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[Perfiles presidenciales]
Rafael: Un político de pura sangre azul
Este hombre no tuvo atajos en su vida política. En las filas del PCN ha sido animador, motorista, pintor y pegador de propaganda, dirigente local, departamental y del país, diputado y ahora aspirante a la presidencia.

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Fotos
Deportista usuluteco. En la foto de arriba, Rafael Machuca cuando tenía 15 años y jugaba fútbol con sus compañeros de curso en el Instituto Nacional de Usulután.
El primogénito. Rafael, oriundo de Jucuapa, el hijo mayor de José Machuca y Blanca Zelaya.
Con sus hermanos. A Rafael con sus hermanos Daysi y René en 1950.
El cadete. Rafael estuvo en la Escuela Militar de 1957 a 1959.

Sólo uno de cada cien posibles votantes está convencido de que Rafael Machuca, del PCN, debe ser el próximo presidente de El Salvador, según una encuesta realizada por TNS Data para La Prensa Gráfica. El candidato tiene todos los pronósticos electorales en contra: el 0% de los encuestados cree que él ganará.

No fue un hecho insólito. Las últimas seis encuestas ubican al candidato presidencial del Partido de Conciliación Nacional (PCN), Rafael Machuca, al final de las preferencias electorales.

Machuca no evade esa realidad ni inventa teorías estadísticas para hacer decir a los números lo contrario. Con serenidad y parquitud dice: “Aunque sea tres votitos de la gente que me quiere voy a tener”.

Su reto, sin embargo, es más grande. Tiene que llevar al PCN a través de la cita de marzo de 2004 sin bajar del 3% de los votos válidos, cifra mínima para que el partido no sea cancelado. ¿Difícil? No para un hombre que tiene 28 años en la política, dice Ernesto Kuri, pecenista que fungió como vicepresidente durante la administración de Álvaro Magaña.

“Él siempre tuvo rasgos de liderazgo y no necesita hacer gira por todo el país para conocer los problemas porque ya los conoce”, resalta Kuri, quien recuerda a Machuca como “un muchacho trabajador que hizo de todo en el partido”.

En 1975, el candidato del PCN comenzó su trabajo en el partido como un miembro más: fue animador, motorista, perifoneador, pintor y pegador de afiches, reclutador de nuevos miembros, y analista de resultados electorales, hasta que en noviembre de 1987, fue inscrito como candidato a diputado por Usulután “porque no teníamos candidato que cubriera el lugar”, cuenta Machuca.

En 1988, ingresó al congreso como diputado –ha sido reelecto cinco veces– y comenzó a ocupar cargos importantes en la dirigencia del partido. Ahora compite por la silla presidencial.

El abolengo pecenista

Machuca nació en Jucuapa, Usulután, al igual que sus hermanos, René y Daysi. Cuando tenía cinco años, sus padres, José Angel Machuca Canizales y Blanca de Jesús Zelaya, lo enviaron a casa de los abuelos paternos en San Miguel para que iniciara sus estudios. Sus padres, hermanos y abuelos maternos se trasladaron después a esa ciudad luego de los legendarios terremotos que en 1951 destruyeron Jucuapa, Chinameca y la casa de los Machuca Zelaya.

“Sólo nos quedó la tierra. Se destruyó todo y las bodegas como eran de bahareque, los cereales y todas las cosas que teníamos quedaron bajo tierra”, dice Machuca, al recordar el estado calamitoso en que quedó la finca de sus abuelos.

A los pocos años, su padre, quien trabajaba en la cadena de circuitos de teatros nacionales, fue trasladado a Usulután. En ese municipio nacieron Raúl y Mario, los hermanos menores de Machuca, y fue donde este estudió el plan básico. Y donde su padre fungió como regidor de la alcaldía, durante la presidencia de Fidel Sánchez Hernández.

Al concluir el plan básico, Machuca, a sus 17 años, decidió entrar a la Escuela Militar (EM), al igual que otros 117 jóvenes. Al ingresar, sin embargo, tuvo que volver a estudiar bachillerato.

“Yo creo que ingresé a la Escuela Militar porque era la moda en esa época; presumir de que a esa edad tenía una visión, le mentiría; pero quizá me gustaba la gente de uniforme”, comenta.

Adolfo Blandón, general en retiro y quien fue compañero de Machuca, recuerda: “Siempre llevó buenas calificaciones. Aunque varias veces lo castigaron por dormilón, se dormía en clase, y porque no se desvestía rápido”.

Blandón y Machuca también fueron compañeros en la banda de guerra de la institución. “Él se metió a trompetista y resulta que no le salían bien los toques y cada vez que hacia un toque lo ponían de plantón”, dice el general, quien asegura que en tercer año el candidato pecenista “ocupaba la sexta antigüedad en un grupo de 26 cadetes”.

En ese año Machuca fue dado de baja de la EM, al igual que otros diez muchachos. “En un servicio se golpeó una camioneta y yo fui el que la movió y se rompió un cristal”, cuenta.

Blandón tiene otra versión sobre lo que frustró en 1959 las aspiraciones de aquel joven: “Las plazas vacantes en las unidades militares eran 16, entonces tenían que salir diez compañeros nuestros”.

El joven, ayudado por su padres, emigró a México donde comenzó a estudiar veterinaria “porque sólo había un espacio en odontología y uno en veterinaria” en la Universidad Nacional Autónoma de México. A los diez años, en 1969, descubrió que no tenía vocación para esa profesión y luego de una visita materna tuvo que comenzar a valerse por sí mismo.

“Llegó la señora y me dijo: ‘deme cuentas’. Le entregué las cuentas y me dio una gran paliza, de esas de niño chiquito”, recuerda.

A los 29 años, comenzó a trabajar como administrador en la cadena de tiendas de vinos y abarrotes Enrique Miembro y a estudiar licenciatura en Administración Pública en la UNAM. “Lo que realmente vendíamos eran vinos, pero para pagar menos impuestos uno vendía vinos y abarrotes”, explica.

Durante su estadía en México conoció a Esperanza Quesada, una comerciante, con quien procreó tres hijos: Alejandra —quien lo hizo abuelo—, Leslie y David, quienes tienen 36, 34 y 32 años.

“Siempre fue un padre bueno, responsable y protector; estricto pero muy respetuoso de mis espacios”, dice Leslie, jurista, quien trabaja como analista en la Asamblea Legislativa desde 1997.

En 1972, cuando egresó de la UNAM, Machuca solicitó empleo en la estatal Compañía Nacional de Subsistencias Popular (CONASUPO). Lo contrataron como capacitador campesino en el estado de Morelos.

“La compañía tenía siete áreas, la más pequeña de todas era capacitación campesina, que eran programas de formación de la gente del área rural”, narra. Una vez establecido y con empleo, Machuca comenzó a visitar regularmente a sus padres en El Salvador durante sus vacaciones.

En esos años, México era gobernado por el legendario centro izquierdista Partido de la Revolución Institucional (PRI), al cual Machuca fue tomando aprecio. “Soy priista para bien o para mal, esa es mi estructura mental”, dice. Así empezaron sus pinitos en la política.

Machuca regresó definitivamente al país en 1975.

   
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