Los viajes frustrados de Willian Díaz
Este salvadoreño en su travesía recibió una descarga eléctrica que lo dejó enfermo y sin dinero. Él, sin embargo, no desiste de seguir hacia Estados Unidos.
José Zometa/Enviado Especial
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SOBREVIVIENTE. Willian Humberto Díaz, de 15 años, llora al contar cómo su madre le dio parte de sus ahorros para que él viajara hacia el Norte. El joven se recupera en Tapachula tras recibir una descarga eléctrica cuando viajaba en el tren de los inmigrantes.
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Willian Humberto Díaz es un salvadoreño que, a sus 15 años, ha afrontado varios riesgos por alcanzar un mejor futuro para su familia.
Recién celebrada la Navidad del año pasado, en su cabeza surgió el mismo sueño de miles de salvadoreños: llegar a Estados Unidos.
A principios de enero, con mil colones en los bolsillos, tomó dos mudadas, las embolsó, e inició su aventura.
Sus compañeros de viaje eran siete amigos del pasaje Miraflores, de la colonia Santa María, en la calle a Mariona, donde viven su madre y sus hermanos.
Delgado y moreno, Willian logró llegar sin dificultad hasta Tapachula.
En dos ocasiones se aventuró en un tren de carga. Llegó hasta el Distrito Federal (capital de México), de donde fue devuelto por las autoridades policiales.
A esa altura del viaje, los pocos pesos que llevaba ya se le habían esfumado.
El joven decidió volver a intentarlo. El 2 de febrero pasado volvió a la estación del tren junto a sus amigos.
Conocedor de tenebrosas anécdotas de centroamericanos que perdieron sus piernas o la vida bajo las pesadas ruedas del tren y otras trágicas historias, Willian se colgó una vez más del vagón de la muerte.
Un cable eléctrico le rozó la cabeza, y Willian recibió una fuerte descarga. El compatriota no murió; ahora se recupera en el albergue para migrantes “Belén” en Tapachula.
Ahí recibió la visita del cónsul salvadoreño en Tapachula, Asdrúbal Aguilar Zepeda.
El joven recordó aquella noche.
No sabe en qué pueblo sucedió ni tampoco le interesa. Lo que sí recuerda es que ya casi anocheciendo, él iba parado en uno de los vagones, sonriente porque iba camino al norte.
El tren carguero iba a toda máquina. “De repente sentí un quemón bien caliente en la cabeza”, relató el compatriota.
Un cable de alta tensión descargó toda su energía en la sien derecha del muchacho y lo lanzó del tren.
Sus compañeros de viaje se asomaron a las ruedas de la máquina. Temían lo peor.
El cuerpo del joven quedó atrapado en las gradas del ferrocarril. Su mente quedó en blanco, hasta que despertó en la sala de un hospital de Tapachula.
El viaje continúa
LESIONES. Willian Humberto Díaz se recupera, en el albergue Belén, de las lesiones que le provocó en los pies una fuerte descarga eléctrica.
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Willian ya no tiene dinero, pero continúa aferrado a su sueño. Sólo espera recuperarse para continuar la aventura; no quiere regresar a casa con las manos vacías.
“Yo sigo, primero Dios, hasta que llegue. Yo lo que quiero es llegar para ayudarle a mi mamá”, expresó con definición el joven.
Y es que Willian es un muchacho de espíritu fuerte, según Sandra Romero, una hondureña que colabora en el albergue como enfermera.
Romero comentó que inclusive, al salir del hospital, Willian hizo el intento por abordar de nuevo el tren.
“Lo fuimos a traer y le dijimos que mejor se curara primero y que después, si quería, que se fuera”, añadió.
Willian sabe que se encuentra en un país extraño y sin dinero, pero, a sus 15 años, no ha perdido la esperanza, mucho menos el rumbo: el norte.
Los recuerdos
Unas lágrimas por su madre
ALBERGUE. Fachada del albergue Belén, ubicado en Tapachula. El lugar sirve de casa a los inmigrantes centroamericanos que viajan ilegales hacia Estados Unidos.
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Durante el relato a LA PRENSA GRÁFICA sobre su desventura, Willian se mostró sereno y tranquilo.
Sus ojos se nublaron al responder la pregunta de cómo había obtenido el dinero para el viaje.
En ese instante se acordó de su madre, Victoria de Los Ángeles Díaz. Sus lágrimas comenzaron a brotar y a deslizarse incontenibles sobre sus mejillas.
Sus palabras quedaron atrapadas en su garganta y, por unos minutos, no pudo hablar.
Con dificultades Willian aseguró: “Mi mamá me dio las monedas que había reunido para que yo me viniera”.
Indicó que su madre vende frutas y, de sus pequeñas ganancias, le logró reunir 700 colones. Con eso, y otros 300 que él tenía, emprendió la aventura.
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