Portada
SECCIONES
 Portada
 Nación
 Opinión
 Mundo
 Economía
 Departamento 15
 Departamentos
 Cultura
 Vivir
 Fama
 Extremo
 Deporte
 La Tribuna
 El Heraldo
 Caricatura
REVISTAS
 Enfoques
 Revista Dominical
SERVICIOS
 Archivo
 Enlaces
 Estado del Tiempo
 Cámara en Vivo
 Salud y Medicina
 Cartelera de Cines
 Escríbanos
 Suscripciones
 Corporación LPG

PUBLICIDAD



DEPARTAMENTO 15

Los múltiplos de la mara salvatrucha

Toda banda o clica es una mara. En la región de Chiapas existen dos bandas transfronterizas que pelean por el botín o el territorio y cuya rivalidad es permanente e incontrolable, hasta las autoridades admiten el temor que les generan y mientras buscan controlarlos, las maras siguen de la mano con la muerte propia y la ajena. Sus integrantes son salvadoreños.

TEXTO: Gonzalo Egremy. Corresponsal en chiapas
departamento15@laprensa.com.sv

QUEJAS. Los consulados fronterizos reciben constantes quejas de centroamericanos indocumentados en las vías de los trenes de Tapachula.

“La mara es mi vida, carnal; en ella me siento chido. Es lo único que he tenido y que tendré en este apestoso mundo”, masculla intentando un acento achilangado (del Distrito Federal, México) y centroamericano a la vez, mientras se arremolina en un polvoso asiento de un pick up, en el interior de un maloliente cuarto, en la ciudad de Tapachula. “Si me tomas fotos, la mara se encarga de ti,” advierte con voz amenazante al entreabrir los ojos y sentir el flash de la cámara fotográfica.

De sus apellidos, dice no haberlos tenido nunca. Con rencor, asegura que el único recuerdo que tiene de su madre es que: “Era una gran p...” y que lo abandonó hace 10 años en uno de los cuchitriles de los muchos prostíbulos existentes en Tecún Umán.

“Me llamaba José, pero creo que nunca supo quién de tantos hombres con los que tenía relación fue mi padre. Varias veces oí, cuando tomaba y fumaba piedras, que había abortado cinco veces y tenía tres hijos más en Sonsonate”. Y nuevamente, aspira el pegamento de una bolsa de nailon, como intentando borrar el amargo recuerdo de su atontado cerebro, o lo que le queda de él.

Nunca ha sabido leer ni escribir. Su corta niñez, narra balbuceando frases, la pasó yendo de prostíbulos en Tecún Umán a los de la capital Guatemalteca, en búsqueda de su madre, de quien ya no recuerda ni el nombre. Todo, hasta que fue violado a los 11 años por unos sujetos en uno de tantos antros.

“Por eso me metí a la mara, carnal; aguanté más de 13 segundos de golpes cuando me inicié y hasta acuchillé a un vato (sujeto) enemigo. Con mis “hommies” (amigos o hermanos maras) me vengué de los que me violaron. He recorrido todo México en tren con los que van (ilegales) en busca del becerro de oro (Estados Unidos), y los que se resistieron a darnos (dinero) para el bajón o puro (comida o drogas) ya no lo cuentan”, comenta arrastrando la voz y en tono amenazante.

Al momento, y luego de desbalancearse al dejar el mullido pero sucio sillón, enseña con jactancia y petulancia sus brazos, espalda, torso y hasta los tobillos llenos de tatuajes de calaveras, gotas de lágrimas, un corazón atravesado con una flecha, una serie de iniciales, números, mujeres desnudas, figuras humanoides con cuernos, una jeringa hipodérmica, varias y enormes garras afiladas.

Sin el más mínimo asomo de temor por la cárcel, asegura que la Policía local de Tapachula y la nacional de Guatemala, lo han detenido más de 50 veces en los últimos cuatro años por diversas causas, que van desde escandalizar con música y por borracheras y pleitos en la vía pública, hasta por consumir distintas clases de droga y herir con armas cortopunzantes a quienes se resisten al asalto o robo.

“Más tardan en agarrarnos y meternos a la cárcel, que ponernos de nuevo en la calle. Dentro de las mismas prisiones imponemos nuestra ley”, dice con insolencia luego de terminar con su tercera cerveza al tiempo.

