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La Prensa Gráfica
Entrevista con Alexis Argüello

Alexis: “Vivía en un mundo de perdición”

Estuvo en el cielo, y luego, en el infierno. Hoy, el tricampeón mundial Alexis Argüello está en un lugar más plácido, más sosegado. Ahí nos recibió.

Gabriel Trillos/Enviado especial
deporte@laprensa.com.sv

FOTO DE LA PRENSA, POR MILTON FLORES/ENVIADO ESPECIAL

ALEXIS ARGÜELLO POSA COMO EN SUS MEJORES TIEMPOS. El púgil nicaragüense acompañó a Carlos Hernández durante la pelea del sábado en Las Vegas, Nevada.

“El Flaco” se acomoda en su silla, firma un autógrafo y continúa hablando. Otros lo interrumpen para fotografiarse con él y felicitarlo. “Campeón” es la palabra que lo identifica de boca en boca. Hispanos y estadounidenses reconocen al boxeador nicaragüense tres veces campeón del mundo Alexis Argüello.

Los expertos le asignaron la 20ª casilla entre los mejores peleadores de la historia, y su carrera de más de 20 años lo llevó al Salón de la Fama.

Argüello tiene ya 52 años. Tuvo su mejor época en la década del 70, cuando logró sus tres cinturones; luego enfrentó una dura etapa de depresión, que incluyó alcohol y drogas. Estuvo a punto de suicidarse, y ahora, con su elegancia recuperada, viste de saco y corbata, habla de Dios, y en ocasiones, adopta casi el estilo de un político. “¡Es mi abogado!”, “¡Senador!”, le gritó Roberto Durán en diversas ocasiones al escucharlo en Las Vegas.

Argüello, en retrospectiva, detalla sus mejores y peores peleas.

Hace 20 años de las famosas peleas con Aaron Pryor, que prácticamente significaron el cierre de su carrera. ¿Cómo recuerda esas dos peleas, la de noviembre de 1982 y la de septiembre de 1983?

A nadie le gusta pasar por el ocaso de su vida. El ocaso de una carrera que comenzó en 1974, tiempo en que me corono campeón del mundo contra Rubén Olivares, en Los Ángeles. Desde ese momento, pasa tanto tiempo. Del 74 al 82, pasan ocho años en que hago 23 defensas de título, y entrar en esa etapa, cuando ya tenía 33 años, no era lo mismo. Allí fue donde me di cuenta que, como dicen en Nicaragua, a todo chancho le llega su sábado. Pryor, un tremendo peleador, con velocidad, con reflejo, muy fuerte, me cortó las aspiraciones. Yo buscaba mi cuarto título mundial. Me encontré con esa pared que se llamaba Aaron Pryor.

¿Se había preparado bien, llegó en condiciones?

Con la pera
TU MEJOR PELEA: cada una de ellas.
TU PEOR PELEA: la que perdí contra la fama.
TU GRAN ENEMIGO: yo mismo.
A QUIÉN LE TEMISTE EN TU CARRERA: Israel Medina, en 1968, mi primer pelea.
TU MEJOR GOLPE: una derecha recta, con cruzado de izquierda.
TU INSPIRACIÓN: Eduardo “el Ratón” Mojica, Sugar Ray Robinson y Alí.
EL MEJOR DE LA HISTORIA: Robinson, Louis, Alí.
EL MEJOR LATINO: Kid Chocolate, Monzón, Mantequilla Nápoles.
CÓMO TE DEFINES: una persona exigente, perfeccionista.
A QUIÉN LE DISTE TU MEJOR PALIZA: a Diego Alcalá, en Puerto Rico. Me dio pesar. Creí que lo había matado en 1979.
QUIÉN TE DIO UNA PALIZA: Pryor.
A QUIÉN TE HUBIERA GUSTADO NOQUEAR: a Pryor.
CON QUIÉN TE GUSTARÍA PELEAR SI ESTUVIERAS EN TU MEJOR MOMENTO: no me harían los mandados.

Sí, óptimas. Lo que pasa es que él era muy bueno. A mí me pasó como le pasó a Sugar Ray Robinson o como le pasó a Alí, a quien lo vimos ganar un título mundial en los pesados, y años después lo vimos perder, ya en decadencia. Todo individuo tiene su ocaso.

En la primera pelea, en 1982, recibió muchísimos golpes, tantos, que pudo haber tenido lesiones cerebrales...

Gracias a Dios no pasó nada de eso. Verdaderamente, si nos ponemos a ver, al cuerpo en buenas condiciones, por más golpes que reciba, no la va a pasar nada. A veces eso se nos olvida. El cuerpo es la maquinaria mejor elaborada.

Meses después, volvió a enfrentarse a Pryor, pero la historia fue la misma.

El castigo esa vez fue menor. Pryor estaba en excelentes condiciones. Yo personalmente digo que me fundí en el entrenamiento. Yo ya había ganado mis tres títulos mundiales. Ése cuarto título me obligaba a un entrenamiento más fuerte. Tenía mucha presión y me esforcé tanto que me fundí. A la hora que llegué a la pelea con Pryor estaba prácticamente fundido, sin energía. Y muchos decían que él había usado droga, y no, lo que pasa es que él tenía la naturaleza de la juventud. Él tenía 24 años, yo tenía 33.

Después de esas peleas con Pryor, usted se retiró. Volvió tres años después y estuvo técnicamente activo, aunque peleó sólo cuatro veces en 10 años. ¿Por qué regresó al cuadrilátero?

Es por ese gusanito que uno lleva. Y lo que uno aprendió a ganar, uno cree que lo puede seguir desarrollando, y lo que está hecho está hecho. Volvía por varias razones. Por dinero, por la falta que nos hace la fama, la atención. Todo eso hace falta.

