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EL HERALDO ORIENTE

El oriente de los conquistadores

Un mapa que corresponde a lo que hoy es la costa oriental salvadoreña muestra cómo representaban nuestro territorio los conquistadores españoles en el siglo XVII.

Verónica Vázquez
elheraldo@laprensa.com.sv

Una misa –como en la ilustración– era uno de los pasos en la fundación de una localidad. Los asentamientos urbanos en oriente obedecían a la política segregacionista del Estado colonial.

Lo primero que uno percibe es que se trata de un mapa raro. Demasiado exagerado en sus contornos, demasiado detallista. Demasiado antiguo.

Dibujada en el siglo XVII, esta carta de navegación muestra cómo representaban nuestro territorio los conquistadores españoles.

Los detalles demuestran cuánto apreciaban saber lo que les esperaba en las aguas peligrosas del Mar del Sur (nuestro actual Pacífico).

El mapa es en realidad la unión de varias cartas de la época que se encuentran archivadas en el Ministerio de Educación y Cultura de España.

Ha llegado a nuestras manos por medio del libro “El Salvador. La huella colonial” de José Antonio Fernández, editado en 1997 por el Banco Agrícola.

El mapa es pródigo en detalles sobre la línea de la costa que hoy corresponde al oriente del país, y que en la Colonia era parte del Reino de Guatemala.

Norte de los marinos

La minuciosidad con que muestra los accidentes geográficos se debe a que el mapa estaba diseñado para servir de norte a los navegantes.

Por eso ofrece detalles impensables en las cartas actuales, pero útiles para los marinos de entonces. Basados en ellos, tomaban la ruta más conveniente.

El mapa especificaba que el río Lempa era “limpio y navegable” y que había “muchos caimanes en él”. Decía que la barra de Gibaltique -hoy bahía de Jiquilisco, Usulután- era un buen refugio para los marinos.

Señalaba que existía un “volcancillo” donde hoy sólo queda la laguna de Alegría, Usulután.

Todo cambia. Tres siglos no pasan en vano.

Como también les interesaba reabastecerse de comestibles, el mapa les ofrecía detalles sobre las poblaciones más cercanas.

Así, “Araguayquín”, “Xiquilisco”, “Osotlán” y la “Villa de Chuluteca”, entre otras, aparecen en la carta, precisando cuántas leguas distaba un centro urbano del otro.

Identidad y turismo

Un mapa como éste tiene un valor indudable para los historiadores. Pero ¿tiene alguna trascendencia para los salvadoreños normales?

El sociólogo Carlos Umaña dice que sí. “Es una mina de oro”, enfatiza. “Tiene un valor tremendo en términos económicos. El problema es que no hay una política de explotación de nuestros valores culturales.”

A juicio de Umaña nuestro pasado y nuestra cultura podrían convertirse en atracciones turísticas, contradiciendo a quienes piensan que en El Salvador no hay nada que ver.

Pero Umaña considera que su importancia mayor radica en que da a conocer detalles de nuestra historia que refuerzan nuestra identidad y el sentido de pertenencia a nuestro propio país.

“Esta información tiene un profundo valor para el desarrollo y la autoestima de los salvadoreños”, concluye.


El puerto del descubrimiento

Los españoles que descubrieron la actual California, Estados Unidos, zarparon de la costa salvadoreña.

 

Los conquistadores españoles zarparon de la costa salvadoreña para descubrir California, Estados Unidos.

Lo que hoy es la bahía de Jiquilisco les sirvió para reparar los cascos de las naves que usarían en la expedición.

Así lo consigna el historiador Jorge Lardé y Larín (1920-2001) en “El Salvador, descubrimiento, conquista y colonización”.

A juicio del sociólogo Carlos Umaña, un hecho histórico como éste podría usarse como atracción turística.

Agrega que el detalle cartográfico de cómo era vista la bahía en el siglo XVII podría convertirse en postal o póster: una entrada más de divisas proveniente de los bolsillos turísticos.

De las Especierías a California

El conquistador Pedro de Alvarado (1486–1541) iba tras el título de Marqués del Sur y sólo podría conseguirlo conquistando las Islas de las Especierías o Molucas (Asia).

Así, fijó su astillero en Iztapa y usó el puerto de Gibaltique (hoy bahía de Jiquilisco) como lugar para carenar, es decir reparar los cascos de los barcos.

Cuando todo estuvo listo reunió la armada en el puerto de “Acaxutla”, que zarpó el 1o. de septiembre de 1540. De Alvarado capitaneó la flota desde la nave Santiago.

Lo seguían el velero San Miguel, bajo el mando de Juan Rodríguez Cabrillo, y las embarcaciones San Francisco y San Salvador, entre otras.

De Alvarado desembarcó en México, donde murió en una batalla contra los indios, embestido por un caballo.

La expedición siguió, liderada por Rodríguez Cabrillo. En la página de Internet http://www.sandiegohistory.org/bio/cabrillo/cabrillo.htm consta que Rodríguez no llegó ni por cerca a las Molucas, pero sí a California.

Atracó en lo que hoy es la bahía de San Diego y le puso el nombre de San Miguel. La fecha: 28 de septiembre de 1542.

Umaña señala que actualmente, en el sitio donde atracó, aprovechan el hecho histórico del descubrimiento, con la correspondiente explotación de la figura de los marinos españoles.


Detalles

Lo que un día fue

  • La bahía de Jiquilisco aparece en el mapa como barra de Gibaltique. Pero el historiador Jorge Lardé y Larín (1920-2001) señala que también ostentó los nombres de bahía del Espíritu Santo y Xiriualtique, “lugar en la bahía de las estrellas”.
  • El origen de la laguna de Alegría, Usulután, es volcánico. En la parte superior del mapa, se observa el volcán original. El “Volcancillo de Tecapa, que tiene en la cumbre una laguna y crece y mengua con la marea y vierte mucha piedra azufre”.
  • Del río Lempa (350 km y 18 mil 500 km² de cuenca hidrográfica) el mapa registra que era navegable y que tenía muchos caimanes. Además, según Lardé y Larín, los españoles creían que el río nacía “en la laguna que se dice Uxaca”, el lago de Güija.
  • La primitiva villa de San Miguel se encontraba cerca de donde ahora está la ciudad de Santa Elena, Usulután. Fundada en 1530, fue la primera ciudad oriental que delimitaron los españoles. Su ubicación actual data de 1586.

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