El mundo se opone a los transgénicos
El miedo a la comida
Tiempo atrás en 1984-cuando Hall era un congresista
del estado productor de maíz, Ohio- fue a una
misión investigadora a Etiopía, país
que había estado sufriendo de hambrunas, para
así poder argumentar mejor el caso en Washington
y aumentar la ayuda alimenticia estadounidense.
Fred Guterl/Newsweek
enfoques@laprensa.com.sv
Posiblemente su mejor intento de asegurar la vasta
cosecha estadounidense de granos para el bien del mundo
se dio el pasado otoño, cuando llegó a
Roma como el embajador estadounidense para las agencias
de alimentos de las Naciones Unidas. El momento que
escogió, no obstante, no podría ser peor.
Actualmente, lo último que incluso las partes
más hambrientas del mundo quieren es alimentos
estadounidenses genéticamente modificados, como
el maíz dorado de Ohio.
Europa ha desdeñado por años los productos
estadounidenses como el maíz, los tomates y la
soya, que los científicos han manipulado para
que contengan genes artificiales. Ahora, en aún
otra permutación de un antiamericanismo global,
el resto del mundo parece estar haciendo lo mismo. China,
uno de los productores agrícolas más grandes
del mundo, invirtió miles de millones de dólares
en cultivos genéticamente modificados sólo
para reducir, el año pasado, las importaciones
y las nuevas inversiones extranjeras en desarrollo de
semillas modificadas. Hasta los pobres del mundo, parece,
no quieren el grano estadounidense. En noviembre, India
congeló los cargamentos de ayuda alimenticia
de maíz y soya de Estados Unidos. Y en octubre,
Zambia rechazó 18,000 toneladas de maíz
estadounidense, aún cuando 3 millones de sus
ciudadanos se encuentran a punto de morir de hambre.
¿Por qué se teme a la Franken-comida?
El rechazo de Zambia, manifestó Greenpeace,
fue un triunfo de la soberanía nacional.
Pero para Hall fue casi una afronta personal. Justo
cuando piensas haberlo visto todo, ves alimentos embarcados
fuera de un país donde personas hambrientas están
linchando a funcionarios públicos y protestando,
dice. Esta no es una discusión intelectual,
es un problema moral, una cuestión de vida o
muerte.
¿Qué ha inspirado tal oposición
a las así llamada "Franken-comida"?
La respuesta se ha vuelto tan complicada como el empalme
de genes necesario para crearlas. Los oficiales estadounidenses,
aislados y quizás un poco paranoicos, ven la
influencia de Europa detrás de cualquier vacilación
sobre los cultivos genéticamente modificados.
El Representante de Comercio Estadounidense Robert Zoellick
llama al moratorio europeo sobre los alimentos genéticamente
modificados inmoral y retrógrada
y quiere apelar ante la Organización Mundial
de Comercio. Los europeos niegan haber obligado a las
demás regiones. No hay presión europea
gubernamental para hacer esto, dice Alexander
de Roo, un miembro del Partido Verde del Parlamento
Europeo. Son los mismos gobiernos los que están
rechazando los alimentos genéticamente modificados.
Por supuesto, el directorado general de la Comisión
Europea de Salud y de Protección al Consumidor
sí le dio documentación e investigaciones
a los países interesados, dice la vocera
Beate Gminder, pero no intentamos de influir en
sus decisiones.
Los estadounidenses sospechan, en parte, porque el
maíz modificado parece ser tan seguro. Después
de todo, no brilla en la oscuridad y no despide ninguna
radiación letal. De hecho, se ve y sabe como
el viejo maíz conocido y, genéticamente,
es casi idéntico a excepción de
un gen adicional, que los científicos en el laboratorio
transplantaron del Bacillus thuringiensis, una bacteria.
El gen le provee al maíz la habilidad de repeler
plagas como el gusano del algodón, un insecto
molesto que tiene el mal hábito de devastar los
sembrados de maíz. Los cultivos genéticamente
modificados más utilizados el algodón
y el maíz tienen este gen Bt.
Como la industria agrícola estadounidense está
ansiosa por resaltar, la tecnología ha sido un
gran éxito: ha reducido la cantidad de pesticidas
que los agricultores han tenido que regar en sus plantaciones
de maíz, con consecuencias felices para el medio
ambiente y la salud humana. Los reguladores de salud
estadounidenses no han podido encontrar nada malo con
comer maíz Bt. Ahora se encuentra en casi dos
tercios de todos los productos con maíz en los
mostradores de las tiendas estadounidenses. Es poco
probable que los alimentos genéticamente modificados
que ya están en el mercado presenten un
problema para la salud de las personas, dice Jorgen
Schlundt, director del Programa de Seguridad Alimenticia
de la Organización Mundial de la Salud. Hasta
los funcionarios europeos admiten que los riesgos a
la salud son diminutos. ¿Entonces por qué
el resto del mundo no se relaja y hornea unos pastelitos
de maíz? Por las dudas, la ignorancia,
el mal, dice Hall.
El temor político
Puede ser. Pero puede haber algo más en el escepticismo
sobre los cultivos genéticamente modificados.
En India, por ejemplo, los funcionarios siempre han
mantenido preocupaciones de seguridad al estilo europeo
sobre los alimentos genéticamente modificados.
