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En su oficina en radio YSKL, Raúl Beltrán Bonilla, director de noticias deportivas, habla sobre la carrera periodística y empresarial de quien fue su alumno en sus tiempos de instructor en el Departamento de Periodismo de la Universidad de El Salvador: Elías Antonio Saca. Menciona sus cualidades y relata cómo gracias a ellas en un corto plazo crea su imperio en la radio.
Beltrán agrega: Muchos nos quedamos de empleados, comprando espacitos en radio; me alegra por él. Minutos antes, llega al fax de su oficina un documento en el que se enumeran las radios amigas de Tony Saca más de cuarenta que habrían de cubrir en cadena la actividad arenera del pasado domingo, en que el candidato presentó a su compañera de fórmula, Ana Vilma de Escobar.
El candidato arenero, recién nombrado presidente del partido, es un hombre que se mueve como pez en el agua en el mundo empresarial de las telecomunicaciones. Ahora está empezando a mostrar los mismo dotes en un campo quizá más difícil: la política partidista.
La de Saca es, sin duda, una historia de éxito. Nació en seno de una familia acomodada venida a menos, para luego volver a subir. Y lo hizo ante los ojos de los miles de salvadoreños que hace dos décadas lo comenzaron a ver en las pantallas de sus televisores entre jugadas de fútbol, y que prestaron oídos a su voz en la radio. Son los mismos que actualmente lo escuchan ya no narrar deportes, sino enviar su mensaje político como candidato presidencial.
Éxito. No puede llamársele de otra forma a partir de cero, comenzar como locutor deportivo en una pequeña radio y llegar a ser un empresario y candidato a presidente de un país. No obstante, entre el punto de partida y el actual, hay un largo camino en el que el candidato construyó los distintos factores que le permitieron, veinticinco años más adelante, llegar a ser, en potencia, uno de los presidentes más jóvenes del país.
Herencia palestina
Los orígenes de la familia Saca en El Salvador se remontan a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando un grupo de inmigrantes palestinos católicos provinientes de Belén vio en El Salvador una tierra con las oportunidades que le habían sido negadas en su ciudad natal y emprenden el sueño salvadoreño.
El imperio Otomano (turco) había invadido Palestina y no era precisamente generoso con la comunidad cristiana. Es así que el abuelo paterno de Saca, Jorge Saca Hasbún, llega a El Salvador a los 17 años, enviado por su padre al país debido a que en estas tierras habitaba su hermano, Emilio Saca, propietario de un almacén. Después de vivir en Suchitoto y en San Vicente, Jorge Saca funda en Usulután una familia de comerciantes. Uno de sus hijos es Ricardo Saca Hirezi, padre de Elías Antonio Saca. Era un hombre de mucho éxito empresarial en Usulután, tenía un negocio muy grande, de algodoneras. Sembraba 200 manzanas de algodón, comenta José Luis Saca, tío de Tony Saca y también empresario radiofónico. Es así que Elías Antonio Saca nace, el 9 de marzo de 1965, en el seno de una familia acomodada. Es el menor de siete hijos.
Voz que llega para quedarse
Su prima hermana María Luisa González, quien aún vive en Usulután, cuenta que desde pequeño Tony Saca solía narrar partidos y grabar su propia voz, algo que le causaba gracia a sus familiares y que pocos imaginaron podría ser un factor importante para hacer una carrera política. Era desde entonces un niño platicador y con madera para comerciante. Pero la veta radiofónica de Saca fue estimulada por sus padrinos, José y Deisy Infantozzi, propietarios de YSJI, la Voz del Litoral. Yo conocí la radio por medio de ellos. La conocí y me parecía fascinante, dice Saca, quien comenzó la escuela primaria en el colegio San Agustín de Usulután, donde estudió hasta el octavo grado para luego ingresar al instituto Cervantes, de San Salvador, donde se mudaron sus padres debido a la quiebra de su algodonera.
Nos embargaron todo, el almacén, y lo único que nos permitieron sacar fueron las camas, comenta Saca, quien asegura haber vivido la crisis como cualquier otro salvadoreño. A raíz del problema que sobrevino a su familia, una experiencia que lo marcó de por vida, dos de sus hermanos emigraron indocumentados a Estados Unidos y sus padres tuvieron que encontrar en San Salvador una forma de subsistir. Del instituto Cervantes, donde sólo permanece un año, Saca ingresa en el colegio Cristóbal Colón, de donde se graduó en 1983.
Durante sus estudios de bachillerato, el joven comienza a trabajar para ayudar a sus padres en el sostén de su casa.
Tenía tan solo 13 años la edad que tiene mi hijo mayor, y yo lo veo como un niño, dice Saca al recordar esos años cuando comenzó a laborar en Radio Vanguardia, una pequeña emisora que abría sus puertas a locutores novatos, algunos del interior del país. Los locutores deportivos tenemos un refrán: quien no ha pasado por la Radio Vanguardia, no es locutor, comenta Raúl Beltrán Bonilla.
Saca cuenta que llegó a esta radio un día en que les dieron puerta en el instituto Cervantes, algo que sucedía debido a la situación violenta en la capital y que consistía en sacar a los estudiantes de clases para que caminaran hacia sus casas, pues dejaba de circular el transporte público. Me fui a meter, a guarecerme, en Radio Vanguardia. La guerra me lleva a eso. Vi aquel mundo que me pareció maravilloso, la radio, los micrófonos, las consolas, dice Saca. Comienza entonces su carrera como locutor y de empresario , micro, por supuesto.
El negocio era el siguiente: comprar un tiempo en una radio, hacer un programa y venderlo a cualquier cliente deseoso de publicidad. Alquiló una franja de tiempo radiofónico por 100 colones y consiguió tres clientes de 300 colones cada uno: 800 colones de ganancia. Siempre tuve esa capacidad de comercializar las cosas, la publicidad, comenta Saca. Su voz entonces comienza a escucharse en diversas radios salvadoreñas, en segmentos deportivos y bajo la misma dinámica de compra de tiempo en radio, una forma muy común de ganarse la vida entre los locutores deportivos.
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