La madre de todas las bancarrotas
–y II–
Ernesto Rivas Gallont
Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
netorivas@laprensa.com.sv
El problema se complica mucho más al tomar en cuenta que Enron, su presidente Kenneth Lay y muchos de sus principales funcionarios han sido grandes contribuyentes a las campañas políticas de personajes en la administración y el Congreso norteamericanos de ambos partidos políticos, el Republicano y el Demócrata. El presidente George W. Bush, amigo personal de Lay, ha recibido de él cerca de 650 mil
dólares para sus campañas políticas. Setenta y siete de los cien Senadores y la mitad de los 435 Representantes también se beneficiaron de contribuciones de Enron para sus campañas. El Fiscal General John Ashcroft, quien recibió 57 mil dólares para su fallida campaña para el Senado en 2000, se ha unido a la larga lista de funcionarios judiciales que han tenido que recusarse del caso por la misma
razón.
En 1999, dos días después de que anunciara su renuncia, Lay ofreció a Robert E. Rubin, Secretario del Tesoro de la administración Clinton, un puesto en la junta directiva de Enron, cuando la compañía cabildeaba intensamente para bloquear el proyecto del gobierno de regular la comercialización de contratos a futuro relacionados con productos energéticos. Rubin no aceptó.
Altos funcionares de la administración Bush, incluyendo el mismo vicepresidente Richard Cheney, sostuvieron, cuando menos, catorce reuniones con ejecutivos de Enron el año pasado y personeros de la empresa han tenido importante participación en la formulación de política energética a cargo del vicepresidente Cheney.
La Oficina General Relatora (General Accounting Office), brazo investigador del Congreso norteamericano, ha demandado al vicepresidente para obligarlo a que revele con qué personeros de Enron se ha reunido para tratar sobre asuntos energéticos. Cheney admite haberse reunido una vez con Kenneth Lay, pero rehúsa revelar, por principio, detalles de con quiénes más y cuántas veces se ha reunido.
John W. Dean, quien fuera consejero legal de la Casa Blanca de 1970 a 1973, dice que la actitud adoptada por el vicepresidente Cheney con relación a su equipo asesor sobre asuntos de energía, parece familiar para alguien que sirvió en la Casa Blanca de Nixon: es la imagen de alguien que tiene algo que ocultar.
Las diversas comisiones del Congreso norteamericano que investigan el caso, persisten en llegar hasta el fondo de ésta, la mayor quiebra que registran los anales corporativos. No obstante, su trabajo se ve obstruido, paradójicamente, por la Constitución de la nación. Todos, menos uno, de los ejecutivos que han sido citados para rendir testimonio ante las Comisiones, incluyendo a Kenneth Lay, han
rehusado responder las preguntas de los Senadores y Representantes, amparados en “la quinta enmienda” de la Constitución, la que les permite negarse a contestar las preguntas, por temor de ser implicados en “un crimen capital o de cualquier otra forma infame”.
El tráfico de influencias, la destrucción masiva de documentos, el silencio de los testigos y el afán del Congreso por llegar al fondo de este turbio y muy complejo caso, han despertado recuerdos de los turbulentos días de Watergate, aunque nadie se atreve a vaticinar un resultado, ni por lejos, similar.
El columnista de The New York Times, William Safire, quien trabajó para Richard Nixon, el presidente que sucumbió por el affaire Watergate, asedió a la administración Clinton instituyendo la terminación “-gate” para sus muchos problemas. Safire ahora llama a este escándalo “Andersengate”, con la esperanza de que los auditores acepten su responsabilidad y no los políticos millonarios cuyos nombres
vendrían a la mente, si se le llamara “Enrongate”.
El escándalo provocado por la quiebra de Enron está arrastrando a muchas empresas por temor de impropiedades contables, y se predicen nuevas bancarrotas. El efecto se está haciendo sentir en los mercados de valores que ahora tienden a la baja, exacerbando la recesión que viene afectando a los Estados Unidos desde hace un año.
Asimismo el Congreso norteamericano se prepara para investigar a Wall Street a fondo, con el propósito de determinar el papel que jugó en el apogeo y colapso de la firma y las razones que tuvieron muchas firmas de corredores de valores para mantener su recomendación de compra de acciones de Enron, aun cuando el escándalo y la quiebra se hacían evidentes.
Tenemos para largo y todavía no se pueden medir las consecuencias finales de ésta, la madre de todas las bancarrotas en la historia de los Estados Unidos.
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