Imaginación sin límite
>> La creatividad de los candidatos a edil florece durante la campaña electoral: proponen proyectos casi inimaginables.
>> Si en los últimos 18 años los ediles hubiesen cumplido sus promesas, San Salvador sería una ciudad modelo: el problema de la basura y el desorden por las ventas callejeras no existiría.
Metzi Rosales/ Sara López/Blanca Abarca
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Son las 12:30 de un día de semana. La calle Rubén Darío y la 2.ª calle oriente están despejadas, al igual que otras arterías del centro capitalino. No hay ventas callejeras ni ambulantes. Los vendedores
están, como deber ser, en los mercados. Uno de ellos, muy moderno por cierto, es un centro comercial en la ex plaza Hula-Hula. El edificio tiene cinco plantas: en la primera hay mil 800 comerciantes y
en el resto se estacionan los cientos de autos que la visitan.
Este edificio exhibe un inmenso sello verde que certifica que su estructura fue construida con desperdicios domiciliares convertidos en aserrín y luego en ladrillos.
Si no encuentra lugar ahí, puede ir de compras al mercadito que fue construido en el ex predio de la Biblioteca Nacional o al ampliado, funcional y salubre mercado Central.
La ciudad luce limpia. En los últimos seis años, la Alcaldía de San Salvador ha logrado reciclar el 60% de la basura a través de una campaña: vende bolsas plásticas de diferentes colores a 25 centavos de colón y las compra repletas de desperdicios a 25 colones. Los desechos inorgánicos van a parar a un relleno sanitario y a una planta de transferencia.
¿Los botaderos? Sólo nos queda un mal recuerdo de ellos. Los pepenadores que trabajaban en ellos fueron contratados por la administración municipal para realizar las labores de reciclaje y, aunque no se les paga mucho, devengan más del mínimo.
La delicia de viajar en metro
El tráfico vehicular es fluido. Muy fluido. La construcción del metro aéreo que recorre desde Soyapango hasta El Salvador del Mundo en 16 minutos mermó el congestionamiento vehicular. Este proyecto costó 200 millones de dólares que fueron prestados a un banco con un financiamiento a 40 años, con un interés del 1.5%.
Pero el metro no resolvió por sí sólo todos los problemas. La rehabilitación de la vieja línea del tren de la estación oriente, que conduce a Apopa, la construcción de 21 pasos a desnivel y un anillo periférico, así como el traslado hacia fuera de la capital de las terminales de autobuses departamentales de Occidente y Oriente ayudó en la tarea.
La capital, además, se puede disfrutar de noche. Esa mezcla de zonas residenciales con restaurantes, bares y centros comerciales es cosa del pasado. Hubo un reordenamiento urbano integral y se establecieron sectores para la diversión nocturna en algunos puntos de la capital. ¡Ah! y las casas de citas son reguladas para que no violenten las ordenanzas municipales.
En las calles, por supuesto, no deambulan niños ni jóvenes sin hogar. Existen albergues en los que reciben alimento, ropa y donde les enseñan un oficio. Y para el sano esparcimiento de fin de semana, se construyó un parque recreativo-ecológico en la finca El Espino llamado Los Pericos. Sus instalaciones son vastas. Tiene una plaza de descanso para adultos, establos, un lago artificial, un aviario, miradores, sendas para andar en bicicleta, área para acampar y para comer, restaurante y parqueo.
Ésta sería San Salvador, pero no en el año 2050, sino en el actual 2003, si en las últimas seis gestiones edilicias, los candidatos ganadores hubieran cumplido al pie de la letra todas y cada una de las promesas con que sedujeron —o al menos lo intentaron— a los votantes capitalinos. La mayoría de promesas, sin embargo, fueron rotas.
En los últimos 18 años, los capitalinos y los salvadoreños en general han asistido seis veces a las urnas para escoger autoridades locales.
Mentes brillantes
En cada ocasión, los candidatos han demostrado una habilidad febril para hacer promesas electorales que, salvo en algunas ocasiones, no cumplen. Lo más curioso del fenómeno es que se repite con pasmosa similitud.
Los más tentados a empeñar su palabra suelen ser los candidatos a alcalde, quienes se convierten en los portaestandartes de las campañas partidarias y, de éstos, los más exigidos son aspirantes a alcalde capitalino.
Esto ocurre a pesar de que es en la otra elección paralela, la legislativa, donde hay más poder en juego. Es la Asamblea Legislativa la que aprueba las leyes, los empréstitos para la ejecución de obras e incluso el dinero para las comunas.
Las alcaldías, además, tienen una capacidad modesta para ejecutar grandes obras. Los ingresos propios de los 262 municipios en su conjunto son de apenas el 0.45% del producto interno bruto (PIB) del país.
Las comunas recibieron, en 2002, 872 millones 384 mil 362 colones anuales del Fondo para el Desarrollo Económico y Social (FODES), y muchas de ellas dependen de ese dinero para subsistir.
Los candidatos a alcalde nunca hablan en campaña de la obsoleta estructura tributaria, tanto en lo legal como en lo administrativo, que tienen las 262 alcaldías. Tocan el tema, sólo después de llegar a sus cargos, al caer en la cuenta de que los ingresos no son suficientes.
