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Dentro de 41 días, los salvadoreños tendremos que decidir qué es lo que deseamos para nuestro país: un cuarto gobierno de ARENA, o un futuro incierto, en un régimen socialista, presidido por un presidente comunista, que conformaría un oscuro delta, Cuba, Venezuela, El Salvador. Francamente diré: voy a votar por Elías Antonio Saca, el candidato de ARENA, porque me garantiza un gobierno democrático, en armonía con el concierto de países centroamericanos y con todos nuestros socios en el desarrollo alrededor del globo.
Para muestra un botón. ¿Qué podemos esperar del FMLN si su alcalde en San Salvador acaba de dar una bofetada en la cara a un país amigo, con el cual tenemos relaciones diplomáticas cordiales, al ignorar flagrantemente su existencia e invitar al embajador para Centroamérica a la Autoridad Palestina, con quien no tenemos relaciones diplomáticas, para inaugurar un monumento que muestra un mapa del Cercano Oriente, que data de antes de 1948? Esto no solamente es un insulto para Israel, sino también para El Salvador y para la comunidad judía en nuestro país. Además, presagia cómo se conducirá la política exterior de El Salvador, si ellos llegaran al gobierno.
En una democracia, las elecciones plantean probablemente las preguntas más importantes que un ciudadano debe responder. Como columnista de este periódico, siento una obligación de presentar mis puntos de vista sobre los candidatos y sus plataformas, así como lo hacemos cuando tocamos otros temas de importancia.
Ya en una columna anterior expliqué por qué no voy a votar por el FMLN. En consecuencia, creo que sería inconsistente con mi forma de pensar si no expresara mis intenciones, sobre todo en las circunstancias actuales, cuando las encuestas no proyectan a un vencedor claro. Después de todo, el 21 de marzo tendremos la oportunidad de influir directamente en lo que nuestro próximo gobierno deberá hacer y cómo lo hará.
Mi intención es plantear a mis amigos que me distinguen con su lectura, una opinión sobre el riesgo que significa si nuestro gobierno llegara a caer en manos extrañas, sobre todo en manos de un partido cuyo origen fue la violencia y cuya estructura, patrocinada por Fidel Castro, tuvo como fundamento la doctrina socio-económica de Marx, Engels, Lenin, con toques de estalinismo.
Nosotros, quienes llevamos profundamente infundidos los principios democráticos, debemos juzgar a los candidatos desde la perspectiva de los valores que propugnamos.
Existen otras razones para votar como propongo. Si bien el candidato de ARENA no tiene una trayectoria política a su favor, por su temprana edad, su proyección y su discurso son de fondo, bien estructurados, concluyentes y son el producto de un diálogo con todos los sectores del país, en todo el país. Por su parte, el candidato del FMLN, anciano de muy larga trayectoria como secretario general del Partido Comunista Salvadoreño y comandante en la guerra de guerrillas que devastó la nación, quiere ahora hacernos creer, con sus promesas demagógicas y quiméricas, que, así, de la noche a la mañana, se ha convertido en paladín de principios democráticos, dispuesto a mantener los valores que sustentan nuestro país. En lo personal se me hace imposible aceptar la sinceridad de su propuesta, por mucho que publique su foto con el nuevo embajador norteamericano. Un examen a fondo de los candidatos, de sus ideales, sus proyecciones, sus puntos de vista sobre temas trascendentales, debe rendir al votante un fruto que le servirá de guía a la hora de depositar su voto. Sin embargo, tan importante como eso es considerar las posibilidades de victoria del candidato, sobre todo en lo que apunta a ser una elección reñida. Un voto por un partido que no tiene la más remota posibilidad de ganar es un voto malgastado.
El comportamiento histórico de los candidatos, su responsabilidad demostrada ante los hechos, y su manifiesta decisión de someterse a la voluntad del pueblo son también factores importantes en nuestro análisis, a la hora en la que el electorado tiene que votar su conciencia y escoger entre dos contendientes cuyas ideologías están profundamente distantes, marcadas por desigualdades estructurales de fondo. Más allá, sugiero que por cuanto las discrepancias entre los dos partidos contendientes están basadas en diferencias ideológicas, el contenido de las ideas que cada uno representa debe ser crítico para mantener el interés y la participación ciudadana.
Este análisis propone que las garantías constitucionales dentro de una democracia participativa están mejor garantizadas por el candidato de ARENA. Tampoco excluye la necesidad de una oposición política objetiva y seria, que es indispensable en un régimen democrático. Para que una democracia funcione, es importante reconocer la legitimidad de la oposición y, además, tolerarla.
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