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| Esposa
tras bambalinas |

Zulma Lorena Argueta, esposa de Héctor Silva,
es una mujer que sin hacer mucho en la campaña
presidencial —y no hacerlo deliberadamente—
ha logrado notoriedad. Es una imagen ausente que por
lo mismo suscita preguntas.
No lo acompaña en sus actividades proselitistas,
como el resto de esposas de los candidatos. Tampoco
brinda entrevistas o declaraciones. Incluso Silva habla
de ella, su segunda esposa, con discreción. Es
un misterio.
Silva dice contar con todo su apoyo, pero agrega que
respeta su decisión de no figurar en los medios
de comunicación. “El candidato es quien
tiene la responsabilidad de mostrar al país su
propuesta, su experiencia, su forma de ver el gobierno,
y no su esposa, quien no es candidata”, afirmó
Zulma Lorena a Enfoques vía correo electrónico.
Se sabe, por medio de Silva, que Argueta y él
se casaron en marzo de 2002, que tiene 39 años,
que es licenciada en Relaciones Internacionales de la
Universidad de El Salvador y que cursó una maestría
en Administración Pública. Actualmente
trabaja en proyectos de desarrollo local como directora
de SACDEL (Sistema de Asesoría y Capacitación
para el Desarrollo Local), una ONG.
Su postura hermética ha suscitado un debate
que Silva considera sustancial: la evaluación
del rol de la primera dama en El Salvador. De resultar
elegido como presidente, dice Silva, ella “no
exactamente” asumiría el rol tradicional
de las primeras damas en el país.
“¿Acaso no se requiere un perfil profesional
específico y especializado para esa secretaría?”,
cuestiona Argueta en su carta a Enfoques. |
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Médico y político |
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Los padres de Héctor Silva Argüello,
Héctor Ricardo Silva Romero y Gloria Argüello
Loucel nacieron y estudiaron, hasta el bachillerato, en San
Miguel. El padre era otorrinolaringólogo y la madre
estudió psicología. Héctor es el mayor
de cinco hermanos —Mauricio, Alex, Ana Gloria y Carmen
María—. Tiene dos hijos, Héctor y Claudia,
y un nieto, Héctor Raúl.
PRIMERA ESPOSA E HIJOS
Marina Estela Ávalos, esposa de 1970
a 2001.
Héctor Silva Ávalos, de 31
años. Es periodista.
Claudia Silva Ávalos, de 28 años.
Es psicóloga.
SU ESPOSA
En 2002, contrajo nupcias con Zulma Lorena
Argueta, licenciada en Relaciones Internacionales.
SUS PADRES
Héctor Ricardo Silva Romero y Gloria
Argüello Loucel.
SUS ABUELOS
Paternos: José Silva, alcalde de San
Miguel de 1919 a 1934, y María Romero Suay. Nacieron
en San Miguel.
Maternos: Arthuro Argüello Loucel, quien
fue presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) en 1947,
y Carmen García Prieto de Argüello. Ambos nacieron
en San Miguel. |
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Silva, sin embargo, siempre ha sido
una persona destacada. En 1963, en los remotos años escolares
en el Externado de San José, cuando cursaba el penúltimo
curso, fue nombrado “bedel” .
“Era la persona que los padres nombraban para que se hiciera
responsable del curso”, recuerda Silva, quien fue el segundo
bachiller de su promoción en 1964.
Comenzó a estudiar en el colegio jesuita, considerado entonces
“elitista”, el primer curso (séptimo grado) luego
de haber concluido la primaria en la Escuela Americana (EA).
“Mi papá fue de la idea de que cuando hiciéramos
sexto grado nos saliéramos. Esta idea la compartió
con otros padres de familia y nos salimos cuatro muchachos”,
recuerda Silva.
Archie Baldocchi, Javier Gasteazoro y Humberto Escapini eran los
otros jóvenes que de la EA llegaron al Externado. La procedencia
de una educación mixta y bilingüe les generó
fama y bromas entre sus nuevos compañeros. “Trajeron
un ambiente bilingüe que ayudaba en las clases de inglés”,
cuenta Herbert de Sola, quien conoce al candidato presidencial desde
la infancia, pues su padre y el de Silva eran médicos.
