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ENFOQUES

“Era sencillo”

D'Aubuisson fue un hombre ameno, tolerante y con gustos un poco exóticos. Así lo recuerdan sus hijos.

Los hermanos d'Aubuisson Munguía, Roberto, Carolina, Silvia y Eduardo.

Casi todas las personas de apellido D'Aubuisson son derechistas y fervientes admiradores de su vida política. Entre sus hermanos, sólo Marisa (María Luisa) no comulga con la ideología de la derecha. Todo lo contrario.

En algunas ocasiones discutieron sobre sus diferencias, sin llegar a la ruptura de relaciones. En los últimos años, sin embargo, la relación mejoró.

Pero entre sus hijos, sin embargo, “el Mayor” no tuvo excepciones. Todos son de derecha y fervientes admiradores suyos.

Roberto, Carolina, Silvia y Eduardo nacieron en el seno del matrimonio con Yolanda Munguía.

Ellos se separaron en 1983. Dos años más tarde D'Aubuisson se casó de nuevo con su novia de la infancia, Martaluz Angulo, hermana del ex presidente de la Asamblea Roberto Angulo.

“Enfoques” habló con los hijos de Roberto d'Aubuisson sobre la vida en casa y la relación que tuvieron con él.

¿Todos han tenido vida activa en ARENA?

Carolina: Ayudamos.

Roberto: Desde que mi papá se metió en política, tuvimos que compensar el tiempo que dejaba de dedicarnos, acompañándolo. Silvita era el chicle de él y Carolina anduvo también siempre metida. Eduardo fue candidato a concejal con Luis Cardenal. Yo he estado en pinta y pega en la juventud y ahora estoy de diputado.

¿Intentó alguna vez inducirlos a la carrera militar?

Eduardo: No.

Roberto: Yo me quise meter a la Escuela Militar y no me dejó. Me dijo que ya había hablado con los amigos y que no me iban a dejar entrar. Duarte era presidente de la República y en ese entonces mandaban a los cadetes a combatir; él creía que podía hacer cosas arbitrarias (con nosotros) para presionarlo.

Eduardo: Siempre evitó que no fuéramos un ente de presión para él.

Roberto: A los 16 años me mandó a un curso de tiro y me dio una pistola: “Vos andás con amigos, ya estás grandecito, y no te voy a andar parando. Vos sabés en lo que estoy, vos sos objetivo militar y si te agarra la guerrilla, Dios te bendiga”, me dijo.

 

El mayor Roberto d'Aubuisson departe con algunos amigos, entre ellos Hugo Barrera (al centro) y Armando Calderón Sol (derecha).

Carolina: A todos nos dijo eso.

Roberto: Me dijo: “Yo voy a hacer lo posible por rescatarte y por encontrar a los que te han hecho daño, pero no voy a negociar nada que signifique sacrificar a mi país por vos, porque primero El Salvador”.

¿Sufrieron atentados?

Carolina: Es que ésa era la amenaza para que no anduviéramos de vagos.

Roberto: Me siguieron varias veces.

¿Qué leía “el Mayor”?

Eduardo: De todo, lo que le cayera en las manos.

Roberto: Era una esponjita para recabar información.

Silvia: Tenía una mente fotográfica.

Roberto: No olvidaba un nombre, una cara o lo que alguien había dicho.

Eduardo: Cuando estaban hablando de un tema y él daba vía, se preocupaba en leer y regresar a darle cátedra al que lo dejó en la luna.

¿Tenía algún gusto especial de lectura?

Carolina: Él era católico, sencillo, sacaba cosas de la Biblia.

Eduardo: El último libro que leyó fue El Caballo de Troya.

Roberto: Yo recuerdo que estaba leyendo la historia de McArthur en inglés, con diccionario en mano, porque no era bueno para el inglés; entendía, pero no hablaba. Mi papá leyó cosas sobre comunismo, literatura del combate al comunismo, pero también leía otras cosas; agarraba desde una novela hasta un libro de alta política.

Eduardo: Era fanático de los paquines.

Carolina: Paquines y caricaturas.

Roberto: Cuando vivía en los Planes de Renderos tenía un mono, “Lucas”; se ponía a leer con él. “Lucas” como que le agarraba la onda a mi papá, hasta le echaba el brazo.

