[Perspectiva]
¡Qué pregunta!
Sandra de Barraza
Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
sbarraza@laprensa.com.sv
El tema de las exportaciones ha estado en nuestra agenda nacional porque es
la base para un intercambio comercial y la fuente para generar divisas. Qué
exportamos, hacia dónde y cuánto ganamos con esto se convierten en preguntas
clave. Hasta ahora, según la información disponible, el principal producto de
exportación (y por cierto muy competitivo) han sido salvadoreños y salvadoreñas
que no tienen oportunidades de generar ingresos para sobrevivir. Es, y así tenemos
que reconocerlo, el trabajo de esta gente es lo que nos ha permitido que flotemos.
Los créditos ni las donaciones internacionales justificados por la pobreza
no han tenido el efecto que formalmente se declara y justifica porque no son
transferencia directa hacia el beneficiario, porque entre el que dona o presta
el dinero y la población beneficiaria hay un porcentaje muy alto de costos intermedios.
Las remesas, en cambio, han tenido impacto en la pobreza porque simple y sencillamente,
y a pesar de las comisiones que se pagan, van directamente a la gente. Son ellos
los que deciden su orientación. Son ellos los que se benefician del gasto.
Pero para desarrollarnos tenemos que exportar algo más que salvadoreños y
salvadoreñas. Tenemos que encontrar productos competitivos que nos permitan
insertarnos en el mercado mundial y aprovechar las oportunidades que dan los
instrumentos comerciales y las iniciativas que han dado como resultado tratados
comerciales como los que hasta ahora se han suscrito con Chile, México, Panamá
y República Dominicana. Nadie niega la importancia que tendría un tratado comercial
con Estados Unidos y Canadá. Pero no podemos estar confiados en que, por sí
mismos, éstos cambiarán las condiciones de vida de la población. Necesitamos,
como dijo Michael Porter en su reciente conferencia, mucha investigación y tecnología,
infraestructura y recursos humanos bien formados e informados.
En dos años vamos a tener un puerto en La Unión porque reconstruiremos el
antiguo puerto de Cutuco. Será un puerto de “tercera generación”. Es decir,
no será un puerto que se limite a la transferencia de mercancías como el puerto
de Acajutla. Por esto, tal como anuncian los responsables de su ejecución y
desarrollo, será único en Centroamérica. Pero el puerto por sí mismo, aunque
sea una infraestructura única y envidiable en Centroamérica, no cambiará las
condiciones de vida si previamente no somos capaces de encontrar los productos
y servicios que podemos ofrecer para aprovechar nuestra privilegiada posición
geográfica, que es puente para unir océanos y continentes.
En oriente próximamente tendremos una inversión millonaria que ha sido posible
por donaciones y créditos de Japón complementados con un crédito del BCIE. Pronto
tendremos también un “by pass” para asegurar que los camiones y tráileres no
se queden atrapados en las congestionadas calles del municipio. Pero nuevamente,
y la experiencia lo confirma, recuperar lo que se tuvo no significa que la vida
cambie para bien. Construir un puerto, me dijo el director del puerto de Kaohsiung
en Taiwán, demanda visión para proyectarse en el futuro y establecer metas.
Y actualmente este puerto es el cuarto más importante del mundo y aspira a recuperar
el tercero. Construir un puerto, me dijo la autoridad del puerto de Barcelona,
significa insertarse en el mundo construyendo puentes en lugar de muros. Y en
ambos casos, la infraestructura portuaria está nítidamente conectada con otros
servicios logísticos, pero sobre todo, con base exportable. Allí, cualquier
cantidad de contenedores entran a las terminales con producto. Pero y más importante,
de allí sale para el mundo cualquier cantidad de contenedores llenos de productos
con demanda en el mercado mundial. En Kaohsiung y en Barcelona, los puertos
no son más que puentes para conectar productores y consumidores.
Y en los dos casos, las preguntas de qué y hacia dónde exportar tienen más
que una o dos respuestas. La pregunta que me hizo el presidente de Evergreen,
una de las empresas, tal vez la más grande de Taiwán, al conocer las perspectivas
del puerto de La Unión fue: ¿Qué exporta El Salvador? La respuesta no tuvo el
menú que nos hubiese convenido para llamar su atención sobre las oportunidades
de hacer negocio.
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