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NACIONALES

Hay que enseñar a decir no: De Lovo

Redacción de nacionales
social@laprensa.com.sv

CURIOSIDAD. El deseo de pertenecer a un grupo determinado o experimentar cosas nuevas hace que muchos jóvenes fumen, consuman cerveza u otro tipo de drogas.

El segundo hogar es la escuela, dice la reconocida frase. Y el papel de la escuela ante un problema de drogas es fundamental según la ministra de Educación, Evelyn Jacir de Lovo.

La funcionaria considera que el consumismo se debe atacar con información sobre el daño que éste causa a las personas.

Según De Lovo, tanto el alumno como el maestro deben desarrollar un sentido de autoestima. “Aunque el ambiente lo impulse (al alumno) a ser consumidor hay que aprender a decir no”, expresó la titular de Educación.

Otra arma para contrarrestar el consumo de drogas legales y no legales es la creación de espacios de recreación, añadió.

Se refería al programa de Escuelas Abiertas que tiene como objetivo que los niños y jóvenes canalicen sus energías a través de actividades extracurriculares.

Para la titular del ramo, el maestro debe fortalecer los valores y buscar las capacidades de sus alumnos.

“Cuando un muchacho tiene su autoestima fuerte es capaz de decir no a las drogas y es capaz de orientar a otro”, añadió.

De acuerdo con la ministra, el docente debe convertirse en un amigo del estudiante y darle el máximo de confianza.

La titular de Educación llamó a la reflexión a aquellos docentes que fuman cigarrillos frente a sus estudiantes o que se presentan ebrios a los centros educativos: “Eso sí es grave. Un maestro no debe de dar mal ejemplo. El ambiente contagia”, alertó.

Los casos detectados en las instituciones deben ser tratados con mucha prudencia entre los padres y los alumnos para no provocar una confrontación, recomendó.


Alerta
Éstos son algunos síntomas que pueden poner en alerta a padres y madres de familia y a profesores ante el consumo.

Cambios bruscos en la escuela o en el trabajo: atención, disciplina, calidad de trabajo, notas.
Cambios inesperados de humor y estallidos de cólera.
Pérdida del sentido de la responsabilidad.
Cambios generales de conducta.
Deterioro en la apariencia y el cuidado físico.
Utilización de gafas de sol en momentos no oportunos (para ocultar la dilatación de las pupilas).
Utilización de ropa con mangas largas (para ocultar las marcas de las inyecciones).
Amistad y relación con individuos relacionados con las drogas.
Petición de préstamos de dinero a compañeros y familiares.
Pequeños robos en la casa, escuela o trabajo.


Frecuente asistencia a lugares que permiten esconderse, como baños, sótanos, etc. (para tomar la droga).
Modales, gestos y lenguaje propios del mundo de las drogas.
Descoordinación de los movimientos corporales.
Los síntomas no son una prueba. Algunos de ellos pueden manifestar problemas o cambios normales de la adolescencia y otros de salud.
La mayor parte de drogas sólo pueden ser identificadas por especialistas que dispongan de los medios técnicos o adecuados.
Si la familia o el profesor se enfrenta a un caso de consumo de drogas, es recomendable estar abierto al diálogo.

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