Editorial
Homenaje a la niñez y llamado social
Todo adulto al recordar su niñez debería, espontáneamente, mostrar una sonrisa
plena de satisfacción.
Vittorio Pocchetino, un sociólogo y psicólogo italiano renacentista y modernista,
escribió alguna vez que si un adulto desea volver a ser niño es que vivió una
infancia feliz, bajo el regazo de la protección de sus padres.
Desgraciadamente no todo adulto desea volver a ser niño, porque probablemente
vivió una infancia cargada de desconsuelo y sufrimiento, quizá marcada por la
pobreza, la falta de cariño, el irrespeto o el maltrato.
Por eso es responsabilidad del Estado y sus instituciones garantizar la protección,
el respeto y la dignificación de la infancia en todas sus formas y sentidos.
Esa responsabilidad es extensiva a los diferentes sectores de la sociedad
y, por supuesto, a cada adulto, de manera individual.
Individualmente, cada adulto tiene la obligación de garantizar la felicidad
de un niño (a) y de procurarle un futuro mejor. Este año, el comité de festejos
patronales de San Miguel abrió un concurso entre la población para poner el
nombre al XLIV carnaval migueleño. El requisito era que contuviera un mensaje
dedicado a la niñez salvadoreña.
La migueleña Ericka de Sorto fue la feliz ganadora al proponer el nombre ganador:
“Protejamos con valor la niñez de El Salvador”.
El nombre del carnaval encierra un gran mensaje, digno de llegar a la conciencia
de todos los salvadoreños y de todas las instituciones privadas y estatales.
A la niñez y a la adolescencia se le debe proteger, con mucho valor y esmero.
Un niño (a), en potencia, es un (a) gran ciudadano (a). Sólo es cuestión de
forjarle la personalidad y ofrecerle los espacios idóneos en el ámbito de la
educación, la salud, el entretenimiento y el acceso a los servicios básicos,
respetando sus derechos y brindándole mucho cariño y comprensión.
Byron R. Regis, un destacado científico estadounidense, graduado con honores
de la Universidad de Harvard, dice que vivió la niñez más feliz de su vida,
a pesar de haber convivido con una familia pobre y de ser minusválido.
Regis no podía caminar y tenía que compartir la comida de un mismo plato con
sus hermanos menores. Pero sus padres, un obrero de la construcción y una ama
de casa, se esmeraron en enseñarle buenos principios, le dieron cariño y respeto,
y le inculcaron hacer siempre el bien.
Creció rodeado de pobreza material, pero rico en espiritualidad. Cuando terminó
la primaria, con mucho sacrificio de sus padres se ganó una beca universitaria
y culminó sus estudios de química y biología.
Para Regis la pobreza no fue obstáculo para ser feliz en su infancia ni para
llegar a destacar, ya que contó con lo que un niño necesita: Protección, amor
y respeto.
Cuántos Regis no habrá en nuestra sociedad salvadoreña, sin que los adultos
tengamos el placer de ayudarles o brindarles lo necesario.
Por eso nos agrada que el comité de festejos rinda un homenaje a la niñez
con el eslogan ganador, pero la tarea no estará cumplida si no se conciencia
a la sociedad sobre la obligación de proteger a la niñez.
Los niños son el futuro de El Salvador y del Estado, los sectores sociales
y los adultos dependen de que la providencia nos ampare con futuros buenos ciudadanos
que sean el orgullo y la fuerza pujante del desarrollo nacional.
La niñez es la esperanza nacional. Un niño obligado a trabajar por las circunstancias
o maltratado física y psicológicamente siendo adulto no querrá volver a ser
niño... Los actuales adultos habremos fracasado.
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