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Me bajé de la avioneta, me despedí del piloto Mario Díaz Villeda y luego saludé a Jorge López, el popular “Chino”, de “Diario El Mundo”. Con la misma mano derecha me despedí del que consideré un gran piloto —me dejó hacer fotos impresionantes en 25 minutos— y saludé a un gran compañero. Tuve el privilegio de compartir con ellos sus últimos minutos de su vida.
“Qué pasó ‘Chino’, andás creído hoy”, le dije. “‘No’mbre’, papito, es que estamos atrasados y nos deja el vuelo”, me contestó. ¿Presagio? No lo sé, pero les confieso que se me eriza la piel sólo de recordar sus últimas palabras.
Cuando apenas subía su primer pie, me confesó con emoción: “Éste es mi segundo vuelo, porque quiero hacer unas fotos de los giros de los aviones sobre la pista”, me dijo. En mi mente, no dudé que el piloto Díaz Villeda lo haría cumplir con su cometido.
“Bueno, ‘Chino’, con todo”, le dije, sabiendo y nunca dudando de su capacidad en la fotografía. A los dos, un abrazo hasta el cielo.
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