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VIVIR

Prendidos del teléfono

Cuando se trata del teléfono en el trabajo, uso y abuso están a sólo dos letras de por medio.

Beatriz Valdés
vivir@laprensa.com.sv

En una oficina salvadoreña, un rótulo sobre el teléfono dice: “Dos minutos es normal. Tres minutos es pasable. Cuatro minutos es fastidioso. Cinco minutos es abuso”.

La lista anterior llega hasta los 40 minutos: “causa de fusilamiento”. ¿El crimen? “Abuso telefónico culposo”. ¿Los implicados? Trabajadores que utilizan esta herramienta de comunicación para otros fines que no son el trabajo, y durante laaaaaaargo rato.

Te hablan...

Las instituciones están compuestas por personas. Cierto, marcan tarjeta y se convierten en trabajadores, pero no por ello dejan de tener vida personal. Es natural, pues, que necesiten contactarse con el mundo exterior.

“Yo recibo unas cinco llamadas personales al día y hago de tres a seis”, dice Carlos Tomás Zúniga, ejecutivo que considera esa cantidad como aceptable.

Sonia de López, empleada de un banco, cuenta el caso de “una señora que tenía al hijo enfermo. Hablaba seguido a la casa para preguntar cómo seguía”.

Telefonomanía

No obstante, entre el uso y el abuso del teléfono en la oficina hay una delgada línea. “Una vez, se dieron cuenta de que había gente que hablaba a los horóscopos”, comenta Zúniga.

Las llamadas “kilométricas”, así como las llamadas internacionales o a celulares, son otro punto espinoso en las oficinas. Muchas veces se traducen en cuentas gigantescas, clientes desatendidos e improductividad.

Una “llamada” de atención

Algunas empresas no imponen límites. “Eso sí, sólo cierto nivel jerárquico tiene acceso a llamadas internacionales y las llamadas a celulares están restringidas”, dice López. Otras instituciones llevan un estricto control. “Aquí nos hacían apuntar en una lista a donde llamábamos y por qué”, comenta Rosario Estrada, secretaria. Las medidas que más se toman ante este problema van desde llamadas de atención hasta máquinas que cortan la comunicación si la llamada pasa de cierto límite de tiempo.

Quédate en la línea

“Bastante gente ocupa el celular para evitar esos problemas en el trabajo”, manifiesta Zúniga. Pero ésta es una costosa medida. Una buena y económica solución es, paradójicamente, la comunicación personal en el hogar. Habla con tus familiares y amigos, diles que te llamen a la oficina sólo si se trata de una emergencia.

Dale el teléfono de tu oficina sólo a personas que necesiten tenerlo. Si puedes utilizar otros medios, como el correo electrónico, hazlo. Trata de hacer cuantas llamadas personales puedas desde tu casa, temprano por la mañana o por la noche. Evita a toda costa que en el trabajo te “cuelguen”, ¡por colgarte del teléfono!


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