Niños contra niños: el abuso sexual vive en la casa vecina
Rubén tiene ocho años y ya vivió experiencias muy duras en su vida. Sus amigos
de 12 y 15 años abusaron sexualmente de él. Ésta es su historia.
Carlemy Salinas
social@laprensa.com.sv
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UN AMIGO. Después de que Rubén habló sobre el abuso del
cual era víctima, ya no ha vuelto a jugar con sus amigos. Eran ellos quienes
lo agredían y ahora sólo comparte las tardes con “Chema”, su mascota.
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Sus ojos grandes y redondos aún conservan la curiosidad y la ingenuidad propias
de sus ocho años. Camina con confianza por su casa limpia y ordenada. Parece
como si su memoria lo protegiera de las escenas que ha vivido.
Después de recibir clases llega a su casa y lo primero que hace es cambiarse
de camisa. Busca una sin mangas y de motivos infantiles. Se sienta a jugar con
su mascota y único amigo en el pasaje donde vive: su perico “Chema”.
Rubén (nombre ficticio) vive sólo con su mamá en una colonia de Apopa, y desde
hace unos seis meses su vida ha cambiado y su conciencia sufrió un prematuro
despertar.
Sus compañeros de juegos de 12 y 15 años abusaron sexualmente de él en varias
ocasiones.
Rosario (nombre ficticio), su mamá, dice sentir un enorme sufrimiento desde
que el niño le confesó lo que pasaba con sus amigos.
Detrás del juego
| Algunas denuncias |
| Psicólogos y autoridades manifiestan su preocupación ante el incremento de agresiones sexuales de niños hacia niños. |
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En Apopa
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3 casos
Según investigadores, el 10% de las violaciones a niños se dan entre ellos. |
| I.S.P.M. |
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4 casos
En dos semanas y media se han reportado en el tratamiento externo.
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Los comentarios entre los niños alertaron a Rosario sobre una conducta anormal
entre ellos. Después de varias conversaciones, el menor le confesó lo que le
hacían sus amigos y ella descubrió el abuso.
Rosario recuerda que en algunas ocasiones notaba manchas en la ropa interior
del pequeño y le pedía que por favor se aseara bien después del baño. “Nunca
me imaginé que era por eso (violación).”
Después de que las autoridades se han hecho cargo del caso, las manchas han
desaparecido y también la ansiedad que le notaba a Rubén en algunas ocasiones.
Con dificultad por las lágrimas, la mujer intenta explicar la impotencia y
el sufrimiento que siente cada vez que su hijo recuerda algún detalle del abuso.
“Estamos en la calle o en el mercado cuando quizás algo le recuerda a él lo
que pasó y me cuenta.” Ella sólo puede sentir dolor.
Esperanzas
Constantemente lucha con la idea de que pudo haber evitado las repetidas agresiones
contra su hijo. “Me duele, porque tanto que lo cuidé para que le viniera a pasar
esto”, se lamenta.
Pero al notar que su hijo parece apartar de su memoria lo sucedido, se llena
de esperanza al pensar que la edad y el apoyo que ella pueda brindarle le van
a ayudar a crecer libre de recuerdos perjudiciales.
Rosario habla de sus esperanzas y Rubén le da besos a su mascota “Chema”.
Voz de una abuela: “Me siento humillada, lastimada”
Carlemy Salinas
social@laprensa.com.sv
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DESPUÉS DE CLASES. Rubén trabaja en sus tareas después
de llegar de clases. Le gusta el inglés y dice que quisera ser doctor
o policía.
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Cada vez que recuerda lo que le pasó a su nieto, Rosario siente “un ardor en
el estómago y me duele el corazón”. Así lo describe ella mientras sus ojos pierden
brillo y su semblante se torna triste.
Los sentimientos se le encuentran en el pecho y luego se convierten en lágrimas.
“Yo me siento humillada, lastimada, porque nunca me imaginé que me le iban a
hacer esto al niño”, dice.
A Rosario le cuesta asimilar que su nieto, de ocho años, conozca detalles
tan íntimos y distorsionados sobre la vida sexual de los adultos.
Nunca imaginó el abuso. Confió en los jovencitos “porque los he visto crecer”,
dijo con indignación.
Rechazo, temor y esperanzas
Desde que puso la denuncia en la Fiscalía, Rosario dice haber recibido reproches
y desprecios de sus vecinas, las mamás de quienes agredieron a su nieto.
“Yo debería sentirme así, porque ha sido mi niño al que han lastimado”, reflexiona.
Desde que se conoció el incidente, Rosario ha decidido mantenerse al margen
de los vecinos. Con cuatro hileras de ladrillo sobre el muro que da al pasaje
ha buscado un poco más de privacidad para ella y su nieto.
A pesar de que tiene temor al proceso judicial, confía en la confesión de
Rubén. “Un niño no puede inventarse esas cosas”, reconoce al recordar los detalles
que su nieto le ha contado sobre el abuso.
Incluso teme por lo que les pueda pasar a los niños agresores. “Yo no tengo
malos deseos para ellos. Si me pidieran disculpas y con que ya no anduvieran
haciendo esas cosas me aliviaría un poco”, confiesa. Su mayor deseo es que Rubén
supere este problema “y no quede traumado”.
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