¡Qué arriesgado es manejar en El Salvador!
Hilario Villalvilla Asenjo
hvasenjo@hotmail.com
Una de las cosas que más me llamaron la atención cuando por primera vez vine
a trabajar a El Salvador fue la forma de manejar que tienen muchos de sus habitantes
por las carreteras y calles del país.
La mayoría de los conductores muestra unas dosis de agresividad e insolidaridad
muy elevadas, lo cual me sorprendió y, hasta cierto punto, me alarmó. No se
respeta al peatón, que es considerado ciudadano de segunda frente al conductor,
situación curiosa cuando el mismo conductor es al mismo tiempo peatón. Los pasos
de cebra conocidos como “zonas de seguridad” para lo único que sirven es para
decorar el asfalto, sin que cumplan la función para la cual fueron concebidos:
el paso peatonal.
El segmento de población que muestra las más altas cotas de agresividad son
los buseros. Las primeras semanas de mi estancia en El Salvador (allá por el
mes de noviembre de 2001) me sentí cohibido ante estos señores. Pero ahora,
tras un año de estancia en este hermoso país, he tenido que dotarme de una fuerte
personalidad conductora frente a ellos; de lo contrario, hubiese tenido que
dejar de manejar, situación que no puede darse en mi vida ya que mi trabajo
profesional me obliga a manejar constantemente.
Además, los buseros son responsables de la mayoría de las trabazones que se
producen en ciudades como San Salvador, ya que ellos mismos no respetan los
lugares de parqueo temporal en las zonas de parada cuando se disponen a recoger
a los viajeros.
El que me haya dotado de una fuerte personalidad a la hora de manejar no implica
que yo tenga que adoptar las mismas dosis de agresividad que los buseros, sino
todo lo contrario. Se trata de prestar más atención a la hora de manejar procurando
no distraerme; analizar con rapidez y seriedad los movimientos de los buseros
y del resto de carros; adoptar soluciones rápidas y seguras ante situaciones
complicadas y de riesgo; mostrar prudencia, seguridad y amabilidad, al objeto
de demostrar con mi ejemplo que se puede manejar de otra forma más sensata y
segura.
Creo que es necesario que las autoridades gubernamentales y las municipalidades
de El Salvador se tomen muy en serio este problema, al objeto de buscar los
mecanismos más efectivos para corregir este tipo de conductas tan generalizadas.
El inicio de la solución podría estar en implementar campañas concienciadoras
a través de los medios de comunicación, y en la formación vial de los niños
y las niñas salvadoreños, ya que muchos de ellos serán futuros conductores,
y son los seres humanos más receptivos y sensibles. Hay que evitar, en la medida
de lo posible, adoptar medidas represivas, ya que no suelen conducir a resultados
aceptables.
En definitiva, mejorar la forma de manejar de los ciudadanos y ciudadanas
de El Salvador ayudaría a mejorar el tráfico por las calles y carreteras del
país, disminuiría ostensiblemente los accidentes, y evitaría empañar la imagen
de un país tropical en donde, en general, la ciudadanía es sosegada y tranquila,
¡salvo cuando agarran el carro o el bus y se ponen a manejar!
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