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REVISTA DOMINICAL

Asteroides ¿Viene la muerte desde el cielo?

Escribe: Jorge Arturo Colorado
Fotos: NASA/www.neo.jpl.gov/ap

EL lunes 7 de enero de 2002, el asteroide 2001 YB5 pasó a una distancia de 600 kilómetros de la superficie de la Tierra.

Aunque las posibilidades de que impactara contra nuestro planeta fueron muy remotas, las colisiones son parte de esa clase de eventos probables en nuestra historia y del Sistema Solar.

Prueba de ello es la superficie de la Luna. Durante millones de años, nuestro satélite ha sido bombardeado por pedruscos similares a los que han caído en más de alguna ocasión en nuestro planeta.

Aun más, se cree que la Luna se formó luego de que un cuerpo del tamaño de Marte impactó violentamente con la Tierra.

Aunque la ciencia ha avanzado mucho y los impactos pueden ser calculados, es posible que los impactos ocurrirán tarde o temprano tal y como sucedió antes.

Las colisiones ayudaron a la creación de los mares, posiblemente trajeron los elementos básicos para la formación de la vida y dieron una posibilidad a los mamíferos para evolucionar hasta formar vida pensante.

¿Deberíamos preocuparnos entonces?

Algunos ejemplos

En nuestra historia reciente, muchos asteroides han pasado muy cerca de nuestro planeta.

Uno de ellos ocurrió el 19 de mayo de 1996. El asteroide 1996JA1 pasó a sólo 0.0030 Unidades Astronómicas (UA) de distancia.

(1 UA equivale a la distancia media entre el Sol y la Tierra).

No obstante, se calcula que hace 65 millones de años, uno de esos cuerpos impactó sobre lo que ahora es la península de Yucatán, desencadenando una gran cantidad de fenómenos naturales en la Tierra, entre ellos la muerte de muchas especies: la evolución de la vida tomó otra ruta.

Ahora, los descendientes de aquellos mamíferos que sobrevivieron a la devastación; los seres humanos, observan el cielo en búsqueda de lo que podría ser un nuevo holocausto cósmico.

La verdad sobre un impacto

Cuando Carolyn Shoemaker observó en una placa fotográfica la imagen de una extraña nube alargada en las cercanías del planeta Júpiter, nunca imaginó que 16 meses después ella sería reconocida como una de los tres descubridores de un cometa que se impactaría contra Júpiter en julio de 1994. Este cometa llamado Shoemaker-Levy 9 demostraría al mundo el verdadero poder del choque de un cometa.

Durante mucho tiempo, los impactos habían sido relegados como temas propios de la ciencia ficción y se creía que la atmósfera era lo suficiente densa para destruir cualquier cometa o asteroide que tratara de golpear la Tierra.

A mediados de los años 50, el geólogo Eugene Shoemaker (esposo de Carolyn) inspeccionó el cráter Barringer, ubicado en Arizona, Estados Unidos; y que aunque se tenían algunas

nociones de que el cráter era el resultado de un impacto de un meteoro, muchos científicos consideraban que dicho lugar era resultado de una actividad volcánica. Gracias a pruebas recopiladas durante medio siglo y a estudios de cráteres dejados en el desierto por pruebas de bombas atómicas, Eugene Shomaker demostró que el cráter Barringer era la cicatriz del choque de un cuerpo de al menos 1.2 km de diámetro hace unos 50,000 años.

Veinte años después, Luis y Walter Álvarez demostraron al mundo que la extinción de los dinosaurios estaba encadenada a un impacto de un cometa o asteroide, esto gracias a la huella de un material llamado iridium encontrado entre los estratos terrestres de los periodos Cretásico y Terciario. En la década de los 90, se descubrió gracias a antiguos sondeos de PEMEX (Petróleos Mexicanos) y un trabajo de geólogos, que en Yucatán y bajo un pequeño pueblo llamado Chicxulub existe la huella de un cráter de al menos 100 kilómetros de diámetro, el responsable de la extinción del Cretásico Terciario (llamado evento KT).

Fue hasta 1994 que la humanidad se sintió demasiado incómoda con la idea de impactos contra la Tierra, después de ver el resultado del cometa Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter, el espacio comenzó a observarse con mayor rigor.

Relativa calma

De acuerdo con los registros de los últimos 600 millones de años, en el presente vivimos una relativa calma, al menos en lo que respecta a impactos masivos.

No obstante, es muy aventurado afirmar que los impactos de asteroides en la superficie terrestre pueden ser predichos por las estadísticas, dado a que éstos son sucesos aleatorios.

(*) Miembro de la Asociación Salvadoreña de Astronomía.


Los planetas menores

Los asteroides son piedras de diferentes tamaños: pueden alcanzar superficies de miles de kilómetros cuadrados, o bien, pueden ser del tamaño de una casa o un vehículo.

También son conocidos como planetas menores, debido a que sus tamaños son demasiado pequeños.

Están constituidos por diferentes materiales, muchos de ellos están clasificados como Condritos Carbonáceos (tipo C) más comunes, también los hay de tipo Pétreo-Ferroso (Clase S) y los Ferrosos de Hierro y Níquel (Clase M) los menos comunes.

Estos pedruscos están en su mayoría alineados en una órbita entre los planetas Marte y Júpiter, y se les clasifica como Asteroides Troyanos. Sin embargo, los científicos han encontrado muchos asteroides que cruzan la órbita del planeta Marte, a los cuales se les clasifica como Asteroides Amor, y otros que cruzan la órbita terrestre clasificados como Asteroides Apolo. También los hay que tienen órbitas más internas de la tierra, llamados Asteroides Aton.

Todos estos cuerpos, incluyendo los cometas que tienen su recorrido demasiado cerca de la órbita terrestre, son un peligro potencial para la vida terrestre.

Desde 1998 el Laboratorio de Propulsión Jet (JPL) de la NASA comenzó un programa para observar y registrar la mayor cantidad de objetos cercanos. Desde esa fecha hasta ahora se han descubierto aproximadamente 100 asteroides de al menos un kilómetro; se estima que la población total ronda los 2 mil cercanos.

También existe un proyecto internacional llamado Fundación Spaceguard, que desde 1996 está en la búsqueda de asteroides cercanos y trabaja de la mano con el JPL.

En cualquier caso, el hecho de que un asteroide colisione contra la Tierra es un evento muy raro, se calcula que el impacto de un cuerpo de dos kilómetros ocurre una vez cada 300 mil años y una colisión similar a la responsable de la extinción de los dinosaurios ocurre una vez cada 100 millones de años.


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