
|
 |

|

 |
|
 |
|
|
|
 |
|
|
Hay historias de las cuales vos te sentís orgulloso, pero por llevártelas
de humilde no las contás. Pero ésta
no puede seguir en el tintero.
Resulta que los amigos ya sabían que quien
se escondía en esa pancita de tres meses era una bella damita. El
amigo me confió el honor de que fuera yo el que la bautizara con
el nombre. A la poesía encomiendo el encargo –dijo dando tremendo
jalón al tabaco.
Repasé desde los menos complejos hasta
nombres compuestos, revisé calendarios, y después de vueltas
y revueltas, me quedé con uno hermoso y simple: GALA. No le razoné
el nombre, pues el amigo pintor sabía de sobra que me refería
a la musa de Salvador Dalí: la rusa Elena Diakonova, conocida por
Gala.
A la anterior esposa del poeta francés Paul Eluard, y amante de Max Ernst, se le señala como la persona que liberó al pintor de sus represiones, fue para el artista génesis de toda perdición, apocalipsis de toda salvación, centro y márgenes del universo; pero al mismo tiempo se le acusa de ser la causante de la desbordante avidez económica del pintor. Lo innegable, es que fue el timonel del espíritu quebradizo del genio de Figueres.
Llegó el gran día, en la casa estaban loquitos, la cigüeña (vieja y destartalada, sin el mantenimiento adecuado) les había traído a la bebé. Toda la emoción se vino abajo en la alcaldía, cuando una señora les dijo que no estaban permitidos los nombres exóticos
. Y se armó.
Mi amigo casi soborna a la funcionaria para
que asentara a la niña con el nombre elegido. Ella le mostró
una hoja ajada con nombrecitos que regalaban en La Moda Parisiense.
Para complacerla, mi hija se llamará Jackelyn Lisbeth, dijo molesto el amigo. Me la imagino chelita
, sonrió la señora. Ahora el mundo la conoce como Jacky, pero en la casa le llaman GALA. Por culpa de la poesía.
|
|  |

|