Silva compartió las aulas, además, con Eduardo Sancho,
el ex comandante guerrillero, otro conocido de la infancia, y Francisco
Díaz, ex concejal del Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ)
por mencionar algunos.
De Sola, Díaz y Sancho dicen sobre su ex compañero:
“Era malísimo para los deportes, pero siempre fue un
estudiante excelente”. Y en esa época “los carismáticos
eran los atletas, no los estudiosos”. Aun así, Silva
era buscado para corroborar apuntes y estudiar en víspera
de exámenes. Se disputaba las mejores calificaciones con
Baldocchi y Jorge Torruela.
En las vacaciones, Silva y sus cuatro hermanos menores, Mauricio,
Alex, Ana Gloria y Carmen María, viajaban a San Miguel a
las fincas de la familia. Ahí fue donde tuvo su primer empleo
remunerado, en 1963, como pesador y apuntador de café.
“Héctor era el modelo, el mayor, el que dirigía,
no era enojado y siempre buscaba la solución a los problemas.
No peleaba con los demás”, recuerda Carmen Argüello
de Salazar, tía materna del candidato, quien está
casada con Ricardo Salazar d’Aubuisson, tío paterno
del mayor Roberto d’Aubuisson.
“A (Roberto) lo veíamos con respeto; además
era militar y eso despertaba interés. Él discutía
mucho con mi papá, que era demócrata cristiano; lo
hacía con mucho cariño”, recuerda Silva.
El Externado, además de una buena educación, le propino
a Silva un baño de “la sensibilización social”.
Los sacerdotes formaban círculos de reflexión social
e iban junto a los estudiantes a visitar comunidades pobres como
La Fortaleza y El Manguito para dar catequesis.
El ingreso a la Universidad de El Salvador (UES), en 1965, significó
el encuentro más directo con la política. Silva ingresó
a la Acción Católica Universitaria (ACUS). En esta
organización conoció a Jorge Villacorta, Rubén
Zamora y Héctor Dada Hirezi, quien ya era miembro del Partido
Demócrata Cristiano (PDC), y al obispo Arturo Rivera y Damas.
“Fuimos compañeros en materias comunes y vi en él
cualidades de dirigente y lo invite a la ACUS”, dice Jorge
Villacorta, quien estudiaba Medicina en esa época. Al siguiente
año, Silva fue dirigente de la ACUS y participó en
la formación de la Federación Revolucionaria Estudiantil
de Social Cristianos que ganó la directiva de nueve facultades.
El político comenzaba a surgir.
Abolengo político
La familia de Silva, además de vivir con holgura, era muy
activa en política. Su abuelo paterno, José Silva,
fue alcalde de San Miguel de 1919 a 1934, mientras que su abuelo
materno, Arthuro Argüello Loucel, fue presidente de la Corte
Suprema de Justicia (CSJ) en 1947 y embajador en varios países
europeos, entre 1922 y 1942.
Héctor Silva padre, por su parte, fue fundador del PDC,
y regidor en la Alcaldía de San Salvador en los dos períodos
que Napoleón Duarte estuvo al frente de esta. Antes había
sido cónsul honorario en Boston de 1947 a 1949 y miembro
del Consejo Nacional de Seguridad Pública durante las presidencias
de Óscar Osorio y José María Lemus.
“Seguimos los pasos de mi padre en el PDC revolucionario”,
argumenta Mauricio Silva, su hermano. “En aquel tiempo sólo
había tres opciones: el oficialismo, que era el PCN, los
comunistas o el centro. El paso lógico era la Democracia
Cristiana que tenía su acción social basada en el
compromiso social de la Iglesia”, dice Héctor Silva,
quien se afilió al PDC en 1967.
En ese año, ambos hermanos cuidaron urnas cuando Abraham
Rodríguez era el candidato presidencial del PDC. Eso le valió
a Silva su primera y única ocasión tras las rejas.
Estaba en Concepción de Oriente, al norte de La Unión,
cuando la Guardia Nacional (GN) impidió la apertura de las
urnas y lo llevó a él y otros cuatro pedecistas a
una bartolina municipal donde permanecieron ocho horas.
