Un monstruo en el corazón de la galaxia
Durante más de 25 años los astrónomos especularon sobre la existencia de un
agujero negro súpermasivo en el centro de la Vía Láctea. Las pruebas definitivas
ya están aquí.
Escribe: Verónica Vásquez
rdominical@laprensa.com.sv
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Chandra detecta emanaciones enormes de rayos X en el centro
de la Vía Láctea. Ésa es la prueba de que ahí
hay un agujero negro.
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HACE 28 años el astrónomo británico Martin Rees propuso una idea revolucionaria:
el centro de ciertas galaxias podía ser un agujero negro.
Rees sospechaba de los núcleos activos, aquellos que brillan tanto como 30
mil millones de soles juntos.
Pero pronto las sospechas también recayeron en aquellos centros galácticos
que, en comparación, parecían mares de quietud: como el de nuestra Vía Láctea.
¿Era posible que también tuviera un agujero negro?
Mantener la cohesión
Para los teóricos, un agujero negro central explicaría por qué estrellas,
planetas y gases no se alejan del corazón de la galaxia: la enorme atracción
del agujero haría que siguieran juntos.
Pero eso no dejaba de ser una teoría. Así que los astrónomos se dedicaron
a buscar pruebas y dirigieron su mirada y sus instrumentos a una espesa nube
de gas y polvo que como un telón oculta el centro de la Vía Láctea.
Como no podían verlo directamente, los astrofísicos pasaron dos décadas investigando
las emisiones de radio y las ondas infrarrojas que emanan del corazón de nuestra
galaxia.
Así fue como descubrieron la velocidad vertiginosa (más de 1 mil 400 kilómetros
por segundo) de los remolinos de gas y estrellas en el centro.
Las altas velocidades de las estrellas sólo podían indicar que un objeto de
masa enorme estaba creando un poderoso campo gravitacional que aceleraba la
velocidad de estrellas y gases.
¿Se trataba de un agujero negro o “simplemente” de millones de estrellas puestas
unas muy juntas a las otras?
Mirada de rayos X
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Chandra es un observatorio que escudriña el espacio
en busca de emanaciones de rayos X.
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Hasta 2002, el observatorio de rayos X Chandra, de la NASA, ofreció una evidencia
definitiva.
El cohete espacial Columbia puso en órbita a Chandra el 23 de julio de 1999.
Desde el inicio, su misión ha sido detectar fuentes de rayos X espaciales. Eso
es útil para identificar posibles agujeros negros.
¿Por qué? Sólo las emisiones de rayos X pueden pasar a través de la capa de
gases que oculta el centro de la galaxia. Además, los rayos X son la evidencia
final que deja la materia antes de que el agujero negro la engulla.
Por la forma en que las emisiones de rayos X brillan y se atenúan, se ha calculado
que el agujero negro tiene 15 millones de kilómetros de diámetro.
Eso es como la mitad de la mitad del del diámetro de la órbita del planeta
Mercurio alrededor del Sol.
En ese espacio tan pequeño, está contenida una masa que equivale a 2.6 millones
de soles. Como si todos esos soles estuvieran comprimidos en un cuarto de la
órbita de Mercurio.
El descubrimiento ha generado más preguntas: ¿de dónde viene este agujero
negro supermasivo?, ¿de dónde viene cualquier otro agujero negro?
Al respecto sólo hay teorías. La verdad sigue estando allá afuera.
Uo ojo en el espacio
La NASA decidió poner un observatorio de rayos X en el espacio a causa de
la atmósfera.
La atmósfera terrestre es como un filtro: las moléculas de hidrógeno y oxígeno
absorben los rayos X cósmicos en un proceso que se conoce como efecto fotoeléctrico.
Sin la atmósfera de por medio, Chandra puede detectar los rayos X que emanan
de las regiones que generan mucha energía en todas las gelaxias.
Con 13 metros de largo, Chandra es el satélite más grande que ha lanzado la
NASA.
La resolución con que capta las imágenes equivale a la habilidad de leer una
señal de alto desde una distancia de 19 kilómetros.
El observatorio se llama así en honor de un premio Nobel de Física, el indio
Subrahmanyan Chandrasekhar, mejor conocido como Chandra, nombre que en sánscrito
significa “luna” o “luminoso”.
Los misterios de Sagitario A*
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Éste es el corazón de la Vía Láctea.
La mancha amarilla es el agujero negro que mantiene la cohesión
de la galaxia.
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EL agujero negro al centro de la Vía Láctea se conoce como Sagitario A* (que
se pronuncia “A estrella”), porque se encuentra dentro de una área anteriormente
conocida como Sagitario A.
Se sabe que un agujero negro es un objeto tan masivo y tan compacto que ni
siquiera la luz puede escapar de su asombrosa gravedad.
Los teóricos especulan que los agujeros negros nacen de la muerte de estrellas
que tienen por lo menos 10 veces más masa que el Sol.
Una estrella tan grande se despide del universo con una gran explosión que
expande materia por el espacio a años luz de su origen y que deja detrás sólo
un resto muy denso de la estrella original.
Si ese resto tiene la masa de tres soles o más, es muy probable que se convierta
en un agujero negro.
Eso sí, no todos los agujeros negros son iguales. Sagitario A* es supermasivo,
con una masa de por lo menos 2.6 millones de soles.
Las teorías sobre el origen de agujeros negros tan masivos son variadas. Una
dice que se formaron con las galaxias; otra, que un agujero de masa “normal”
pudo ir “comiendo” más y más materia hasta convertirse en uno supermasivo.
La confirmación de la presencia de Sagitario A* sólo ha venido a desatar el
hambre de los científicos por encontrar esas respuestas.
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