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Más lugares fiesteros
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Cuando se habla de lugares con música en vivo (tropical),
no pueden obviarse otros emblemáticos, ubicados en el área
metropolitana y en las afueras del centro de San Salvador.
Las otras alternativas son:
- Restaurante Babalú, localizado en 3.ª avenida norte
n.º 116, costado oriente al parque Infantil. Su ambiente es
popular, los precios son accesibles, tiene buena vigilancia y cuenta
con parqueo propio. Generalmente la orquesta La Tribu es la que
está de planta los viernes y sábados.
- Restaurante Gold Street. Carretera de Oro, valle Las Delicias,
a pocos metros de residencial Alta Vista, a la altura de San Martín.
Es uno de los restaurantes más grandes (mide un poco más
que una cancha de baloncesto). Su especialidad son las carnes y
tiene música en vivo los sábados, desde las 8 de la
noche (allí se han presentado eventualmente Los Hermanos
Flores, Orquesta San Vicente, Bravo y Orquesta Canela, entre otros).
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Hay, entre las tribus urbanas de San Salvador, una formada por los que disfrutan de sudar la gota gorda en los locales con música en vivo. Son los hijos de la cumbia, los que se “despapayan” al compás de los ritmos tropicales, las luces y las obligatorias “chelas”.
Estos locales ya no mandan en la capital. Tras una época de oro en las dos últimas décadas del siglo pasado —el bulevar de Los Héroes era un hervidero de bares guapachosos—, su presencia es hoy más bien escasa.
FAMA visitó la semana anterior dos de los restaurantes con música tropical en vivo más emblemáticos de la capital: el nuevo y exclusivo Malibú Fiesta, en el paseo General Escalón a pocos metros del redondel Masferrer, y el mítico
Corral.
El último es el restaurante que más años tiene de ofrecer música en vivo, el único sobreviviente de los lugares de entretenimiento popular que daban vida a Los Héroes en la gloriosa época de finales de los ochenta y mediados de los noventa.
Para gustos...
El recorrido comienza en El Corral, ubicado a pocos metros del hospital Bloom. Frente a su entrada, las ruinas del que fue el famoso restaurante Las Antorchas, que tuvo su apogeo entre los años 93 y 95.
Son las 8:45 de la noche, y el parqueo aún luce con varios espacios vacantes. Adentro, los técnicos del grupo Extremo terminan de ecualizar el sonido. Hay mesas con cartones de “Reservado” y otras que denotan que sus ocupantes han estado allí desde hace ratos.
Don Max Molina, el encargado de El Corral, se lamenta de que en los últimos tiempos ha habido poca afluencia de público.
“Quizás es por las elecciones”, medita. El ambiente comienza a entrar en calor con la presentación del grupo Extremo, las primeras parejas saltan a la pista.
Decidimos hacer una pausa allí y trasladarnos a la parte alta de San Salvador, mientras Extremo se encarga de prender el detonante de la diversión.
Son casi las 10 de la noche. Nos recibe una chica de simpática sonrisa en el Malibú Fiesta. Adentro, la música a todo volumen de discoteca. Aún no ha comenzado su “tanda” musical Salsa Clave. William Cenna, el director del grupo, comparte con los locutores de Radio Fiesta, quienes se encargan de animar la velada.
El lugar se distingue por sus mesas y sillas elegantes, el aire acondicionado, un bar y una pista de baile hacia la cual apuntan varios spots de luces de colores, “inteligentes”.
El DJ anuncia el inicio de la presentación de Salsa Clave, el escenario se llena de luces y los vocalistas del grupo, liderados por la menuda cantante Ligia Morales, suben a cumplir con su misión: levantar de sus asientos a la gente.
No les cuesta mucho, Salsa Clave es una de esas agrupaciones que sabe cómo llegarle al público desde la primera canción; por eso, las primeras parejas fueron impulsadas como a propulsión a chorro hacia la pista de baile.
Poco a poco siguen aterrizando los amantes de la pachanga: esposos, novios, jóvenes muy bonitas y vestidas “fashion”, deliciosamente perfumadas, se encuentran en las mesas con sus cheras.
Hay personas que visitan el país y que han llegado procedentes de Estados Unidos. Son algunas de ellas las que ofrecen cátedras de cómo se baila la salsa. Pero los locales no se quedan atrás, también les enseñan cómo se baila la cumbia, sobre todo, cuando Ligia vuelve a ver a William Cenna y entona “al verde que yo le canto es al color de los maizales...”.
Bailar en un ladrillo
De vuelta a El Corral, de milagro hay un espacio en el parqueo. Es casi medianoche y la pista luce llena, muy llena. Quién sabe de dónde salió toda esa gente, pero suda de lo lindo la gota gorda con la cumbia del grupo Extremo.
Hay personas de estratos sociales populares que gozan de la vida a la par de jóvenes parejas y adultos (que son los que predominan en este ambiente).
El olor a churrasco pellizca al olfato y hace que “la tripa” se retuerza. Aquí no hay aire acondicionado, pero al público parece no importarle. “Es más rico sentir el calorcito”, dice Fernando López, quien con su señora esposa acaba de sentarse para descansar un poquito y para refrescarse con una “polarizada”.
Es más de la medianoche y la gente no da muestra de querer irse a casa. Al fin y al cabo, la música está rica y para eso se hicieron los fines de semana, para bailar y gozar, como dice Oro Sólido, “¡hasta las quinceeee!”.
NOSTALGIA POR LOS HÉROES
Desde mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa, el bulevar
de Los Héroes fue sinónimo de jolgorio.
Frente al hospital Bloom se erguía el ranchón del legendario
Malibú, la catedral del rock, que fue devorado por
un incendio y que resucitó hace un tiempo para mudarse a Santa
Elena, Antiguo Cuscatlán.
Cómo olvidarse de Villa Fiesta, que estaba a pocos metros del Malibú,
en donde hasta Las Chicas del Can y Leo Dan se presentaron. Villa Fiesta
era uno de los lugares más alegres de la zona y fue una ventana
para que el público conociera el trabajo de muchas agrupaciones
y orquestas salvadoreñas.
A menos de una cuadra se ubicaba El Torito, que luego cambió de
nombre a Las Antorchas, un lugar de culto para la música popular,
que se caracterizó por su ambiente bullicioso.
Frente a él, nada menos que el legendario restaurante El Corral,
que con casi 21 años de vida se mantiene como uno de los pocos
escenarios para los artistas cuscatlecos.
Y en mitad del bulevar, ¿se acuerdan del pequeño restaurante
La Hacienda Steak Corner, en donde dio sus primeros pinitos la banda Salsa
Clave, al lado del popular Max, el hombre que nació para
cantar?
Con la ordenanza que prohibía el ruido cerca de los hospitales,
el Malibú y Villa Fiesta tuvieron que cerrar operaciones. La zona
se pobló de barras show, algunas de las cuales sobreviven.
Hoy, solamente queda El Corral, que se mantiene batallando por continuar
la tradición, esa que hizo felices a miles de noctámbulos
amantes de la música tropical y la diversión.
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