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Ingenieros militares hondureños han anunciado su retirada

En la frontera del olvido

Las autoridades de San Agustín, en Usulután, temen que esta semana los víveres comiencen a escasear.

Martín Ruiz
Nacionales@laprensa.com.sv

DAÑOS MATERIALES. La familia Amaya sale de su casa que resultó dañada por el terremoto.

La población usuluteca de San Agustín se encuentra a dos horas de San Salvador en carro. Una distancia que parece multiplicar las ondas sísmicas del olvido gubernamental hacia una de las localidades que más sufrió el terremoto el pasado 13 de enero.

La calle principal del pueblo apenas mantiene media docena de casas intactas. El resto se encuentra desperdigada, en forma de adobe y ladrillos, por el camino.

El centro escolar de San Agustín es una de las pocas edificaciones que siguen en pie. Es sede de acopio del COEM.

Comida: poca y mala

CONASOL sólo ha realizado dos envíos alimenticios. El último, con fecha del pasado 23 de enero, contenía 500 libras de azúcar y otras tantas de arroz, 27 cajas de aceite, 60 litros de leche, mil libras de harina de maíz, 200 de lentejas, 2 cajas de lámparas, 20 cajas de galletas, 200 latas de conservas y 11 paquetes de café. El anterior, unos días antes, contenía, más o menos, el doble de cantidad.

Medio centenar de latas de conserva permanecen apartadas tras la inspección de Salud. Están golpeadas o sin fecha de caducidad.

Queda algo de ropa, pero la comida ya se encuentra repartida y casi digerida.

“Con lo que tenemos, podemos llegar hasta el martes”, señala uno de los operarios del COEM.

La ayuda de emergencia

El alimento tiene que ser estirado, al igual que los 742 mil 500 colones (la mitad de la ayuda gubernamental prometida para las 990 casas que el gobierno ha incluido en los planes de reconstrucción) que serán repartidos, a razón de 200 por hogar.

Los hogares destruidos, reportados hasta el momento por la alcaldía, son mil 164. Y pueden superar los 1,200 cuando finalicen las verificaciones, lo cual sobrepasa el 90 por ciento de las casas de los tres barrios y trece cantones.

“Quedan 46 viviendas en pie, el resto están caídas y otras que se ven paradas están reventadas y podrían caerse solas o con un nuevo temblor”, explica José Ignacio Carranza, alcalde de la localidad.

El edil denuncia “la invasión que ha sufrido el municipio por parte de mil personas, que no son del municipio ni afectados y se dedican a acumular víveres como si fuera esto un mercado”.

Por suerte, la solidaridad encuentra miles de caminos para llegar a su destino.

Se abren caminos

Tras días recogiendo ayuda, una noche cocinando los víveres y dos horas de camino, una familia del Caserío Las Cuestas, en Las Lomitas de San Miguel, ha llegado a la entrada de San Agustín donde reparte la comida preparada que ha traído en su pick up Toyota, año 94.

Son las 10 de la mañana. Una fila de medio centenar de personas, en su mayoría mujeres y niños, espera paciente para desayunar.

La comida, una veintena de libras de arroz, otros tantos frijolitos, 300 naranjas, 200 guineos y 150 jugos, tiene que ser estirada para llegar a otros cantones.

“Lo hacemos voluntariamente porque sabemos lo que es el sufrimiento de los campesinos. Nosotros cuando teníamos hambre comíamos hasta semilla”, explica José Luis Corea, de 64 años, jubilado del Ministerio de Educación y cabeza de la familia.

De momento, además de la excavadora que contrató el Ayuntamiento, opera la Unidad Hondureña de Rescate de Fuerzas Armadas Centroamericanas, que ha desplazado también a 119 militares entre los que se encuentran expertos en ingeniería civil. Una cantidad similar a la que suma el personal de Cruz Roja, Cruz Verde, bomberos y enfermeras hondureños llegados a la San Agustín a través del COPECO.

Sin embargo, el mayor Mario Castillo comunica que tienen órdenes de retirarse el martes, por lo que, si no hay nueva orden, hoy es su último día de labor en la zona. La maquinaria desplazada por los hondureños incluye un tractor, dos excavadoras cargadoras, cuatro volquetes, un camión cisterna y once vehículos de carga.

Limpiar los escombros de lo que quedaba de la iglesia les llevó desde el domingo 21 hasta el martes 23. El siguiente edificio fue el Instituto Nacional. Después se han atendido algunos cantones.

“Es necesario que sigan. Muchas familias no han botado los escombros de sus casas, sólo han rescatado madera y las pertenencias personales”, explica el diácono católico Vicente Guevara Batres.

Hasta el pasado 12 de enero San Agustín era un apacible pueblo.

Fue una de las poblaciones más castigadas por la guerra civil, azotada por el Mitch y, hace dos semanas, arrojada de nuevo al suelo. Dentro de poco corre el peligro de encajar un nuevo golpe: el olvido.


Salud y educación

UNICEF ayudará a Tecoluca y San Agustín

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dirigirá su ayuda para impedir epidemias, garantizar condiciones sanitarias y procurar la rehabilitación sicológica de los niños en los municipios más golpeados por el terremoto.

El representante de UNICEF en El Salvador, Juan Fernando Aguirre, evaluó ayer la grave situación en la que se encuentran los municipios de San Agustín y Tecoluca.

Inicialmente destinarán cinco millones de dólares en atención sanitaria. Hoy vendrá al país más ayuda para apoyar la formación y rehabilitación emocional de los niños y las niñas y se iniciará un programa llamado “Espacios amigos de los niños” dirigido a las comunidades educativas.

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