Las cosas que le molestan a Manu Chao
Para conocer a un músico puedes estudiar sus letras, sus ritmos o sus filias.
Pero hay un atajo: saber qué le toca los bajos sentimientos
Kike Turrón & Kike
Babas /Rolling Stone
fama@laprensa.com.sv
Dice Manu, mientras charlamos, que está ensayando con Radio Bemba en un club
barcelonés, que quizás haga una película y ruede en el Polo Norte, que se ha
quedado prendado con la Europa del Este o que está loco con los Mötorhead y
con lo último de Evaristo, de La Polla Records. También, entre risas, dice que
igual le vale todo y se da un viro a la Patagonia.
Hace unas horas Manu Chao ha estado sentado en el estrado de un centro social
okupado madrileño, donde escuchó atento las palabras del Subcomandante Marcos
a través de una carta que se leyó por el micrófono. “El Sub” le sermoneaba desde
la garganta de quien leía la misiva. Con gracia sobrada, Marcos le recordó las
cuerdas de guitarra que le rompió en la “jam” del día en que se encontraron.
Manu también ha estado participando en unas jornadas zapatistas, sin guitarra,
en plan discreto, de conferenciante. La tarde anterior
pasó por el Círculo de Bellas Artes de Madrid: en la
mesa de debate, entre otros, el Nobel José Saramago.
Manu está muy jodido por la nefasta rotura del petrolero
Prestige frente a sus queridas costas gallegas. Y desde
luego quiere hacer algo, ayudar de alguna manera, arrimar
el hombro en estas horas sombrías.
Buscamos, en el discurso de Manu Chao, más cosas que, como la tragedia del
petrolero, le molestan de verdad. La historia del Metro madrileño —ha sido demandado
por los locutores que anuncian las estaciones por usar sus voces sin permiso—
prefiere contarla cuando lo exija la ley.
La industria, que coarta y despide sin pudor
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“Hoy me estoy yendo de la última multinacional donde me sentía a gusto, así
que no me voy a otra porque las demás son peores. Me voy de Virgin porque filosóficamente
no me gusta cómo va. Los últimos seis meses se han tomado unas decisiones que
no me gustan, es algo que me impide colaborar cómodamente con esta gente. Han
despedido al 20% del personal y se lo dije claro: ‘Si largáis a toda esa gente,
me voy con ellos. Muchos de esos currantes son colegas’. Pero tengo mi propia
editorial, algo nuestro y que mantiene la posibilidad de hacer cosas. Y ése
es el dinero que me sirve para plantearme proyectos, lo que me mantendrá en
el futuro. Hace mucho que no soy un artista de Virgin, simplemente me hacen
la distribución. Poco a poco se aprende. A uno le limitan para crear. La mayor
parte de la música que hago en casa es completamente incomercializable. No se
puede hacer un ‘copyright’ de eso, son veinte mil cosas las que uso en cada
canción, pedir los permisos de todo eso es poco menos que imposible. Lo que
más me mola grabar no puedo hacerlo. A mí me gusta enredar, coger pedacillos,
pegarlos, darles la vuelta. En los discos comerciales que hago todo está al
orden, controlado, si no, ya sabes lo que pasa.”
Las protestas de Génova
“Desde la actuación en Génova no me sueltan con lo de la antiglobalización.
La prensa quiso hacerme el líder de algo, y yo les explicaba que no, y vuelta
con lo mismo. Se desmintió veinte mil veces y tendré que desmentirlo otras tantas.
Desde ese concierto llevo esa bandera... o esa cruz, no se qué decir. Fue casual
el que estuviésemos allí, podríamos haber estado en Malpica, y sé que históricamente
ese día fue importante, pero no porque yo estuviese allí. Para salir en la foto
ya están los famosos de turno.”
La fabricación del personaje Manu Chao
“Se hacen miles de personajes con Manu Chao, de muchos no me entero o no quiero
enterarme, paso de volverme esquizofrénico y multiplicado por mil. Mi único
problema es mi conciencia; sino, me vuelvo loco entre lo que piensa uno y lo
que dice el otro. Uno me toma por un medio dios ‘bobmárlico’; otro, como el
último cabrón del planeta; y tengo todo el arcoiris de gente que me ve diferente
y que dicen de todo.”
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