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¿Cuál es el futuro político de silva?

A los partidos de centro-izquierda le costará confiar en un candidato que dejó solos a los renovadores en 1998 y al CDU y la AP ahora.

José Luis Sanz
enfoques@laprensa.com.sv

FOTO DE LA PRENSA, POR MILTON FLORES
EN ESPERA. Héctor Silva aún no ve claro a dónde lo llevarán sus últimos pasos.

El alcalde capitalino no se atreve a sugerir siquiera el rumbo que puede tomar su carrera política, pero no le importa. Cuando se le pregunta, respira hondo, sonríe y recita despreocupado: “Cuando tomé esta decisión era consciente de los riesgos que asumía”. Probablemente, para Silva, esos riesgos eran lo de menos. A pesar del relativo fracaso de su mediación y del estancamiento del conflicto, desde que la semana pasada se ofreció como intermediario, seguro ya de que el presidente Flores le tomaría la palabra, ha evidenciado sentirse con un margen de acción del que no disfrutaba hace tiempo.

Hace apenas un mes, se veía obligado a encarar a solas, día tras día, las críticas por la polémica gestión de desechos sólidos, acatando la decisión de su partido de no involucrar al resto de alcaldes efemelenistas del Gran San Salvador. Hoy, habla sin recato de sus diferencias con su partido y no tiene pudor en reconocer que está abierto a participar o incluso “construir” nuevos proyectos políticos. Después de mucho tiempo, su distanciamiento del FMLN no es ya un secreto que sólo él quería guardar.

La de Silva fue, a un tiempo, una decisión personal y política. Si asumió riesgos fue, en parte, porque necesitaba romper una inercia que le estaba anulando políticamente. “Fuera del FMLN Silva no es nadie”, aseguran numerosos militantes efemelenistas. Talvez, pero tampoco lo era como candidato del Frente, y el valioso acompañamiento de Iniciativa Ciudadana pareció no bastarle como aval para gobernar durante tres largos años más la alcaldía.

Héctor Silva ha recuperado su libertad, y el fruto político que ésta pueda depararle no le quita el sueño. Es pronto para conclusiones más allá de esto.

Sin embargo, y en estos días de tensas y pendulares negociaciones entre el gremio médico y el presidente, quizá sí se hace evidente algo respecto a la nueva situación en que queda Silva: está solo, políticamente hablando, y su espacio de acción depende ahora de otros. La creación de la comisión de reforma que aspira a presidir está en manos del mismo Flores, que bloqueó el martes el acuerdo al que sus técnicos jurídicos, sentados junto a los del Colegio Médico y la alcaldía, habían llegado respecto sobre la redacción de las observaciones al decreto 1024.

El acuerdo previo a cualquier posibilidad de comisión se dirime con los mismos representantes gremiales que le desacreditaron durante días, y que por momentos estuvieron a punto de hacer caer su credibilidad como mediador ante Francisco Flores.

Por otro lado, y en lo partidario, sus espacios en el FMLN son en estos momentos menos que ninguno. Cabe pensar que, de salvar en alguna medida su caudal político a la salida de esta crisis, Silva se podría convertir en un referente de consenso y en un aglutinador de fuerzas de centro-izquierda en un futuro. Pero sería precipitado anticipar que el dos veces alcalde de San Salvador, pese a su alto perfil público y sus envidiables niveles de popularidad, vaya a recibir, a corto plazo, ofertas de los cada vez más numerosos partidos de centro-izquierda, en proceso de reacomodo y en continuo y fructífero diálogo desde el convulso jueves de la semana pasada.

A éstos les va a costar vencer el recelo de renovar votos de fidelidad con un candidato que dejó con los moños puestos a los renovadores en 1998, estando aún éstos en el FMLN, y al CDU y la AP estos días.

Gregorio Rosa Chávez asegura que lo sucedido estos días, “aunque no responde al esquema del que se partió, abre nuevas puertas”. Desde luego. y habrá que esperar aún para atisbar por cuáles de ellas podría entrar, de hacerlo, el que hasta hace una semana era el eterno candidato a la presidencia de la izquierda, y que el jueves pasado se reinventó a sí mismo, desdibujó el mapa partidario nacional y soltó buena parte del lastre, personal y político, que ha arrastrado los últimos años.


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