“Nos dijo el guardia: ‘Para evitar cualquier problema
nos van a acompañar...’. Era un cuartito de adobe con
una ventanita que daba al Goascorán. A las cuatro de la tarde
nos sacaron”, relata Silva.
La afinidad izquierdista, sin embargo, le valía muchos inconvenientes.
“En ese tiempo ser Silva Argüello era esperar horas en
una oficina de migración porque estaban siempre ellos (Héctor
y Mauricio) en las listas”, cuenta Ana Gloria, su hermana.
Eso fue lo menos, los Silva Argüello también vieron
cómo sus casas fueron registradas en más de una ocasión
y sufrieron múltiples amenazas, hasta que la vida se volvió,
al menos en el país, insoportable.
En 1979, luego de ver como el PDC fracasaba en sus intentos en
llegar al poder por la vía electoral, los Silva observaron
cómo el último presidente militar caía mediante
un golpe de estado. Ambos colaboraron con el nuevo gobierno de facto.
Mauricio se desempeñó como subsecretario de Planificación
y Héctor como director de Salud en San Miguel.
Pero la emoción duró poco, los izquierdistas fueron
depurados de aquel gobierno y el PDC se comenzó a acercar
a la derecha. “Me volví muy crítico de la actuación
del PDC por su alianza con militares”, dice Silva. “No
nos quedó más camino que renunciar e irnos al exilio
porque si no, no estuviéramos vivos”, relata Héctor
Dada Hirezi, quien fungió tres meses como canciller.
En ese año, 1980, los Silva formaron con Zamora, Villacorta
y Díaz el Movimiento Popular Social Cristiano (MPSC) y el
Frente Democrático Revolucionario (FDR). En mayo, partieron
a una gira del FDR y FMLN por Europa, Estados Unidos y América
del Sur cuando en los periódicos fueron publicadas las “listas
de los traidores de la patria” .
Los nombres de los disidentes del PDC eran parte del listado. Mario
Zamora, hermano de Rubén, fue asesinado y en la casa de Mauricio
fue colocada una bomba que no estalló. Esto los obligó
a quedarse fuera del país, en el exilio.
Héctor vivió en México dos años con
su esposa, Marina Estela, y sus dos hijos, Héctor y Claudia,
y trabajó en proyectos de atención a refugiados “para
vivir precariamente”. E hizo “representación
diplomática internacional”. Luego estuvo en Nicaragua.
“El FDR era el aliado político del Frente. Hacía
gestiones, conseguían apoyo político y financiero.
Pero en 1989 ya no participaron con el FMLN”, comenta Eduardo
Sancho, ex compañero de estudios y ex comandante de la Resistencia
Nacional (RN).
Héctor niega que el FDR gestionara fondos para el FMLN.
Al igual que Villacorta. “Gestionábamos recursos para
nuestras actividades políticas del MPSC y del FDR, no para
el FMLN”, sostiene.
Mientras Héctor y Mauricio estaban en el extranjero, la
casa de Ana Gloria, una de sus hermanas, fue cateada en varias ocasiones,
y Silva padre fue detenido en una ocasión.
“Mi mamá me decía: ‘Mejor salite de la
política y te quedás aquí’. Mi padre
fue quien más trató de comprendernos y ayudarnos”,
recuerda Silva, quien vio por última vez a sus padres en
mayo de 1982 en Costa Rica. Un mes después, su madre Gloria
Argüello falleció de leucemia; y en diciembre de 1984,
su padre de cáncer en los pulmones.
Una semana después de la muerte de su padre, en 1985, Silva
retornó al país, y comenzó a trabajar en la
UES como Jefe del Departamento de Salud Materno-Infantil. También
volvió a la política.
El MPSC se alió a otros dos partidos de izquierda y formaron
Convergencia Democrática (CD), y postularon en 1989 a Guillermo
Manuel Ungo como candidato a la presidencia. Esta candidatura no
obtuvo un gran apoyó electoral, pero abrió un frente
electoral para la izquierda en El Salvador.
La Convergencia participó después en las elecciones
legislativas y municipales de 1991, en las que obtuvo siete diputados.
Uno de ellos era Héctor Silva, en representación de
un departamento que no prometía mucho para el partido: La
Libertad.
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