Botero: 50 años de arte
En abril, el pintor y escultor colombiano Fernando Botero cumplió 70 años
de edad y 50 de una incansable labor creativa.
Escribe: Rodrigo Ruiz Tovar (DPA)
rdominical@laprensa.com.sv
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El colombiano Fernando Botero se ha destacado en la escultura
y la pintura, aunque de joven quería ser torero.
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BOGOTÁ (DPA). Considerado el pintor y escultor latinoamericano más exitoso
de la actualidad, el colombiano Fernando Botero cumplió 70 años de vida en abril,
de los cuales más de 50 los ha dedicado al arte.
Los “gordos” y las “gordas”, que son la impronta de su obra, se exponen en
los principales museos del mundo y cuestan verdaderas fortunas, a pesar de que
su estilo fue subestimado por la implacable crítica neoyorkina de los años sesenta.
Casado con la crítica de arte Gloria Zea —de la que luego se separó— y padre
de tres hijos, Botero probó suerte en Nueva York, a donde llegó con unos pocos
dólares. Sin embargo, sobrevivió pintando reproducciones de obras mundialmente
famosas que vendía a los visitantes de museos.
En esa época fue objeto de nuevas críticas, pues en Nueva York pocos le perdonaban
sus dibujos de hombres y mujeres, frutas y naturaleza en medio del furor por
la pintura abstracta.
Aún hoy, Botero recuerda, ya sin amargura, cuando la prestigiosa revista “Art
News” dijo que sus figuras eran “fetos de Mussolini procreados con una campesina
idiota”. La revista “Arts Magazine” calificó su obra de “monumento a la estupidez”.
Arte de peso
Pero la vida para Botero empezó a cambiar cuando volvió a su país y dibujó
“Homenaje a Mantegna”, la primera obra que contiene los elementos característicos
de volumen y monumentalidad.
Después en “Arzobispo rojo” y Los comentarios de los críticos cambiaron radicalmente
y el inicio de la década del setenta marcó el despegue de Botero, que empezó
a ser llamado “maestro”.
Los museos más famosos del mundo empezaron a pedir sus obras, lo que de paso
sirvió para que el otrora humilde ilustrador de periódico amasara su fortuna.
Queriendo probar otras mieles del arte, Botero se inició en la escultura en
1976 con un éxito tan grande como en la pintura.
Sus esculturas, que pesan entre 500 kilos y una tonelada, también han sido
exhibidas en los museos más importantes, pero en 1992 empezaron a ser admiradas
por transeúntes de diversos países, pues Botero pensó que el arte también debe
ser visto por el hombre de la calle.
Colombiano lejano
A pesar de haber vivido gran parte de su vida en el exterior, Botero no deja
escapar la oportunidad en cuanta entrevista concede de afirmar que se siente
orgulloso de su “colombianidad”.
No obstante, afirma que no piensa radicarse otra vez en su país porque la
turbulencia que generan las casi cuatro décadas de conflicto armado no le permitiría
concentrarse en su trabajo.
Como una especie de “desagravio”, Botero le regaló a dos museos colombianos
una buena parte de sus pinturas y esculturas, así como su colección privada
con obras de artistas universales, cuyo valor económico ni siquiera pudo ser
calculado por él mismo.
Los albores del éxito
Botero nació el 19 de abril de 1932 en el seno de una familia humilde y conservadora
de Medellín, a la que prometió que sería torero, su deseo frustrado, y luego
sorprendió con ínfulas de dibujante.
Sus primeros dibujos fueron como ilustrador del periódico medellinense “El
Colombiano”. En 1949, el joven Botero reunió algunas obras para debutar en una
exposición colectiva en Bogotá.
Tras su primera exposición individual en Bogotá, en 1951, partió a Europa
para estudiar a las celebridades de la pintura universal. En París, descubrió
el significado de Piero della Francesca, que lo marcó.
En 1955 regresó a Colombia. La crítica local fue dura con su obra, por lo
que partió a México para estudiar el trabajo de muralistas como Diego Rivera.
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