Los problemas más grandes y evidentes, mientras tanto, siguen ahí: el desorden vehicular, las ventas callejeras y la recolección y disposición final de la basura, por mencionar sólo algunos.
José Antonio Morales Ehrlich, quien fue edil capitalino entre 1985 y 1988, prometió ordenar el centro capitalino, construir más mercados y generar energía con la basura. Armando Calderón Sol retomó esto al igual que sus predecesores Mario Valiente y Héctor Silva (ver recuadro).
Valiente insiste en que sus macroproyectos —la gasificadora, el metro aéreo y el parque Los Pericos— resolverían el lío capitalino. Insiste en que tenía el financiamiento para ejecutarlos, pero argumenta que “por razones políticas” no tuvieron el aval del entonces presidente Armando Calderón Sol (ver entrevista).
¿Y si hubiera ganado el otro?
¿Se equivocaron los capitalinos al elegir a estos ex alcaldes? Alejandro Duarte había prometido la construcción de 5 mil casas. Con Mauricio Meyer, los
taxistas no pagarían el impuesto por vialidad y los motoristas no trabajarían más de doce horas.
Las comunidades tendrían sus propias clínicas, habría una perrera municipal y un tranvía solar que se desplazaría desde Opico hasta San Martín, si José Coto, del extinto Movimiento Unidad (MU) hubiera rozado la silla edilicia.
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COSAS EN COMÚN. Mario Valiente y Héctor Silva, los últimos dos alcaldes de San Salvador, se marcharon de cargo sin solucionar el caos del centro.
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Jorge Alfaro, del desaparecido Movimiento Solidaridad Nacional (MSN), hubiera erradicado la delincuencia, la prostitución y la drogadicción con campañas educativas y generación de empleos. La marginalidad
y la pobreza extrema se hubieran combatido con una lotería municipal, si José Napoleón Duarte hubiera ganado en 1994.
Schafik Hándal, el primer candidato que representó al FMLN en los comicios municipales, hubiese convertido el parque Cuscatlán en una sala de exposiciones y combatido la delincuencia.
Luis Cardenal, candidato de ARENA en la última elección prometió, además de resolver los problemas eternos de la capital, descontaminar el río Acelhuate.
Más allá de las ilusiones
En los últimos 18 años, a pesar de las promesas fallidas, la capital ha mejorado un poco, pero a un ritmo demasiado lento, y no por el camino discutido en las campañas.
El reto sigue siendo grande: el desorden en el centro por las ventas y el transporte sigue ahí, al igual que las zonas de alto riego y el drenaje caduco de buena parte de la ciudad.
La ciudad, aunque parezca inverosímil, tiene remedios, pero no son lo suficientemente sexys, como para discutirlos en una campaña: el Plan Maestro para el Desarrollo Urbano (PLAMADUR) y el Plan Maestro del Transporte (PLAMATRANS).
Ambos estudios, para cuya implementación se necesita el apoyo del Gobierno central, no suenan atractivos en términos electorales. ¿Cómo convencer a los buseros de que no deben llegar al centro o a los vendedores de que es necesario trasladar el mercado Central? Hacerlo es casi tan difícil como convencer a los capitalinos de que no hay otra forma de financiar el mejoramiento de la ciudad, sino a través de los impuestos.
La campaña electoral de las próximas elecciones, se supone, debe comenzar hasta febrero, pero los anuncios de televisión y radio ya comenzaron a aparecer.
Muy pronto comenzarán a aparecer también las propuestas para hacer de San Salvador una ciudad bella, como la que tuviéramos si los alcaldes hubieran cumplido todas sus promesas.
Lo que el viento se llevó
José Antonio Morales Ehrlich 1985-1988
- Ordenamiento comercial del centro capitalino.
- Construcción de más mercados y la formalización de de 12,000 vendedores ambulantes.
- Construcción de parques artesanales.
- Generación de energía con la basura.
Armando Calderón Sol 1988-1994
- Ordenamiento de las ventas del centro.
- Construcción de un albergue juvenil.
- Construcción de un nuevo relleno sanitario que tendría una vida útil de 20 años.
- Finalización de la construcción de modernas terminales de autobuses.
- Construcción del parque Los Pericos en la finca El Espino.
Mario Valiente 1994-1997
- Construcción de un mercado de cinco plantas en el parque Hula-Hula para ubicar a 1,800 vendedores callejeros.
- Construcción del parque Los Pericos en El Espino.
- Instalación de una gasificadora de basura.
- Construcción de un metro aéreo.
- Construcción de 21 pasos a desnivel.
Héctor Silva 1997-2003
- Construcción de estacionamientos verticales para un mejor acceso a los mercados.
- Rescate del centro histórico, reubicación de los vendedores y recuperación de las calles.
- Impulso al reciclaje como fuente de trabajo. La alcaldía vendería bolsas plásticas de diferentes colores a 25 centavos y las compraría llenas de basura a 25 colones.
- Mejoramiento de las condiciones de trabajo, salud, salubridad y seguridad dentro de los mercados municipales.
- Construcción de un centro comercial en el parque Hula-Hula.
- Construcción de parque recreativo-ecológico.
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