Fin de la odisea
Regresan menores rescatados en México
Luego de dos semanas de haber abandonado el país para reunirse con sus padres en Estados Unidos, los cinco menores rescatados en México retornaron a suelo salvadoreño.
Camila Calles/Metzi Rosales/Ena Rivas
En México: Carlos Dada
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A LA ESPERA. Marco Alberto Murillo, Josué Alexánder Reyes, Irvin Emanuel Reyes, Gerson David Reyes y Sandy Chávez (de izquierda a derecha) permanecen en el salón VIP del Aeropuerto Internacional El Salvador, momentos antes de reunirse con sus familiares, luego de ser repatriados desde México.
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Lágrimas, llanto y abrazos fueron los ingredientes principales del reencuentro entre los cinco niños que fueron rescatados en México y sus familiares.
Sandy Livette Chávez, Gerson David Reyes, Marco Alberto Murillo, Josué Alexander Reyes e Irvin Reyes llegaron por fin a casa, luego de pasar una odisea llena de hambre y miedo.
“Cálmese, ahora ya está con nosotros, gracias a Dios que está bien”, le decía Rosalinda Reyes a Sandy Lilibeth Chávez, quien rompió en llanto al ver a su tía, con quien vive desde hace un año.
El vuelo en el que llegaron aterrizó con 40 minutos de adelanto. La ropa y algunos juguetes que les obsequiaron en el camino llegaron en bolsas plásticas.
Autoridades migratorias de El Salvador entregaron a sus familiares a los cinco niños rescatados en México la semana pasada. Con esto el proceso de repatriación finaliza y todo queda en manos de los familiares.
“Nunca pensé que correrían algún peligro, hoy quiero que pasen conmigo”, dijo la tía de Irvin, Josué y Gerson.
500 colones por transporte
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“Confiamos en que las autoridades mexicanas harán lo suyo con las investigaciones. Ahora queda en sus manos.”
José García Prieto, cónsul de El Salvador en México
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Para transportar a los menores desde el Aeropuerto Internacional El Salvador hasta sus hogares en San Miguel, las familias tuvieron que alquilar vehículos por los que pagaron entre 500 y 600 colones.
Sandy Livette Chávez reside en el cantón San Andrés; Marco Murillo en el cantón San Jorge y los otros tres niños en la ciudad de San Miguel.
Luego del reencuentro, las familias viajaron en pick up de regreso a casa.
El pago por el sueño americano
Las lágrimas seguían corriendo en la medida en que los menores encontraban caras conocidas.
Cada uno corría a los brazos de quienes, desde ahora, cuidarán de ellos.
Ahora no quieren saber nada de viajar. “No quiero viajar, tengo miedo”, dijo con la voz cortada Irvin Reyes.
EQUIPAJE. Un par de maletas con ropa y juguetes era el único equipaje de los menores.
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“Quería conocer a mi mamá”, expresó Marco Cuéllar, cuyos padres se fueron a Estados Unidos poco después de que él nació.
“Él (Marco) estaba muy emocionado por conocerlos”, expresó Valentina de Jesús Romero Murillo, abuela del menor.
Lección aprendida
Luego de la odisea que los cinco menores salvadoreños pasaron en tierras extranjeras, los parientes de éstos que residen en El Salvador se niegan a querer intentar de nuevo la travesía. “Hoy quiero que termine de estudiar aquí, aunque su padre quería que se fuera”, afirmó Valentina Romero.
La familia de Sandy canceló en el país la cantidad de mil dólares por el viaje. Al ser entregada a sus padres se cancelaría otra cantidad. “Yo no sabía qué iba a pasar, uno confía en la gente. Ahora voy a buscar la forma legal”, expresó Rosalinda Reyes.
La abuela de Marco Murillo relató que ni siquiera conoció a la persona que se llevó al niño. “Yo sólo lo entregué enfrente de Metrocentro (San Miguel). No vi a quién porque no se bajó del carro”, dijo.
Fiesta de bienvenida
Con los brazos abiertos, lágrimas, cámaras y micrófonos fueron recibidos los cinco menores que regresaron al país, luego de una angustiosa travesía.
Los familiares de los niños empezaron a llegar al Aeropuerto Internacional El Salvador desde las 3:00 de la tarde para el aterrizaje del vuelo de las 4:15 proveniente de México D.F. La sorpresa fue que el vuelo arribó 40 minutos antes de lo previsto.
Cuando llegó el momento del encuentro, dispuesto por las autoridades de Cancillería para que se efectuara en el salón de eventos especiales de las oficinas administrativas, cada uno de los niños se lanzó a los brazos de sus familiares para poder, al fin, llorar de alegría.
Al terminar con el papeleo burocrático, los menores tímidamente recogieron sus maletas y bolsas plásticas llenas de ropa y juguetes, para subirse a los vehículos alquilados y, en caravana, encaminarse rumbo a casa, en donde al fin saborearon una cena casera muy salvadoreña y pasaron una noche entre sábanas conocidas.
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