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OPINIÓN

¿Le temen al cáncer?

Roberto Rubio-Fabián
Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
rrubio@laprensa.com.sv

Las estadísticas constatan que cada vez son más las personas que padecen o mueren de cáncer. Asimismo, no sólo “los números de la salud” sino también “los indicadores de la calle” me dicen que el cáncer es ahora más frecuente entre los jóvenes que antes, que las presentes generaciones somos más vulnerables al cáncer que las pasadas, y que las futuras generaciones, a pesar de los avances médicos, serán más vulnerables que las presentes. Los galenos perdonarán mi poco conocimiento en la materia, pero los indicadores de calle me dicen que si el cáncer era raro en la generación de los 50, más adelante lo será menos en la generación de los 40. En fin, pareciera que a medida que avanza nuestra moderna civilización avanza el cáncer. ¿Es que hay una relación entre el avance de nuestra mo dernidad y el retroceso de nuestro sistema inmunológico?

La respuesta no es fácil, ya que no es fácil demostrar la relación entre un sistema de vida y la vida de un sistema corporal. Sin embargo, no sólo es el hecho que la vida sosiega del campo nos remita más a la salud y que la vida estresante y moderna de las ciudades nos remita más a las enfermedades, lo que nos motiva a establecer una correlación positiva entre el actual tipo de modernidad y el cáncer. Espero que mis primarios conocimientos médicos no me dejarán mentir, pero el cáncer tiene que ver con el deterioro de nuestro sistema inmunológico, y esto a su vez tiene mucho que ver con nuestro moderno sistema de vida. En efecto, cada vez hay más evidencia que entre las múltiples y complejas causas del cáncer se encuentran varios signos de nuestra modernidad: la manera de alimentarnos, el estrés, la calidad de nuestro entorno, las diferentes formas de contaminación, etc. En esta oportunidad queremos referirnos a una de las menos conocidas y posiblemente no menos importante: la contaminación electromagnética.

¿Sabe Ud. qué es la contaminación electromagnética? Ahora me perdonarán los físicos por esta simple respuesta: pues la producida por los campos o radiaciones electromagnéticas. ¿Sabe Ud. qué cosas producen fuertes campos o radiaciones electromagnéticas? Pues los aparatos de rayos X, los teléfonos celulares, las antenas de telefonía móvil, las líneas de alta tensión, las estaciones generadoras de electricidad, algunos electrodomésticos como el microondas, entre los más destacados. ¿Sabe Ud. cómo estas fuentes de radiación electromagnética pueden afectar nuestra salud? Ahora me perdonarán tanto médicos como físicos por esta otra simplificada respuesta: pues afectando los circuitos y equilibrios energéticos de nuestro cuerpo. En efecto, cuando se trata de exponerse con intensidad o frecuencia a radiaciones ionizantes (como los rayos X), éstas tienen la capacidad de hacer que partículas sin carga pasen a estar cargadas, lo cual está más que comprobado, son sumamente dañinas para la salud.

Por otro lado, cuando se trata de radiaciones no ionizantes (teléfonos celulares, estaciones de energía, antenas de telefonía, cables de alta tensión, etc.), éstas inducen corrientes eléctricas en los seres vivos o ponen en movimiento y vibración moléculas, de tal forma que inducciones o movimientos intensos pueden provocar serios trastornos (por ejemplo alteraciones importantes en el metabolismo).

Sobre los efectos en la salud de las radiaciones no ionizantes todavía no hay pruebas científicas contundentes (dado el poco tiempo de existencia de las modernas fuentes contaminantes). Sin embargo el “principio de precaución” debería ser lo suficientemente contundente para inducir a tomar importantes medidas regulatorias y precautorias. ¿Le teme Ud. al cáncer? Ahora me perdonarán “los modernizantes” por unas respuestas simples, pero precavidas: no use tanto su moderno celular ni se lo pegue tanto a la oreja, no se sienta tranquilo viviendo cerca de torres de alta tensión o a cortas distancias de antenas o radares de telefonía (se recomienda no menos de 6 metros), no se ponga siempre enfrente de su microondas (sobre todo las embarazadas), sea exigente con sus instituciones y demande medidas regulatorias a todas esas fuentes contaminantes, sea crítico de un sistema de innovación tecnológica basado exclusivamente en la ganancia que no establece a priori sino a posteriori los efectos secundarios de sus invenciones (es decir cuando el daño ya está hecho). ¿Le temen al cáncer? Entonces quizá no les convenga pasarse de tan modernos.


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