Cracks con cara de chicos, chicos con pinta de cracks...
Heredaron la creatividad, la fortaleza, el espíritu de competencia. Como parte importante de la historia de las selecciones juveniles, los chicos cargan un presente en el fútbol mayor, forjado por experiencias de un ayer que les significó el triunfo.
Varinia Escalante
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ELISEO QUINTANILLA, de Águila.
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Algún día les tenía que llegar. ¡Y se les dio! La firmeza de sus pies se conjuntó con la de su inteligencia. Con ganas de triunfar, alcanzaron el mundo del que tenían ganas, su pasión, lo que tanto los llena: el fútbol profesional.
No nacidos en las canteras de los equipos grandes, pero sí escogidos entre cientos de chicos que, al igual que ellos, “irían a probar suerte” a las convocatorias de las selecciones juveniles. Con su paso por ellas, se ganaron un puesto en la liga de privilegio.
Provenientes de equipos de sus barrios, pueblos o colonias, lucieron aptitudes futboleras aprobadas. Y la suerte les sonrió. Su trabajo y desenvolvimiento en las canchas que los vieron crecer como juveniles sub 15 y sub 17 les regalaron las oportunidades de ser reservistas de los clubes.
“La experiencia de la I y II Copa Banco Cuscatlán, junto al pre mundial, sirvió para que los dirigentes se fijaran en nosotros”, comenta Marvin González, defensa de FAS.
Indica que el llamado del equipo santaneco “fue lo mejor, porque desde pequeño deseaba jugar ahí ”. Sonríe delicadamente y afirma que estar en las reservas “fue muy importante”.
El ser seleccionados
Sus rostros son los de chicos que pueden ir por las calles divirtiéndose, sus cuerpos delgados, con edades entre los 17 y los 20 años. Sus estaturas medias y su timidez en los ojos no dicen nada de ser jugadores.
Vivencias agradables rodean sus breves profesiones. Sueños y metas son parte de sus cortas vidas. Los cambios... otras piezas del rompecabezas.
Y resuenan otros muchachos. Eliseo Quintanilla, Helman Monterrosa, Alexander Escobar, Roberto Ochoa, Rolando Solís integraron la sub 17 que les brindó el sueño de una Copa del Mundo.
Denis Alas es otra promesa que se destacó desde su incursión en la siguiente generación de la sub 15.
“Lo mejor que me ha pasado es ser campeón centroamericano, en Guatemala, y estar a un paso del Mundial”, sostiene Alas, delantero de San Salvador F.C.
El lado oscuro de las malas experiencias fue real. “El juego ante México, en la final del pre mundial, fue importante por el apoyo de la afición”, manifiesta Helman Monterrosa, volante de FAS, pero actualmente lesionado.
“Pero lo más frustrante fue el repechaje, porque Estados Unidos nos pasó encima, nos goleó y perdimos el boleto al Mundial”, agrega.
El paso más importante
El brillo de sus historiales los guió al paso de más significación, el importante. Hoy son chicos destacados en cuadros como FAS, Alianza, Águila, San Salvador F.C., Metapán y Balboa. Están fichados por su destacada labor en la Liga Mayor.
“Las selecciones juveniles me enseñaron a rendir en mi trabajo y me motivaron a dar lo mejor”, relata Eliseo Quintanilla, delantero de Águila y antes de los “tigrillos”.
Nerviosismo y emoción se mezclaron en su debut en la Mayor. Pero creyeron y confiaron.
“En ese momento estaba bien contento y sí con nervios, por la afición y por la presión del juego”, cuenta Helman.
No es el único. “El paso a la Mayor fue de repente, no me lo esperaba”, opina Denis.
Los chicos le meten gran responsabilidad al fútbol. Blanco y Quintanilla ya atravesaron el cambio de un equipo grande a otro grande. Otros no se desesperan.
Ya forman parte de un club —jugadores, dirigentes, afición—, de su historia, del fútbol salvadoreño. Muestran con cada paso que tienen madera, que se forjaron en el ayer de un fin que aún no tiene punto.
Con caras de chicos, tienen las pintas de los grandes. Simple y sencillamente, son humildes y no han reconocido que se están convirtiendo en cracks.
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