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Reportaje
“No se puede trabajar sin chaleco antibalas”
El fotoperiodista salvadoreño Yuri Cortez se encuentra en los territorios palestinos ocupados por Israel, el lugar más peligroso del mundo, por el momento, para ejercer esta profesión. Un recuento de su experiencia.
Edwin Segura
enfoques@laprensa.com.sv
DEL EQUIPO DE AFP. Cortez es parte del equipo periodístico de AFP. Las fotografías que aparecen el la parte superior de la página son parte de su trabajo.
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Los corresponsales de prensa la han llamado por más de un mes “el centro de prensa”. Es una plaza cerca de la iglesia de la Natividad en Belén.
Ahí se reunen todos los días, antes de entrar en grupo al escenario de la última escalada bélica entre israelíes y palestinos.
El pasado domingo 14 de abril, entre el pelotón de periodistas iba Yuri Cortez, un fotoperiodista salvadoreño que trabaja desde hace 11 años para la agencia francesa de noticias AFP.
AFP tiene oficinas en 165 capitales del mundo, más de 2 mil empleados de 81 nacionalidades, de los cuales 900 están fuera de Francia.
Cortez es ya un veterano de la fotografía periodística: a través de la lente de su cámara vio la guerra y la paz en El Salvador, los conflictos de Perú y Colombia, y la derrota del PRI en México.
“Estar aquí es una de la experiencias profesionales más grandes que he tenido”, dice Cortez.
Las llamadas
El 11 de abril, cuando estalló la última crisis en Venezuela, Cortez recibió una llamada de la oficina de AFP en Montevideo, Uruguay. Le dijeron que viajara lo más pronto posible a Caracas.
Intentó viajar ese mismo día, pero no pudo. El 12, a las 8:00 a.m., estaba a punto de abordar el avión, cuando recibió otra llamada: ya no era necesario viajar.
Ni modo. A desempacar y volver a la rutinaria cobertura de los hechos nacionales. Ese día decidió cubrir una protesta frente a la embajada israelí en esta capital.
Para entonces, la última escalada de violencia en el cercano Oriente ya era incontenible y estaba provocando reacciones políticas en todo el mundo.
En ese momento hubo otra llamada desde Montevideo. “Regresé a la oficina y llamé al director regional en Costa Rica, y él me preguntó si podía viajar a Jerusalén”, recuerda Cortez.
¿Miedo?
El 13 de abril, ante la mirada circunspecta de su esposa e hija, Cortez tomó su maleta y se marchó a uno de los lugares más peligrosos para ejercer el periodismo en la actualidad (ver recuadro).
Tomó un avión hacía Houston, luego a Nueva York y de ahí a Tel Aviv en Israel. “Fui interrogado antes del vuelo sobre los motivos de mi viaje; expliqué que soy periodista”, recuerda Cortez. “Ya en el avión, la gente me miraba y preguntaba: ¿No tiene miedo?”
¿Miedo? “Saber que vas a un lugar con balas y explosiones te da un poco de miedo, es normal, pero uno como profesional quiere hacerlo”, dice Cortez. “Yo sé que muchos fotoperiodistas de El Salvador quisieran estar aquí, a pesar del peligro.”
Precaución
En Tel Aviv, Cortez fue recibido por un chofer de AFP en un Mercedes Benz blanco, de asiento de cuero, vidrios de casi una pulgada de espesor y un grueso blindaje. El auto lo llevó a Jerusalén, donde unió al resto del equipo de AFP.
El domingo 14 de abril fue enviado a Ramala, el lugar donde pasó cercado por más de un mes el líder palestino Yaser Arafat.
Además de su cámara, llevaba un poco de peso extra: un chaleco antibalas de casi 30 libras y un casco blindado.
“No se puede trabajar sin chaleco antibalas ni sin el casco” dice Cortez. “El ejército primero te apunta y después te pregunta”.
“Hasta hay moda de chalecos, de todos los colores, unos te cubren hasta el cuello, otros hasta las piernas”, explica, mientra deja escapar una sonrisa. “Y lo que nunca falta, eso sí, es un rótulo, lo más grande posible, que diga prensa o T.V.”
Ese día no pudo llegar hasta su destino, el ejército israelí no lo dejó avanzar más allá de un retén de seguridad. Volvió a Jerusalén.