Desde su embotado cerebro, intenta formar otras frases para responder la pregunta de: ¿cuántas personas ha matado? Pero el efecto de la droga y el alcohol no se lo permite y con los dedos de las dos manos indica que seis.

A la par de los primeros rayos de sol que se cuelan por las múltiples rendijas y agujeros de la covacha de madera que “el Carnalito” tiene como madriguera, entran con la música estridente de una grabadora y tropezándose por los efectos del alcohol y la droga, 11 maras más, entre ellos tres jovencitas mexicanas que no rebasan los 15 años, las “jainas” (mujeres) de esa pandilla autodenominada “Los más locos”.

Como la entrevista estaba pactada, los mareros recién llegados no se sorprendieron de la presencia del entrevistador, pero en un arranque de locura, “el Spay”, un hondureño de apenas 12 años de edad y tatuado con una cobra en el brazo izquierdo, arrebató al periodista la cámara fotográfica y rompió el disquete, así como el casete de la grabación.

“Tranquilo, vato, no hay tos”, aseveró “el Carnalito” y todos acudieron a dormitar en los rincones sobre cartones y costales, no sin antes quitarse algunos los enormes pantalones y camisolas característicos de los maras, en tanto que las tres mujeres se metieron acurrucadas bajo los brazos de sus compañeros en espera de otro día loco en ese inframundo de drogas, alcohol, asaltos, robos y sexo en el que sobreviven.

Pueblo aterrorizado

TRANSFRONTERIZOS. Integrantes de la MS-13 fueron detenidos por el Grupo de Protección al Migrante Beta Sur, a petición de un grupo de ilegales que se quejó de robos por parte de los primeros.

Las denominadas maras Salvatruchas en sus inicios fueron integradas por salvadoreños en Estados Unidos. La primera mara fue la Wonder 13, que se le atribuye al salvadoreño “Flaco Stoner” y fue creada en 1969. La denominación de mara Salvatrucha habla de su origen salvadoreño y de un amor a la patria, que a su vez recuerda a su progenitora; por ello es común encontrar alrededor del cuello de sus integrantes la leyenda tatuada, “Perdóname madre mía por mi vida loca”. La vida loca es su orgullo e identidad.

En la actualidad las maras están conformadas indistintamente por centroamericanos comandados por un salvadoreño o sólo por salvadoreños. Los mandos se obtienen por antecedentes criminales o pruebas de valor y por quienes se rodean de un grupo de fuerza que domina o controla la banda. El jefe de la familia tiene derecho a que el resto de los integrantes le paguen una renta, producto de los ilícitos en los que participan , por eso dicen: “La banda rifa, para , controla y viola”.

La Policía Nacional de Guatemala, la de Tapachula y el Consejo Municipal de Seguridad Pública, en esa última ciudad, coinciden en que en las localidades de la franja fronteriza Guatemala-México existe al menos 200 bandas de mara Salvatrucha (MS-13) y de La 18, con más de 3 mil integrantes centroamericanos y mexicanos, aunque ese número podría quintuplicarse con miembros en ciernes.

“Tecún Umán es el embudo de Centroamérica y México. Ahí confluye un centenar de grupos de mareros que a diario se disputan violentamente el tráfico de drogas, el contrabando de mercadería, de armas, de frutas, café, el lucrativo tráfico de indocumentados y todo lo que se relacione con lo ilícito”, dice el regidor del Partido del Trabajo, del Ayuntamiento de Suchiate, José Juan Pérez.

Agrega que la presencia de los grupos de maras, autodenominados: Cholos, Guat-Mex., Lifes, Los Tecum y Kaibiles Bands, entre otros, ha provocado una enorme espiral de violencia e inseguridad en la cabecera municipal de Suchiate: Ciudad Hidalgo, vecino limítrofe con Tecún Umán. “Todo por disputas del territorio o por venganzas”, afirma.

La Policía Nacional de Guatemala, indica que le ha sido difícil erradicar las bandas de Maras en Tecún Umán, porque “cuando acaban de cometer cualquier hecho ilícito huyen a México atravesando el río Suchiate”.

La Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Chiapas, revela que de 187 homicidios en los primeros nueve meses de este año en la costa y en la franja fronteriza con Guatemala, el 30 por ciento fue perpetrado con tortura, además del clásico tiro de gracia del gangsterismo.

El accionar de los maras mantiene a la población aterrorizada por la impunidad imperante y al sector productivo atemorizado ante esa inseguridad que provoca la fuga de inversiones, denuncian atemorizados comerciantes e industriales.

Al menos 56 homicidios fueron del tipo “ajusticiamiento”, en los que los cuerpos sin vida presentaban signos de tortura, maniatados y acribillados con más de 5 balazos.

Riberas de ríos, de carreteras y caminos, así como patios baldíos, precipicios u hondonadas de fincas y ranchos, y el interior de vehículos particulares fueron los lugares preferidos por los sicarios para abandonar los cadáveres de sus víctimas; aunque algunos fueron muertos con ráfagas de metralleta en plena calle o desde autos en marcha.

La PGJE que encabeza el ex fiscal antidrogas Mariano Herrán Salvatti admite que ninguno de los crímenes anteriores ha sido esclarecido.

Para el regidor del Ayuntamiento de Suchiate, Juan José González, la violencia “ha convertido a esta frontera en un pueblo en donde sólo impera la ley de los maras, en un pueblo aterrorizado”.

Servicio a la muerte

DETENIDOS. Los salvadoreños Melvin Fuentes (primero), Luis Alonso García (tercero) y Héctor Santos (cuarto), y el tapachulteco, Pablo Pérez Morales (segundo), fueron detenidos por la policía en Tapachula, en julio pasado, como presuntos implicados en la muerte de una menor hondureña.

El cónsul salvadoreño, Asdrúbal Aguilar Zepeda, califica de terrible cáncer social la irrupción de los maras en la vida del sur mexicano y los países centroamericanos. “Nacieron como agrupaciones de ayuda mutua ante el desempleo, la pobreza, la marginación y miseria en que se debatían latinos y negros por las políticas en su contra, implementadas por el Gobierno estadounidense", dice.

Agrega que primero nació la 18, y luego la mara Salvatrucha 13. Ambas nacieron con una serie de simbolismos y lenguaje corporal y, sobre todo, secretismo en su interior, pero fueron manipulados por algunos dirigentes en la lucha por el control de las calles y la venta de estupefacientes.

Tiempo después empezaron a matarse entre ellos, luego a asaltar y robar, a drogarse, a sumirse en el alcoholismo y drogadicción, a pintarrajearse todo el cuerpo con tatuajes y lemas; viajaron desde Los Ángeles de vuelta a sus país centroamericano, y en su paso por México, sobre todo en el sur, se fueron multiplicando como hongos cientos de células de maras locales, de acuerdo al diplomático.

En la actualidad las maras están conformadas indistintamente por centroamericanos comandados por uno o varios salvadoreños. Los mandos se obtienen por antecedentes criminales o pruebas de valor y por quienes se rodean de un grupo de fuerza que domina o controla la banda.

Aguilar explica que las víctimas más constantes de los maras han sido los indocumentados que viajan en los trenes. “Suman cientos los aventados del ferrocarril por los mareros al resistirse al asalto. Muchos mueren y otros quedan lisiados para toda su vida; el río Suchiate y la costa Chiapaneca están plagados de hechos sangrientos por los maras; en las cárceles de Chiapas existen más de 150 pandilleros centroamericanos”, dice.

Su forma de operar es mezclarse con los migrantes indocumentados para después asaltarlos y hasta matarlos. Sorprenden a sus víctimas en lugares de cruce clandestino, zonas de evasión de los controles migratorios y de paso obligado de indocumentados extranjeros. Es frecuente encontrarlos en bares, cantinas y prostíbulos.

Otra tarea que realizan es el vender protección a grupos de migrantes contra otras bandas o en contra de la acción de las autoridades.

La dirección de la Policía Municipal de Tapachula asegura que semanalmente realiza operativos en las colonias de la periferia de esa ciudad, deteniendo cada vez a una veintena de mareros que por su minoría de edad y, ante la negativa de las víctimas a formalizar sus denuncias, son puestos en libertad a pocas horas mediante un pago de multa.

