Marte, en juego donde el mejor argumento del partido fue la apuesta que
hicieron los dos equipos a la juventud, protagonizando un ritmo más movido que
el acostumbrado en el circuito mayor. Marte fue el que más propuso con los jugadores
jóvenes, aunque evidenció que le hace falta conjunción para ordenar sus líneas.
Águila sumó sus primeros tres puntos del Torneo de Apertura 2000 de una forma
muy incomoda y en un partido accidentado que dejó como saldo cinco expulsados,
incluido el técnico Hugo Coria, y media docena de amonestados. Un solitario
gol a los 55 minutos del argentino Adrián Mahía permitió que la garganta de
Coria se relajara por un momento y con ello ganaran al Santa Clara.
El juego entre Luis Ángel Firpo y Atlético Balboa tuvo que ser suspendido ayer
por el árbitro Luis Quintanilla, debido a la poca visibilidad que había sobre
el terreno del estadio “Sergio Torres Rivera”. La nubosidad que generaba la
fuerte lluvia que se aproximaba a Usulután provocó que el cielo se oscureciera
antes de lo previsto, ante ello el central del encuentro tomó la determinación
al minuto 82 del juego, cuando el campeón derrotaba 2-0 al “benjamín” de la
liga.
Para el entrenador Hugo Norberto Coria, por su grandeza, Águila está obligado
siempre a pelear por el título. En el torneo de Apertura no será la excepción.
“Como equipo grande Águila tiene que luchar por el título, en ese sentido puedo
decir que las metas propuestas el año pasado casi se cumplieron en su totalidad”,
expresó Hugo Coria.
Aguila cuenta ya con los servicios del preparador físico Walter Gómez, de nacionalidad
argentina, quien llegó al país el pasado mes de febrero a trabajar con la selección
Sub-17 de COLIJES y recién se incorporó a la plantilla negro-naranja. “Llegué
a la Sub-17 a través del profesor Roger Barberena, estuve tres meses con ellos,
terminé lo que me correspondía y luego surgió la oportunidad de quedarme en
Aguila”, dijo Gómez.
Los Juegos Olímpicos de Estocolmo habían puesto de manifiesto que, con una
organización adecuada, el éxito deportivo estaba asegurado. Las marcas obtenidas
en 1912 auguraban un futuro repleto de éxitos para el Olimpismo y sólo la posibilidad
de que una guerra enfrentase a las potencias europeas rompía la armonía existente
en el Comité Olímpico Internacional.