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Durante la entrega de los Oscar, el 25 de marzo de 2003, Michael Moore fue abucheado cuando, al recoger su premio al mejor documental por Bowling for Columbine, declaró que los estadounidenses habían sido llevados a la guerra contra Iraq por motivos falsos.
¡Qué suerte tuvo! Si el discurso hubiera sido pronunciado este año, el botón ya estaba listo para censurarlo. Sí, eso pasa también en el país de las libertades.
Precisamente las contradicciones que envuelven a la sociedad modelo (la estadounidense) son la materia prima de Moore.
Estúpidos hombres blancos es un libro provocador de cabo a rabo que no deja lo mejor para el final. El primer capítulo, Golpe a la americana, es una descripción de cómo George W. Bush le robó la llave de la Casa Blanca a Al Gore en 2000,
gracias a un fraude masivo en el estado de la Florida y un último empujoncito de los amigos republicanos de su papá en el Tribunal Supremo.
Habitualmente, los políticos esperan a tomar posesión del cargo antes de convertirse formalmente en criminales. Pero éste es un caso prefabricado
Hay un ladrón en el poder, dice. Nos hemos rebajado al nivel de una república bananera.
¡Necesitamos observadores, tropas y resoluciones de la ONU!, grita desesperado en la segunda página.
Los capítulos restantes son 11 ensayos contra la hipocresía de los blancos especialmente los políticos, incluidos los demócratas y una campaña para corregir los problemas raciales y sociales que aún abundan en ese País de burros
(título del capítulo 5).
¿Le suena demasiado fuerte al igual que el nombre del libro? No se preocupe, el tipo sabe justificar muy bien sus afirmaciones. De hecho, las últimas 18 páginas son los anexos que documentan de dónde tomó los datos para escribir, por ejemplo, que el presidente
Bush padece de analfabetismo funcional, o para acusar a las grandes empresas de estar comprando el sistema escolar para garantizar el consumismo.
Su lenguaje es siempre informal, directo y hasta burdo. Ésta no es una obra que destaca por su riqueza literaria, sino por la agudeza y el fino humor con el que un blanco se asquea de los hábitos y costumbres que practican algunos miembros de su raza. Igual, disfrutable.
¿Por qué leer a este señor irreverente, cincuentón (1954), nacido en Michigan, con más trayectoria de productor que de escritor? Porque más allá de mi apreciación después de haber finalizado este libro con una portada un poco ridícula,
vale la pena que se lea un best seller.
Sí. En parte la culpa de eso la tienen los estúpidos hombres blancos que intentaron censurar la primera edición de 50 mil ejemplares. Al enterarse, los que están fuera de ese círculo salieron indignados a vaciar los estantes de las librerías.
Al quinto mes ya se había tirado una 25.ª impresión en Estados Unidos. Ahora ya vendió más de 3 millones de copias en todo el mundo y se ha traducido a 24 idiomas.
*PD y comercial. Dicho documental que viene a ser un disparo por la culata a la fe ciega que tienen los norteamericanos en la tenencia de armas para sentirse seguros está en la lista del Festival Internacional de Cine, y se exhibirá a partir del 26 de marzo. En cuanto
a Iraq, ahora todo el mundo sabe que Michael Moore tenía razón. Aplausos.
ESTANTE
Estos libros están a la venta en librería La Casita.
El maestro de esgrima
Arturo Pérez-Reverte
En esta novela Pérez-Reverte reúne sus géneros predilectos: aventura, histórico, policiaco y político. Viaja al Madrid de 1868, y recrea la mística de la esgrima, que implica el honor, la tradición y la separación de un mundo cada vez más
moderno. Se trata de una parábola inteligente y, sobre todo, amena. Fue llevada al cine por Pedro Olea, en 1992.
El desbarrancadero
Fernando Vallejo
La literatura latinoamericana se sacude cada vez que Fernando Vallejo publica. Su virtuosa narrativa nos lleva por las claves de su tema favorito: él mismo. Sus novelas siempre son una especie de autobiografías noveladas que salpican con cruda ironía y humor negro todo lo
que tiene próximo. En esta, Vallejo nos habla de su hermano y de sus fantasmas, sin olvidarse de sí mismo y de su repudio a lo establecido.
Monterroso por él mismo
Augusto Monterroso
Se trata de una autoradiografía. El autor se cuenta los huesos en una selección de fragmentos extraídos de sus obras, así como de entrevistas, correspondencia y otros productos literarios en primera persona.
s Predomina el humor y la gracia de quien no se tomó nunca en serio. Habla de su físico, de su familia, de cómo se ve en el espejo de las letras. Es un libro cálido y amigable. Quizá hasta sea inspirador para alguna oveja negra que quiera ir por el mundo poniendo
en letras los dictados de su imaginación.
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