Nacidos para la oscuridad
Por Verónica Vásquez
rdominical@laprensa.com.sv
Comer es la necesidad más primaria de todas las especies animales del mundo.
Evitar ser comido es la segunda.
Para los animales nocturnos, las sombras de la noche y la reducción de actividad
de la mayoría de animales diurnos se convierten en sus aliadas para conseguir
los dos objetivos.
En el medio salvaje, los micoleones, por ejemplo, se cuelgan de los árboles
para buscar frutas o meten su enorme lengua en las flores para extraerles el
néctar.
De hecho, muchas especies de plantas están adaptadas a los polinizadores nocturnos
y por eso sólo se abren de noche.
Paréntesis aparte, animales como los micoleones, la zorra, los mapaches y
los tepezcuintles salen de noche porque saben que todos los diurnos ya se fueron
a dormir y no hay tanta competencia por el mismo alimento.
Como lo especifica el herpetólogo Juan Pablo Domínguez: “En la noche encuentran
mejores nichos para ellos: más alimento, refugio, agua. Les es más fácil trasladarse
de un lugar a otro. Como cuando vamos a la playa de noche para no encontrarnos
con la playa tan llena”, ejemplifica.
Éste es el principio que opera más fuertemente en los depredadores. Para las
presas, además, el abrigo de la sombras los hace sentir más seguros, porque
son menos visibles que de día: más difusos a los ojos de sus depredadores.
Lo malo es que no pasan tan inadvertidos como quisieran. Los rapaces saben
que sus presas salen de noche y saben también que hay menos competencia tras
la caída del sol.
Por eso aprovechan todas las adaptaciones con que los dotó la naturaleza,
que los convierten en excelentes cazadores en la oscuridad (ver detalles en
infográfico).
Sentidos alerta
Los búhos son un buen ejemplo. Ojos que penetran la oscuridad, audición aguda
que ayuda a descubrir el más mínimo movimiento de un ratón en la hojarasca y
un vuelo silencioso los convierten en rapaces perfectos.
El vuelo es uno de sus rasgos más distintivos. Las plumas de sus alas están
dispuesta de tal manera que amortiguan su ruido en el aire.

Al ocelote (Leopardus pardalis) del zoológico le gusta
alimentarse trepado en un árbol. Una vez ha terminado baja para conseguir
otro pedazo de las 5 libras de carne que se come al día. |
Cosa importante en la noche donde un pequeño ruido puede magnificarse debido
al silencio circundante.
Si lo sabrán los felinos, que deben confiar en su paso silencioso para poder
aproximarse a sus víctimas en total silencio, esperando el momento del ataque
final, escondidos –como creen estarlo sus presas– en la oscuridad.
Esa necesidad de camuflaje es una de las razones por las que muchos animales
nocturnos carecen de colores vistosos.
Las mariposas nocturnas y varias especies de escarabajos muestran coloraciones
que recorren la escala de cafés o el negro: una protección adicional para evitar
ser engullidos.
Hay que señalar, sin embargo, que si bien muchos animales son preferentemente
nocturnos también tienen un “horario facultativo”, como explica Domínguez.
Es decir: comen cuando tienen la oportunidad. Si una víbora cascabel percibe
el calor de un ratón con sus fosas loreales a las 10:00 de la mañana y tiene
hambre, no dejará pasar la oportunidad.
El ratón con sus vibrisas (los bigotes en su caso) sentirá las vibraciones
que produce la serpiente en el terreno al aproximarse. Y hará lo mejor posible
para huir, cumpliendo con su papel en la danza eterna de la naturaleza: comer
o ser comido.
Día y noche significan una gran diferencia en la actividad de los micoleones
(Potos flavus). De día (arriba) duermen profundamente. De noche (derecha) se
pasean por su jaula, asidos de la malla.
Las zorras –nocturnas o crepusculares– son únicas entre los cánidos por su
habilidad de trepar.
Al ocelote (Leopardus pardalis) del zoológico le gusta alimentarse trepado
en un árbol. Una vez ha terminado baja para conseguir otro pedazo de las 5 libras
de carne que se come al día.
Mientras dormimos
Durante la noche muchos zopes que vuelan sobre la capital hacen del zoológico
su dormidero. La mayoría de árboles de copa alta (como las palmeras, por ejemplo)
están llenos de zopes. Los vigilantes del zoológico deben estar alerta para
que no les caigan los excrementos de estos animales.
Cuando la Manyula se asusta –por ejemplo, a causa de los terremotos– los vecinos
del parque no pueden ignorar su baritar. Éste se escucha durante la noche en
los alrededores.
Los coyotes aullan cada vez que pasa una ambulancia cerca del zoológico.
Algunos
animales como los monos araña muestran mucha actividad de noche. En la isla
en que viven algunos se ponen a balancearse en la copa de los árboles.
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