|
Internacional
Argentina
“Quiero mi dinero”
Argentina se hunde más en su dolor, y la negación sobre qué tan peor puede llegar a ser la crisis.
Rich Tomas
enfoques@laprensa.com.sv
ARCAS VACÍAS. Acostumbrados a que sus gobiernos gastaban sin restricciones, la mayoría de argentinos se resisten a creer que su país está sin dinero. La deuda externa de Argentina sobrepasa los 141 mil millones de dólares
|
Susana Giménez se paró, junto a los argentinos furiosos, en las afueras del Congreso la semana pasada con un cartel casero en el que se leía: “QUIERO MIS AHORROS AHORA”, sin importarle que el dinero no esté. Argentina tiene $12 mil millones en reservas contra depósitos pendientes que son dos veces
más altos, lo cual significa que los argentinos finalmente van a tener que aceptar una pérdida enorme en sus ahorros.
Con los bancos cerrados, el presidente Eduardo Duhalde intentó convencer al Congreso la semana pasada de empezar a administrar el dolor a través de la conversión de depósitos en efectivo a bonos a pagar a un plazo de 10 años. Con la turba en la puerta, el Congreso se negó. “Si no tienen reservas para
respaldar sus depósitos, no es mi problema”, dijo Giménez. “Quiero mi dinero.”
Millones de argentinos están viviendo la misma ilusión. Son como pasajeros de un elevador después de que el cable se ha roto, que saben que algo está peligrosamente mal, pero no pueden creer que se vayan a estrellar.
Cuatro meses después de haberse desentendido de su deuda nacional, Argentina se encuentra en una caída libre, con una economía contrayéndose, recibiendo muy pocos dólares de la exportación para poder ofrecer una esperanza de poder pagar su enorme deuda.
El peso ha bajado 67 por ciento, lo cual ha vaciado los ahorros y salarios argentinos y dejado el sistema bancario insolvente. Los bancos extranjeros más grandes que dominan el sistema se ven más cercanos a Argentina, que a poner más dólares en ese país.
El rechazo por parte del Congreso del doloroso cambio de bonos por efectivo forzó la renuncia del ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, quien por lo menos había llevado algún sentido de realidad a la administración insustancial de Duhalde. Antes del voto, Duhalde advirtió sin rodeos que Argentina
“está sin dinero”.
La insolvencia Argentina
¿Puede un país realmente quedarse sin dinero? Los argentinos al parecer no lo creen, pero la respuesta es, en sentido práctico, que sí. Cada nación que ha caído en insolvencia o devaluación forzada en los años recientes, desde los tigres asiáticos hasta Rusia, han llegado a un punto en el cual ya no
pueden prestar en el mercado internacional, lo cual impide operaciones económicas y gubernamentales.
Con $12 mil millones en reservas y $140 mil millones en deudas, Argentina ha pasado dicho punto. De hecho, según esta definición práctica, Argentina está tal vez más desesperadamente “sin dinero” de lo que Rusia o Asia llegaron a estar, porque su credibilidad está más seriamente empañada.
Esto es el por qué: Argentina había hecho promesas más grandes. Terminó una época de turbulencia y emprendió un período breve de crecimiento en los años 90, al garantizar un nivel de seguridad de divisas fuera de lo común. Adoptó un sistema de cambio fijo llamado caja de conver- tibilidad, que legalmente
obligó al banco central a respaldar el peso con dólares y oro.
Desgraciadamente el gobierno seguía gastando sin restricciones, y al final del año pasado no tenía los dólares para respaldar sus pesos. En noviembre, cuando el gobierno obligó a los bancos extranjeros a aceptar bonos en peso débiles, a cambio de bonos en dólar valiosos, efectivamente violó su obligación.
“Argentina no está aún ni cerca del fondo”, dice Steve Hanks, economista de la Universidad de Johns Hopkins, quien ayudó a diseñar el sistema “dollar-peg”. “El gobierno ha pisoteado totalmente el imperio de la ley y los derechos de propiedad, destrozado el sistema bancario, y nadie es capaz de estructurar
un plan que al menos sugiera que habrá una solución a largo plazo.”
Por supuesto, no todo es blanco y negro. La caja de convertibilidad atrajo mucho a los argentinos porque en realidad les per- mitió comprar dólares a mitad de precio, un acuerdo que tentó su vanidad, pero que era demasiado bueno para perdurar mucho tiempo.
Acostumbrados a verse como la élite de América Latina, es difícil para los argentinos aceptar que están estableciendo el récord de descrédito en los mercados internacionales.
Golpe al orgullo
ROBERTO LAVAGNA. Asumió como el segundo ministro de Economía de Duhalde.
|
El efecto combinado del intercambio de los bonos de noviembre y la devaluación ha costado a los bancos extranjeros miles de millones de dólares, que han cortado completamente las relaciones con Argentina.
Pero hace poco, en junio del año pasado, los bancos todavía estaban poniéndose en fila para prestar dinero a Argentina al 16 por ciento de interés, una tasa tan alta que era una admisión palpable de que los préstamos no se iban a poder pagar. “Todos participaban en eso”, dice Rafael Ber, un socio
en Argentine Research en Buenos Aires. “Las únicas personas que pueden declararse inocentes son las que viven en los tugurios.”
Allí está Argentina, colgada, esperando a estrellarse. Duhalde abrió de nuevo los bancos a finales de la semana pasada, para depósitos en efectivo insignificantes, y nombró al nuevo ministro de Economía, Roberto Lavagna.
Pero es demasiado tarde para un aterrizaje suave. Han ocurrido turbulencias civiles recientemente en por lo menos tres provincias, donde los recortes exigidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) golpearán más duro, y costarán por lo menos 400 mil empleos. Con un desempleo del 25 por ciento,
los poderosos gobernadores de las provincias probablemente no aceptarán estas exigencias.
La derrota del acuerdo de bonos por efectivo de Duhalde la semana pasada mostró que los argentinos tampoco están dispuestos a perder de sus depósitos. La alternativa probable: imprimir dinero, que sólo empeo- rará la situación, posiblemente causando hiperinflación.
El ingreso mensual de una familia promedio de cuatro personas ahora es de menos de $200. Uno de dos argentinos está viviendo en pobreza, y uno de cinco no tiene suficiente comida para alimentarse.
“Nos estamos dirigiendo hacia un período de una crisis semipermanente”, dice Artemio López, un economista local. “Estamos destruyendo la estructura económica y política de un país que por 60 años no era típico latinoamericano.”
Los argentinos disfrutaban un estilo de vida y una autoimagen que era, en muchas formas, europea. Cuando golpeen el fondo, talvez tengan que renunciar a ello.
- Con Peter Hudson en Buenos Aires.
- © 2002, Newsweek Inc.
|