Aunque el gobierno aprobó el algodón Bt
el pasado marzo, después de una extenuante batalla
de cuatro años, nunca ha aprobado el maíz
GM u otros cultivos comestibles. Y la controversia sobre
el algodón tan sólo ha aumentado la resistencia.
El pasado noviembre, las autoridades exigieron una garantía
escrita de que los cargamentos de ayuda de Estados Unidos
no contenían granos GM o algo que se le parezca.
Los socorristas de CARE no pudieron seguir los lineamientos.
Después de seis meses de intentar introducirlos,
embarcaron los sacos de harina hacia África.
El público hindú, como aquel en países
desde Francia hasta Zimbabwe, parece haber equiparado
los alimentos GM con la agricultura estadounidense,
y no confían en ninguno de los dos. Temen que
los genes extranjeros de alguna manera contaminen sus
propios cultivos y campos, y temen que sus agricultores
se vuelvan dependientes en las compañías
estadounidenses para obtener semillas GM.
Aunque los funcionarios citan las preocupaciones usuales
de seguridad y medio ambiente, la posibilidad de ser
sacados de los mercados de exportación puede
ser el miedo de más peso. Media vez los cultivos
GM se cultivan a gran escala, es difícil, sino
imposible, removerlas del sistema agrícola. ¿Qué
mantendría los cultivos de maíz GM, con
su poderoso gen adicional, de imponerse ante las variedades
naturales y más débiles de maíz?
China teme ensuciar por siempre sus exportaciones con
la maleza GM, lo cual pondría el grito en el
cielo en los mercados en Europa, sin mencionar países
asiáticos caprichosos como Corea del Sur.
No es una amenaza teórica. Después de
que China desarrolló variedades de tabaco GM,
Europa le cerró las puertas a las importaciones
chinas en 1990. Afectó significativamente
el comercio, dijo Huang Jikun, director del Centro
para la Política Agrícola China, en Pekín:
El Gobierno se dio cuenta de que el impacto (económico)
que las preocupaciones de bioseguridad podrían
tener.
El giro de China ha subrayado lo aislado que Washington
está ahora. Pensamos que China era nuestro
amigo en la biotecnología, dice un oficial
estadounidense. La mayoría de nuestros
recursos estaban dirigidos a áreas problemáticas
como Europa. Eso ha cambiado ahora. El gobierno
estadounidense recientemente comenzó a entrenar
a oficiales regulatorios chinos sobre los cultivos transgénicos.
Los partidarios de la industria estadounidense de granos
de soya, la cual suple a China con la mitad de sus granos
de soya, abordan a los oficiales chinos en las conferencias
y les envían a los científicos información
sobre la soya GM.
Los grupos ambientalistas sienten la desesperación
de Washington. Greenpeace se estableció en Pekín
el verano pasado y comenzó a trabajar a través
de la prensa china y los comités comunitarios
controlados por el Partido Comunista para crear
conciencia pública sobre los alimentos modificados
genéticamente.
Hay señales de que el público chino
está comenzando a tener dudas. Hace unos
años, cuando hablaba con quienes hacían
las políticas, nadie se oponía a los GMO,
dijo Huang. "Pero en los pasados dos o tres años,
cuando hablo con algunos oficiales, ellos dicen, 'no
voy a comer alimentos modificados con biotecnología'.
La batalla apenas comienza
Un cambio en la proporción riesgo-recompensa
podría darle a los cultivos GM un estímulo.
Por ahora, las tecnologías genéticas no
han llevado a precios drásticamente bajos, pero,
mientras las provisiones aumentan, algunos expertos
piensan que una disminución de un 30% es probable.
En 2001, los cultivos GM alrededor del mundo cubrían
unas 53 millones de hectáreas, 15 por ciento
más que el año anterior, de acuerdo con
un estudio reciente por el Servicio Internacional para
la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas.
Brasil, el segundo productor de soya más grande
del mundo, por ahora ha evitado las variedades genéticamente
modificadas. Pero los científicos brasileños
están desarrollando varios tipos de cultivos
GM. Si inventan nuevas semillas tentadoras, Brasil podría
decidir lanzarse más pronto que más tarde.
Lo que a fin de cuentas sucede en lugares como India,
China y Brasil, no obstante, dependerá en gran
medida en lo que pase en Europa. Por el momento, los
alimentos GM no son terriblemente populares con los
consumidores europeos, cuyas memorias del fiasco sobre
la enfermedad de las vacas locas aún está
fresca. Media vez mejores regulaciones estén
en su lugar, las actitudes podrían ablandarse.
Este año, la UE está implantando reglas
de etiquetas. Si las leyes de responsabilidad también
fueran fortalecidas, para que los consumidores sintieran
que tienen un mejor recurso contra la industria alimenticia,
los consumidores europeos podrían alterar su
resistencia hacia los cultivos GM. Creo que los
alimentos GM serán aceptados por los consumidores
europeos en algún tiempo en los siguientes cinco
a 10 años, dice Julia Moore del Centro
Internacional Woodrow Wilson, en Washington, D.C.
La pregunta es ¿será entonces demasiado
tarde para cambiar las mentes de los consumidores en
el resto del mundo, quienes no tienen el beneficio de
tales protecciones?
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