Por su parte el secretario técnico del Consejo Municipal de Seguridad Pública de Tapachula, Francisco Velásquez, propuso desde julio pasado que ante la presencia de un sinnúmero de pandillas y la grave violencia prevaleciente en 100 colonias populares del sur oriente y poniente de la ciudad, debe haber toque de queda a partir de las 11:00 de la noche.

Adelantó que plantearía en la reunión de ese organismo la creación de la comisión contra vándalos y grupos conflictivos, que operan, añadió, en varias zonas de esta localidad en rechazo absoluto a los valores morales, éticos y a la misma autoridad

“Tenemos identificadas a muchas pandillas juveniles de las maras 13 o maras 18, autodenominados: Los Pelones, Los Nazis, Los Mau Mau, Los Catos, entre otras más en unas 100 colonias del sur oriente y poniente de la ciudad, a partir de las vías del tren”, refirió.

Los asentamientos humanos, en donde se desarrollan las pandillas, son de alta marginación y de extrema pobreza y “caldo de cultivo” para la inseguridad, el consumo de drogas, prostitución y violencia.

Por eso, Velásquez pidió la intervención de unos 2 mil militares navales y agentes de la Policía Federal Preventiva para que con sus sola presencia en las calles ayuden en la vigilancia e inhiban a los asaltantes, a los ladrones y a las pandillas.

Una de tantas

 

El 15 de julio pasado, elementos de la Procuraduría de Justicia localizaron y sacaron de un pozo artesanal, en una colonia al sur poniente, el cuerpo sin vida de Brenda Concepción Jiménez, miembro de la MS-13 . Posteriormente detuvieron en diferentes actos a 12 mareros, quienes fueron trasladados por la Policía Municipal al Centro Tutelar para Menores, acusados de ultrajar y asesinar a su compañera de la misma mara, por haberse ido a la 18.

Al momento en que la Policía Municipal los trasladaba al Centro Tutelar aseguraron que los asesinos de su compañera eran dos centroamericanos ilegales conocidos como “el Catracho” y “el Trucha”, que tras cometer el crimen continuaron su viaje a los Estados Unidos, a través de los trenes que van hacia el norte.

Dos días después, la Policía detuvo a tres salvadoreños y un tapachulteco más como responsables del asalto a un autobús y del crimen de la menor hondureña Yamileth Rivas cuyo cadáver fue extraído por lo bomberos también del interior de un pozo, de donde días antes había sacado el cuerpo sin vida de la niña mexicana, Jiménez .

Los salvadoreños capturados son Melvin Alfredo Fuentes, Héctor Manuel Santos Gálvez y Luis Alonso García Martínez, así como el tapachulteco, Pablo Pérez Morales..

Los salvadoreños Santos Gálvez y García Martínez, entrevistados en la celda, afirmaron ser originarios de San Pedro Chirilagua, San Miguel, y fueron detenidos en las vías de los trenes cuando esperaban, junto con medio centenar más de centroamericanos, la salida del tren en su viaje a los Estados Unidos. Ambos dijeron ser inocentes.

Por su parte, Fuentes afirmó haber nacido en la ciudad de San Salvador y dijo que sÍ asesinó a Yamileth con quien vivió por tres meses en Tapachula.

El Grupo de Protección al Migrante Beta Sur relató que en los primeros nueve meses de este año auxilió, por lo menos, a unos 1 mil 55 centroamericanos ilegales, que se quejaron de amenazas de muerte, golpes, robos y asaltos por parte de miembros de las denominadas maras Salvatruchas, en su riesgosoviaje por tren a los Estados Unidos.


Portada | Nación | Opinión | Mundo | Economía | Departamento 15 | Departamentos | Cultura | Vivir | Fama | Extremo | Deporte
Enfoques | La Tribuna | El Heraldo | Revista Dominical | Clasificados | Enlaces | Estado del Tiempo | Corporación LPG
Cámara en Vivo | Archivo | Escríbanos | Caricatura

© 2002 LA PRENSA GRÁFICA Todos los derechos son reservados. No se reproduzca en ninguna forma. All rights reserved. Do not reproduce in any form.