Editorial
El desarrollo de oriente se muere de sed
El Sauce, municipio fronterizo de La Unión, tiene un freno importante para
su desarrollo: la falta de agua de buena calidad.
Aquí, como en muchas colonias y cantones de El Salvador, sólo hay agua a veces.
Pero aquí, cuando hay, el líquido está contaminado.
Los pobladores denuncian que el servicio es irregular: el agua llega cada
tres o cuatro días.
La responsable de la unidad de salud asegura que muchos pobladores han perdido
sus dientes por la sobrecarga de flúor que hay en el agua.
¿La respuesta de los responsables? Pelearse entre ellos. El alcalde del lugar
echa la culpa a una directiva responsable de la distribución del agua. La directiva
contesta que el alcalde quiere beneficiarse políticamente del servicio.
¿Y los habitantes? Pues sin agua o con agua contaminada.
En otros municipios de La Unión el problema es el mismo. Los pobladores deben
abastecerse de ríos contaminados con excremento humano. Es decir, con agua no
apta para el consumo humano.
La misma escena se repite en los cantones de Chinameca, en San Miguel.
Otra vez, como casi siempre que se recorren los municipios más pobres del
oriente, nos topamos con un problema repetitivo y complejo: la falta de acceso
de la población rural más empobrecida a los servicios básicos a los que tienen
derecho.
En oriente, donde las actividades productivas tradicionales como el cultivo
de café han dejado de tener el empuje de antaño, hace falta imaginación para
pensar en el desarrollo.
Lo que parece claro es que se debe comenzar desde el principio, es decir,
resolviendo las preguntas básicas.
Hasta ahora la calidad de la distribución y recolección del agua potable que
bebemos los salvadoreños sigue siendo un problema sin respuesta.
Es un problema en las ciudades, donde el agua, aunque mal y por pocos, llega.
Y es un problema peor en el campo; ejemplos como los de El Sauce o Chinameca
lo demuestran.
Al pensar en la solución a estos problemas es necesario, primero, encontrar
el origen de los mismos.
En oriente no abundan las fuentes naturales de agua potable, por lo que la
solución requiere de muchísima creatividad institucional.
El problema es que, se vea para donde se vea, el ciudadano no encuentra alguien
en quien apoyarse.
ANDA, la autónoma que debería encargarse del problema, nunca tiene explicaciones
convincentes sobre el tema. Lo suyo, en oriente, occidente y centro, son promesas
sin mucho fundamento.
Las municipalidades, además de la falta de recursos con la que siempre deben
lidiar, se enfrascan en pleitos políticos con el gobierno central o las directivas
locales. ¿Y los ciudadanos? Sin agua, o con agua contaminada.
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