Entonces fue enviado a Belén, donde más de un centenar de milicianos palestinos estaban sitiados al interior de la iglesia de la Natividad.
“Aquí las exclusivas no valen”
“La mejor manera de moverse en el lugar es en grupo”, cuenta Cortez. “Entre las agencias existe una gran competencia, pero aquí la exclusivas no valen”.
Los corresponsales entran y recorren las zonas conflictivas juntos para evitar incidentes involuntarios o deliberados con cualquiera de las partes en conflicto. Cortez, en una ocasión, dejó atrás al pelotón de prensa.
“Me aburrí de la situación de andar en grupo, todos teníamos la misma foto”, dice. Se encontró con dos reporteros ucranianos y decidieron llegar lo más cerca posible de la iglesia.
Lo lograron, pero al intentar salir tuvieron un incidente con un oficial israelí, que intentó arrebatarles las cámaras, además de haber estado en medio de un refriega.
“Razoné que me había arriesgado más de la cuenta”, admite Cortez. “Aunque las fotos sean iguales, hay que seguir viviendo”, señala.
Las suspicacias
EN BELEN. El fotoperiodista salvadoreño Yuri Cortez en los territorios ocupados.
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La conducta del oficial israelí no fue aislada. Las partes en conflicto tienen dificultades para ver a los periodistas como meros testigos de excepción, que informan de primera mano lo que está sucediendo.
Los palestinos, según cuenta Cortez, al ver a un periodista preguntan: ¿americano? Si la respuesta es no, entonces colaboran en todo lo que pueden.
El otro lado de la moneda es el ejército israelí, que ve con suspicacias a los periodistas europeos y brinda, en ocasiones, un trato preferencial a la cadena televisiva CNN.
Cortez dice que, a pesar de haber cubierto varios conflictos, no ha perdido la capacidad de impresionarse por lo que ve.
Es difícil ser indiferente ante el drama de cientos de personas que estaban presas en sus casas, sin agua y con poco alimento.
Los palestinos de Belén sólo pueden salir a comprar víveres una vez a la semana, durante seis horas, en mercados ambulantes.
“Cuando eso termina, las calles quedaban desiertas, como un pueblo fantasma”, dice Cortez. “En las calles sólo se mira la basura arrastrada por el viento y lo tanques israelíes”.
“Al llegar a Jenín, uno se pregunta cómo es posible que alguien haga algo así”, expresa Cortez. “Al estar ahí te das cuenta de que son casas de población civil lo que han destruido, no objetivos militares”.
“He visto accidentes de avión, guerras, pero cuando llegué al campamento de Jenín, me impresioné”, resume el periodista. “Contrario a lo que se pueda creer, la capacidad de impresionarse no se pierde.”
La zona más peligrosa del mundo
Marcos Zabaleta Agencia EFE
enfoques@laprensa.com.sv
El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) reveló esta semana, en el Día Internacional de la Libertad de Prensa (3 de mayo), la lista de los países más peligrosos para el ejercicio periodístico.
Israel, tras su campaña en los territorios ocupados, figura en el primer lugar, al que le siguen Colombia, Afganistán, Eritrea, Bielorrusia, Birmania, Zimbabue, Irán, Kurdistán y Cuba.
En los últimos 10 años, 243 profesionales de los medios de comunicación han muerto en zonas en conflicto. Tan sólo en los Balcanes perdieron la vida 46, 14 en Sierra Leona, 12 en Chechenia y 10 en Afganistán.
En Colombia hubo diez periodistas muertos en 2001. En siete casos, los informadores fueron asaltados o les dispararon deliberadamente después de identificarse como miembros de la prensa.
En 2002, se ha registrado en todo el mundo, la muerte de seis reporteros: Jimmy Higenyi en Uganda, Raffaele Ciriello en Ramala, Daniel Pearl en Pakistán, Jorge Tortoza en Venezuela, Héctor Sandoval en Colombia y Benjaline Hernández en Filipinas.
La organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) instó a los medios de comunicación a proteger aún más a sus enviados a las zonas de conflicto con el objeto de que no sufran daños colaterales.
La RSF propuso una serie de medidas que pueden contribuir a la disminución de esas trágicas cifras, entre ellas recomendó enviar a esas zonas a profesionales experimentados, equipados apropiadamente y que cuenten con asesoramiento psicológico y legal.
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