Guerra. Masacres. Drogas. Narcotraficantes. Pablo Escobar. Paramilitares. Diálogos
fallidos. Guerrillas. Secuestros. Muerte. Para el mundo, cada una de esas palabras
define a Colombia. Ese país de Sudamérica, con 44 millones de habitantes, vive
su tragedia, y en El Salvador entendemos muy bien por lo que los colombianos
están pasando.
Colombia está en guerra. Nadie, ni en las más coquetas calles de Bogotá, lo
niega, a pesar de un proceso de paz mojado sin piedad por un escepticismo muchas
veces silencioso, como la pertinaz llovizna bogotana. En la capital, enclavada
sobre la sierra andina, la guerra no se siente de cerca, pero es aquí donde
se tejen las respuestas políticas al conflicto. Decisiones que para un buen
número de colombianos no han sido atinadas. “Es una guerra entre delincuentes”.
Eran 500. Los paramilitares entraron el miércoles 11 de abril a ocho poblados
de un región montañosa del departamento de Cauca, al sur de Bogotá. Iban armados
con ametralladoras, pistolas, dagas y motosierras. Mataron a unos 50 campesinos.
El pecado de los muertos: presunta colaboración con las FARC. “Varias víctimas
fueron asesinadas con arma blanca y otras fueron degolladas, también fueron
utilizadas motosierras.
Andrés Pastrana montó buena parte de su campaña presidencial en torno a una
promesa: la de la paz. Ya César Gaviria y Ernesto Samper, sus antecesores en
el Palacio de Nariño —casa presidencial— habían intentado poner el tema en sus
agendas. Pero las FARC, aunque coquetearon con la idea, mantuvieron constantes
arremetidas militares.
Un ataque de mortero contra un asentamiento judío en la Franja de Gaza dejó
ayer a cinco israelíes heridos, uno de gravedad, informó el ejército. Un proyectil
de mortero cayó cerca de un centro recreativo. Uno de los heridos era un joven,
reportaron portavoces castrenses. Los palestinos dispararon el viernes anterior
otros dos proyectiles contra el asentamiento de Kfar Darom, en la Franja de
Gaza, pero no fueron reportados heridos ni daños materiales.
Los obispos católicos bolivianos que realizan su conferencia anual en Cochabamba
se reunieron en las últimas horas con delegados del Gobierno, la oposición,
los sindicatos, empresarios y cocaleros, en un esfuerzo de mediación para intentar
desactivar una ola de protestas sociales que a partir del lunes amenaza con
paralizar el país. La Conferencia Episcopal “ha tomado conciencia de la gravedad
del momento y por eso ha decidido escuchar a todos los sectores”, dijo el vicepresidente
de la entidad, monseñor Jesús Suárez.
Casi un centenar de inmigrantes ilegales centroamericanos fueron encontrados
por la Policía mexicana, en un camión refrigerante, al borde de morir congelados,
donde eran transportados hacia la frontera con Estados Unidos, dijo ayer la
Secretaría de Seguridad Pública.