Editorial
El Niño afectará la zona oriental
A los eventos naturales hay que sumar la ola delincuencial y la zozobra que se vive en la zona oriental por diferentes circunstancias, entre ellas el desempleo y la falta de vivienda.
ara este año ya se pronosticó la llegada a Centroamérica del fenómeno natural El Niño, que consiste en una prolongada sequía en plena época invernal.
Para no variar la constante de siempre, el fenómeno afectará a todo el país, pero especialmente la zona oriental, donde la principal actividad productiva sigue siendo la agricultura.
En los últimos años, no ha habido tan solo uno sin que los salvadoreños hayamos sufrido las consecuencias negativas de los fenómenos naturales, léase sequías, inundaciones, tormentas tropicales, terremotos, etc.
Quienes sufren las consecuencias negativas en toda su intensidad son los más pobres (campesinos y agricultores) y aquellos que habitan en áreas de alto riesgo.
Aunque en todo el país hay franjas poblacionales de pobreza y áreas de riesgo, es en el oriente del país donde se sufren más las consecuencias de los fenómenos naturales.
Desde ya (desde siempre) se sabe que con la llegada de El Niño los más perjudicados serán los grandes, medianos y pequeños agricultores. En otras palabras, los cultivos se secarán y no habrá cosechas que les permitan abastecerse de granos básicos. Las pérdidas económicas serán cuantiosas y se extenderán a todos los salvadoreños.
A ello se agrega que el caudal de agua hacia las presas hidroeléctricas disminuirá considerablemente y todos, sin excepción, tendremos que sufrir un incremento en el precio de la tarifa del servicio de energía eléctrica.
La ministra de Medio Ambiente, Ana María Majano, ha manifestado que el Gobierno posee un plan alternativo para aminorar los daños en la agricultura y el medio ambiente. No se duda del plan, pero sí se critica que siempre pasa lo mismo, pues se actúa de emergencia. Nunca en El Salvador estamos preparados para enfrentar eventos naturales de grandes magnitudes. Gobiernos vienen y gobiernos van y nuestra realidad tercermundista siempre es igual.
Si se sabe que las sequías afectan la agricultura, ¿por qué no se desarrolla un plan integral de cultivo bajo riego? A lo mejor porque es costoso o porque hacen falta recursos hídricos.
Para eso también hay solución. Una campaña nacional e intensa de reforestación y protección de los mantos acuíferos es la respuesta inmediata.
Es indudable que fenómenos como El Niño siempre van a causar serios daños en la agricultura y por ende en la maltrecha economía nacional. Sin embargo, al estar preparados, al menos aminoramos los daños.
El problema es que contamos con planes alternativos (generalmente acudir a la ayuda externa) para enfrentar las consecuencias y no para prevenir o anticiparnos a reducir perjuicios.
Quizá para la próxima venida de El Niño nada se pueda hacer en materia de prevención y un programa alternativo de agricultura nacional, pero sí se puede planificar hacia futuro, pues los fenómenos naturales seguirán hasta siempre.
Nuestros amigos de la zona oriental se aferran a la fe en Dios para que los daños no sean como se predicen. Además, y apelando al ego, oriente es tierra de valientes y siempre salen adelante.
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