Fue la figura, fue el símbolo, el mito, la voz combativa que tronaba en una época de enfrentamiento. Se tuvo que marchar con la derrota de la Guerra Civil pero después regresó embotado
en su ropaje de paradigma de la reconciliación y trajo con él, de golpe, su obra —sólo el 15 por ciento de la misma se había publicado antes de que partiera para el exilio— que no se
pudo analizar con tino después, precisamente por haber llegado en avalancha.
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La artista Judy Chicago presentó en el Museo de Arte de Brooklyn la instalación “The dinner party”.
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Rimas y gestas
Roberto Godoy afinó su guitarra, volvió a ver a la flautista Ingrid Contreras y cantó un hermoso poema que finalizaba de manera magistral: Ahora tengo que llorar por este país que
hemos crucificado entre todos.
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