¿De dónde salió “Lucas”?

Eduardo: Se lo regalaron, creo, es que él tenía de todos los animales.

Silvia: Él tenía perros, gallinas, y lo último que llevó fueron pichiches; andaba de todo tipo de animales.

¿Cómo hablaba en la casa?

Silvia: Así como hablaba en público.

Eduardo: Era un poco más divertido en grupo.

Silvia: Le gustaba andar con los jóvenes, él era bichero.

Roberto: Le gustaba jugar cartas, pero no apostar; él sabía que iba a ganar, aprendió una vez que lo dejaron castigado en Panamá.

¿Es cierto que no le gustaba la corbata?

Carolina: La odiaba, para todo era sencillo.

Roberto: Una vez en un coctel en Casa Presidencial, Cristiani lo andaba buscando y lo encontró en la cocina platicando con las nanas, comiendo arroz con huevo.

Silvia: Comía de todo, le gustaban los curiles, tamales rellenos, consomé de garrobo, lengua, sesos, gallo en chicha, huevos de iguana, sopa de pata, cusuco, conejo.

Carolina: Siempre raspaba el arroz de la cacerola, el que quedaba pegado.

¿Qué deportes le gustaban?

Eduardo: Le gustaba el fútbol, pero era algo maleta, jugaba más basquetbol, pero era chuco para jugar; era bueno en voleibol, ping pong. No se perdía una Serie Mundial, ah, y le gustaba la lucha libre; él llenó el álbum de Titanes en el Ring. Hay una cosa: él tenía mala suerte para los equipos; siempre iba con el equipo que perdía.

Roberto: Él estuvo en la junta directiva del Marte, pero era del Firpo.

Carolina: Otra cosa de él es que era aficionado de las películas de Pedro Infante, y miraba la Pantera Rosa.

¿Era un padre severo?

Silvia: No, yo creo que nadie puede decir que mi papá nos pegó.

Eduardo: A mí, una vez.

Silvia: Porque te lo merecías; él usaba la lógica.

Eduardo: Te dominaba con la mente.

Carolina: Nos bajaba la moral rápido; nos preguntaba qué pasó.

Silvia: Nos ponía a escribir por qué habíamos hecho las cosas que habíamos hecho: “¿Qué castigo crees que te merecés?”.

Roberto: Sólo te decía “el vivo a señas y el tonto a palos”. Punto.

Silvia: Era tolerante.

¿Qué impresión tuvieron de sus primeras apariciones en televisión?

Roberto: Nosotros sabíamos en lo que andaba.

Carolina: Siempre supimos todo, desde chiquitos.

Roberto: Lo vimos sufrir, lo vimos llorar; lo vimos cuando se molestó mucho, se encabronó por lo de monseñor Romero.

Estábamos en San Miguel cuando le hablaron para que pusiera la televisión; vio lo que estaba pasando y dijo: “Cómo es posible que haya pasado”, y dijo: “Hoy ya lo hicieron mártir”.

Silvia: Con lo de los jesuitas fue así; sonó el teléfono oficial, el rojo, y estábamos dormidos.

Eduardo: Contestó Martaluz y ella le llevó el mensaje de que habían matado a Ellacuría; se puso histérico. Ella cometió el error de decir que por qué se enojaba, que ese señor andaba metido y le contestó: “Usted no sabe que aquí perdimos la guerra; hoy todo mundo se va a meter”. Agarró el teléfono y le habló a Cristiani, y Cristiani le dijo: “No sé qué pasa”, y habló a un militar, no sé a quién del Estado Mayor, cuando le contestó no le preguntó nada, sólo lo empezó a putear, le dijo: “Ustedes la cagaron, vendieron a El Salvador”, y después le colgó. “Nos volvió a pasar lo de Honduras, nos va a volver a pasar lo de Honduras”, ésas fueron las palabras que utilizó.

Roberto: Mirá, yo estoy seguro de que la historia lo va a juzgar como lo que fue: el hombre que salvó a El Salvador del comunismo. El hombre que buscó resolver las cosas por la vía democrática y no la vía violenta, el hombre que luchó por la hermandad, y el hombre que salvó a El Salvador, salvó al mundo entero.


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