Fue uno de los promovidos por el polémico Don King. ¿Cómo considera su experiencia con él?

Bueno, podríamos decir que el único problema era que él quería que firmara cinco o seis contratos y yo firmaba individual. Y a él no le gustaba eso, y se arrechaba.

Aunque le quedó debiendo 95 mil dólares...

Eso es de Nueva York, 1979. Tuvimos problemas, no me quiso pagar porque perdí, aunque yo le dije que ya teníamos un compromiso. Pero él es un hombre de negocios, eh, y no por eso yo voy a decir nada malo de él. Es un hombre como cualquiera de nosotros, que está en el negocio. Y hay un lado humano, en el que yo no coincido con él, sin querer ofender a nadie, ni nada por el estilo. Es el lado de que siempre quiere estar en la esquina de los ganadores, y no quiere ni saludar a los perdedores, aunque éstos sean promovidos por él.

¿Qué recuerda de cuando ganó su primer título contra “el Púas” Olivares?

Recuerdo como si fuera ayer, que por cierto me paró la migra allí en Los Ángeles; como tres días antes de la pelea, porque yo andaba “window shopping” por las calles del “downtown”, y me iban a llevar a la cárcel. Les dije que tenía mis papeles en el hotel, que me permitieran ir a mostrárselos. Me llevaron y resulta que los invitamos a la pelea.

¿Las apuestas en esa pelea eran a favor de Olivares?

Sí, porque era un tremendo campeón, un tremendo peleador, y lo único es lo que yo entiendo ahora. Él ya tenía 33 años, yo tenía 20 años. Tenía la leche en los labios. Estaba jovencito…. Y fue muy difícil. La pelea se miraba de una cara por la experiencia de Olivares. Desde el primer round, él me iba dando una cátedra tremenda, sin embargo, demostré mi persistencia ese día, seguí adelante. Él iba ganando hasta el 10º asalto. Luego, su condición comienza a decaer, y allí es donde yo comienzo a demostrar que siempre la juventud se va a imponer, cuando tengamos la convicción.

Su segundo título lo ganó contra Escalera, en 1978, y el tercero contra Jym Watt, en Londres, en 1981. ¿Estaba al tope de su carrera?

Sí, allí, puta (suspira). Estaba volando, y aunque ya tenía 32 años. Y la mejor experiencia fue haber visitado Inglaterra. Me di cuenta de lo bonito que era el viejo mundo. Peleamos con Jym Watt en Wembley, un escocés zurdo, muy fuerte.

¿Por qué le decían “el Flaco Explosivo”?

Porque era muy flaquito y cuando conectaba una derecha larga, no se quedaba parado nadie.

¿Quién le puso ese apodo?

Que en paz descanse, fue el viejo cronista deportivo Sucre Fresh. Que casi le daban paros del corazón en mi peleas. Y fue en esa pelea que dijo la frase famosa: “Flaco ‘hijuelagranputa’, me vas matar del corazón”.

Ahora en el retiro, después de tantos años, ¿qué pasa en la vida de Alexis Argüello?

Es la etapa más linda. Quiero darle de regreso a este lindo deporte la honorabilidad, el respeto, y tratar de seguirle diciendo a los jóvenes que el mundo es un lindo lugar, que con inteligencia y con dedicación podemos hacer lo que se nos antoje.

Como usted dice, ahora está pasando una etapa muy linda, pero hace unos tres o cuatro años tuvo un etapa muy dura, pasó por drogas, alcohol…

A los 38 años encontré la debilidad humana, y entiendo como debilidad normal. El mundo nos deslumbra. Tenemos fama, tenemos dinero, y allí es donde caemos en el brillo. Y eso lo debés controlar. Entré en un mundo de holgazanería, de alcohol, de drogas, de sexo, y eso era, ha sido, la perdición. Y en el programa de narcóticos anónimos la identificamos como cárceles, hospitales y la muerte, son las tres contestaciones que te da esa vida. ¿Y de dónde viene eso? Del éxito. Yo tomaba, me drogaba, vivía un mundo de perdición y mentiras.

¿Cómo logró salir?

Él (Dios). De haber estado con un cuchillo en el aposento de mi casa, drogándome, y un cuchillo tratando de ensartármelo en el corazón, y cada vez que me hincaba me dolía, y entonces yo le decía a él por qué me había abandonado, y él me dijo que yo era el que lo había abandonado a él, y es la verdad. Como dice en sus palabras, el que quiera vivir el mundo no está conmigo, y ahora yo quiero vivir su mundo, de control, de respeto. A él, que me da la fortaleza todas las noches, y tener esta mentalidad positiva.

Ahora tiene un gimnasio...

Bueno, no es mío. Es de la comunidad, de la Alcaldía de Managua, un proyecto que estamos desarrollando para que esas futuras estrellas le den mucho al país. Tenemos como 400 muchachos en este gimnasio en Managua, es un programa sin costo, para todas las edades.

¿Espera sacar campeones?

Ésa es la idea, aunque la primera parte es lograr medallas centroamericanas. Y tenemos chavales de nueve años que ya tienen de cinco a seis peleas, 60 libras. Pero en el fondo pensamos que en vez de tener a todos estos muchachos vagando, en las pandillas, los tenemos controlados haciendo ejercicios, desde la 1:00 de la tarde hasta las 8:00 de la noche.


Alexis para principiantes

Alejandro (Alexis) Argüello nació en Managua el 19 de abril de 1952. Fue un extraordinario boxeador, un durísimo pegador dotado de una gran técnica, que llegó a disputar el título mundial en 22 ocasiones, de las que venció en 19 de ellas, perdió en tres y conquistó los títulos universales de tres categorías distintas: pluma, superpluma y ligero.


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