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Juego de presiones
Perspectiva
No se quede en casa
Sandra de Barraza
sre_barraza@hotmail.com

Columnista de
LA PRENSA GRÁFICA

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Después de un año de propaganda política y de propaganda electoral estamos próximos a tomar una decisión clave para el futuro de nuestro país. Los 3.4 millones de ciudadanos que estamos habilitados social y legalmente somos los responsables de decidir quién será el tercer mandatario post Acuerdo de Paz. No tenemos excusa ni pretexto para evadir esta responsabilidad.

Concluimos doce meses de bombardeo propagandístico. No estoy segura de que tengamos suficiente información, conocimiento, diferenciación, ni evaluación sobre la viabilidad de las ofertas electorales.

Los partidos políticos optaron por una campaña que dio poca importancia al futuro, al marco institucional y mucho menos, al entorno de oportunidades y exigencias que tenemos para nuestro desarrollo. La campaña nos ha dejado cansados por su contenido y forma.

Ha aprovechado la ignorancia de la gente para desprestigiar la democracia resaltando riesgos en lugar de oportunidades. Cerramos la campaña con el convencimiento de que el Tribunal Supremo Electoral y los partidos políticos han dado muestras de lo que son y de lo que no son.

El contenido de la propaganda “política y electoral” no ha servido para elevar nuestra educación cívica aprovechando los avances y recursos tecnológicos para generar confianza en el futuro. A los padres, madres o responsables de familia, nos privó de argumentos para no estimular el interés por emigrar en busca de oportunidades fuera de estos 20 mil kilómetros cuadrados. Pero aunque así sea, de todas maneras ante la futura decisión política, no conviene quedarse cómodamente sentado en casa, dejando a otros que decidan por el futuro de nuestro país y de nuestra frágil democracia.

No nos quedemos sin votar. Si hacemos esto, demostramos que el país importa poco o no importa. Y peor aun, si no ejercemos nuestro voto, de hecho demostramos que no importa lo que haga o deje de hacer el futuro mandatario. Tenemos mucho que aprender de las lecciones que España ha dado al mundo. Un país que ha tenido una historia con características muy similares a las nuestras, en 20 años ha sufrido una radical transformación.

Ha saltado al primer plano. Compite con los grandes, tiene peso ante los grandes y se ha ganado el respeto de los grandes. Hicieron acuerdos políticos y los han respetado porque todos reconocen que tienen un destino común. Conviven y se respetan en la diferencia. Optaron por la democracia con sus virtudes y riesgos. Y recientemente ante los atentados terroristas que a todos nos conmovieron e indignaron, dieron muestras de su educación cívica, de su madurez y de su convencimiento y respeto a la democracia.

A todos nos han dolido y conmocionado los atentados terroristas. Pero en un entorno de dolor, de sorpresa y de indignación, casi 13 millones de españoles salieron pacífica y respetuosamente a pronunciarse contra el terrorismo.

Salieron a demandar que las instituciones funcionen. Y tres días después de la tragedia, la participación en las urnas electorales fue sustancialmente superior a la registrada en las elecciones anteriores. El 77% de los españoles ejerció su derecho y responsabilidad del voto. El conteo fue rápido y confiable. Y el reconocimiento del gane del partido opositor fue inmediato. No hubo excusas, ni pretextos. El sistema funcionó... no hubo rupturas... no hubo desconfianza sobre los resultados. El mundo reconoce los resultados y los respeta. Ningún poderoso se atreve a cuestionar la elección de los españoles. Y nos guste o no, viviremos y conviviremos con la decisión de los españoles, porque así es la democracia.

En democracia hoy están unos y mañana, otros. España nos ha dado una oportuna lección sobre democracia. Los ciudadanos elegimos a nuestros mandatarios, les damos confianza sobre resultados y para esto, esperamos que sean sensibles a nuestros sentimientos, voz y pensamiento. Periódicamente tenemos el derecho y la libertad de optar y cambiar. Así es la democracia. Pero para que funcione, el primer paso es hacerse presente a las urnas electorales para expresar y registrar nuestra opción. La mayoría tendrá la decisión y, nos guste o no, tendremos que respetarla. Así es la democracia.

Desde la casa no se elige al futuro mandatario. Expresemos nuestra opción dispuestos a respetar la decisión de la mayoría. Este es el punto de partida para reconciliar emociones y posiciones y esta, aunque no este escrita, será la primera obligación del futuro mandatario.



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