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Juan se
levanta todos los días con una vista paradisíaca. Abre la
puerta de su casa y se encuentra con el resplandor de las
aguas del lago de Coatepeque. Toda su vida ha vivido allí
y conoce bien el lugar. Sabe que cuando hay viento no se puede
pescar y que en verano el lago pierde un poco su nivel.
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Su hermosura cautiva a quienes por primera
vez visitan las playas del departamento de La Unión, pero
eso sólo es el premio a la perseverancia después de sortear
los innumerables baches de la carretera.A simple vista se
percibe el abandono de uno de los muchos lugares que ofrece
esparcimiento sano tanto a los salvadoreños como a centroamericanos.
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