Las historias de Tapachula, tierra de los inmigrantes
María Eugenia Brizuela llega este día a Tapachula, ciudad mexicana por la que pasan muchos de los inmigrantes centroamericanos que viajan ilegales hacia Estados Unidos.
José Zometa/Enviado Especial
judicial@laprensa.com.sv
ESPERAN SALIDA. Indocumentados permanecen a la espera de la salida del tren de carga en la estación de Tapachula. Ahí viajan los centroamericanos en ruta hacia Estados Unidos.
|
Edwin González es hondureño y uno de los tantos centroamericanos que conviven en la estación del tren en Tapachula con decenas de sus compatriotas, de salvadoreños, guatemaltecos, nicaragüenses y uno que otro suramericano.
Todos aquí sin un centavo. Esperan que mañana, el día siguiente, o tal vez dentro de una semana, surja una oportunidad para viajar hacia el Norte.
Todos salieron de sus países con la misma idea: alcanzar el sueño americano.
Algunos de ellos morirán en el intento, otros lo lograrán.
El destino los juntó en este lugar para compartir el hambre, las noches de insomnio y frío, y hasta el pedazo de pan que consiguen a fuerza de súplicas y ruegos.
“Aquí si comen unos, comen todos, aquí todos nos alivianamos (compartimos)”, dice Carlos Argueta, un hondureño de 22 años.
A esta ciudad llega este día la canciller salvadoreña para, según el programa oficial, conocer de cerca las necesidades de los inmigrantes salvadoreños.
Comparten aflicciones
Lejos de las recepciones oficiales que haya en el consulado salvadoreño seguirán los indocumentados, ésos que hacen todo lo posible para esconderse de las autoridades mexicanas que andan tras ellos.
La semana pasada, por ejemplo, la Policía municipal de Tapachula realizó una redada masiva en la estación de tren.
Desde diferentes flancos, los policías coparon a los afligidos inmigrantes, que en vano saltaban de vagón en vagón, en su intento por escapar.
Diez minutos y unos 12 agentes armados con fusiles y vestidos de azul fueron suficientes para acorralar y aprehender a unos 25 indocumentados centroamericanos.
Un cementerio llamado hogar
A la par de la vía férrea se encuentra el cementerio de la localidad, que los indocumentados han convertido en el hogar que todos comparten.
El camposanto es un lugar bondadoso para los extranjeros, pues no sólo les sirve de refugio temporal, sino que también les provee de abundantes mangos para mitigar el hambre.
Unos 200 indocumentados pernoctan diariamente en las cercanías de la estación ferroviaria. Esperan el momento en que salga el tren para abordarlo y adelantar el camino hacia Estados Unidos.
Vivir para contarlo
Las vías de este tren han sido testigos de innumerables historias de personas que han muerto bajo las ruedas del ferrocarril o que han perdido sus piernas y han quedado inválidas para toda la vida.
El caso de Carlos Argueta es totalmente diferente e increíble. Él joven hondureño se cayó del tren, pero no le pasó nada.
Relató a LA PRENSA GRÁFICA —varios de sus compañeros lo confirmaron— que un día de tantos, junto a sus compañeros, abordó el tren de carga en Tapachula.
Como tenía varios días de desvelo, se durmió arriba del vagón en que viajaba.
Una de las pesadas ruedas del ferrocarril le alcanzó a topar en el pie izquierdo, recuerda Argueta.
Pero el golpe de la rueda le hizo girar el cuerpo y lo lanzó con fuerza hacia afuera de la vía férrea.
Carlos es uno de los sobrevivientes de Tapachula, otro inmigrante centroamericano.
Lea también: Los viajes frustrados de Willian Díaz
|