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Algún día les tenía que llegar. ¡Y se les dio! La firmeza de sus pies se conjuntó con la de su inteligencia. Con ganas de triunfar, alcanzaron el mundo del que tenían ganas, su pasión, lo que tanto los llena: el fútbol profesional.
Los jugadores experimentados viven entre dos etapas: ser como el vino —entre más viejo, mejor— o como una fruta, pasada de madura. Las piernas no les tiemblan al jugar en estadio lleno. Ya no. Eso sí, las arrugas les sobran y la cabellera —en algunos casos— ha empezado a dejar a caer sus hebras.
El regreso de jugadores experimentados, y con la edad a cuestas, a la Liga Mayor tiene su explicación. Así lo detalló Ricardo Padilla, presidente de CLIMA, quien asegura que se debe de dar paso a la juventud para desarrollar el decaído fútbol nacional. “Esa es la única solución”, afirmó.
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Se ha enterrado sapos en una cancha, prohibido comer carne de pollo antes de un partido y satanizado el sagrado himno de un club. El fútbol no se ha salvado. Brujería, santería, creencias. Cualquier cosa con tal de embolsarse un partido, matar una mala racha y asustar a un delantero que se enfila
con hambre de gol. En el fútbol también hay mitos.
Antes de Soraya y después de Soraya. Ése es el mejor parámetro que vale para medir el progreso del levantamiento de pesas en México. Antes de Soraya Jiménez Mendivil (México, 1977), ninguna mujer azteca había ganado medalla de oro en Juegos Olímpicos en halterofilia.
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