Rimas y gestas
Se remiendan versos
Mario Noel Rodríguez/Columnista
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Roberto Godoy afinó su guitarra, volvió a ver a la flautista Ingrid Contreras y cantó un hermoso poema que finalizaba de manera magistral: Ahora tengo que llorar por este país que hemos crucificado
entre todos. Me levanté y aplaudí con lágrimas, una viejecita en el fondo del salón gritó: ¡amén!
Roberto, el brillante cantautor salvadoreño, además de impecable guitarrista, cantaría esa noche los versos del poeta Julio Iraheta Santos. Corría septiembre del 85, el país había perdido físicamente
a Hugo Lindo, corría a todo pulmón el bestial baño de sangre, viví Chile bello y doloroso. Conocía como la palma de mi mano los preciosos versos dedicados a su esposa Lidia, y por supuesto el famoso se
hacen y se remiendan versos, pero no donde Julio confiesa su amor por esta tierra, y llama conversión a la locura el haber encausado sus pasos tras las huellas del Mesías. El no creyente ahora se despoja
de la costra materialistoide e inclina su rostro para reconocer que Jesucristo es el auténtico camino al Creador. Ignoran que Cristo no es capitalista, ni reformista, ni padece infantilismos de izquierda.
Cuando él regrese, entonces veremos de quién son las mulas, grita el poeta convencido que ninguna componenda entre los hombres es comparable con el amor prometido por aquel que es cabeza sobre todas las
cosas.
Busqué un antecedente y encontré Salmos de Ernesto Cardenal, el poeta sandinista que fusionó cielo y revolución. Aunque la alabanza que derrocha Cardenal no la encontremos en el salvadoreño, Iraheta
Santos no peca de espiritualista.
En los años 60 nuestro poeta formó parte de Piedra y Siglo, grupo que tomó su nombre del memorable Piedra y Cielo colombiano. Roberto Godoy, por su parte fundó el grupo musical Pueblo de Dios. Los dos
nos hablaron en lengua de paz aquella noche remota en que el amanecer de la patria estaba a tantas leguas.
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