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De luces y sombrasRedacción de ECO
El joven autor salvadoreño Federico Hernández Aguilar ha encontrado once maneras de iluminar su sombra en una nueva obra poética.
“Once maneras de iluminar mi sombra”, como once fragmentos de un largo poema, no tiene nada de lo contradictorio que presagia su título, aunque, a su autor, avisa, le tendría sin cuidado que así fuera. Más al contrario, es una compilación de metáforas y conjeturas, de poemas veraces, mordaces y actuales, aunque clasicistas en algunas formas a modo de liras y sonetos. También directos al “Conócete a ti mismo” del espíritu porque, según la personal fórmula de la felicidad de Federico Hernández Aguilar, que “no reside más allá de nosotros mismos”, “no podemos odiar aquello de lo que estamos hechos”. Quiere, por eso, la aceptación de los claroscuros inherentes a la condición humana que el poeta ha encuadernado para demostrar que “cuando uno sabe de lo que es capaz en lo malo, sabe de lo que es capaz en lo bueno” y que “todos los seres humanos tenemos dos caras y esa sombra sin la que no seríamos lo que somos”, “que Dios le paga un sueldo a Satán”. Ejemplos de oscuridades ilustres no faltaron. Y, así, nos contó que Newton era hiponcondriaco, Einstein, posesivo; Miguel Ángel, un homosexual atormentado “que no logró aceptar su condición” y, el exquisito Mozart, capaz de eructar mientras dirigía. Bach, un maniaco-depresivo “que nunca conoció el amor” y Rubén Darío, “un padre irresponsable cuya esposa murió mientras él estaba de farra con sus amigos”. La de nuestro protagonista es maleducada, sabia, parlanchina, pesarosa, desconfiada, saludable y temerosa de los hipócritas a partes desiguales. Y, ahora, iluminada y, por tanto, sombra asombrada. Hernández Aguilar reconoce que este proceso de luz y taquígrafos no fue fácil, pero sí tan honesto que hasta a él le asustó: “He muerto varias veces y he resucitado otras tantas escribiendo este libro y, cada vez, descubría un Federico diferente”. Estaba en manos del destino, de “esas cosas que pasan porque nosotros queremos que pasen”, que todos los Federicos que lo habitan nos iluminasen en sus versos, por más que él afirme que “nada de lo que digo, diciéndolo a gritos/ lo aprendí de la experiencia/” y sí de la pasión. El escritor Las últimas noticias sobre Federico Hernández Aguilar (San Salvador, 1974) confirman que es poeta, narrador, periodista responsable, taoísta heterodoxo, viajero, lector ávido, ganador de premios, estudiante y “honesto, para colmo”. Y que, “aunque le parece indigno escribir para gustar a los demás, le gusta escribir a los demás que le importa un bledo la contradicción”. Con su nuevo volumen sobre “Once maneras de iluminar mi sombra” alcanza el cabalístico siete en el 2000. Antes, escribió “Con el permiso de ustedes” (poesía, 1997), “El segundo verbo” (poesía, 1997), “Inconclusiones” (ensayo, 1998), “Mordiendo la manzana” (poesía, 1999), “Gotas” (¿poesía? 1999) y “Busca prosa” (Ideas, juicios y vislumbres, 1999). La ilustradora La persona que ha colaborado más estrechamente con Federico Hernández en la concepción de su primer hijo literario común y en la ardua tarea de iluminar su sombra se llama Susana Soto Poblette y nació en Guadalajara, Jalisco, en el año de 1970. Su currículum vitae dice que es pintora, diseñadora industrial, programadora analista con posgrado en multimedia y animación en 3D y nada menos que representante de la nueva pintura mexicana con más de sesenta exposiciones a sus espaldas. Para ella fueron los versos agradecidos de su partenaire creativo: “La luz que me ilumina/ está en tus ojos” y no cupo más que añadir. © 1999 LA PRENSA GRÁFICA e Infosector Corp. Todos los derechos son reservados. No se reproduzca en ninguna forma. All rights reserved. Do not reproduce in any form. |
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