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Muchos jefes se enfrentan a la situación de resolver el dilema de cómo tratar a un empleado problema. ¿Debo despedirlo? ¿Cuánto tengo que soportarlo?
Este tipo de empleado con frecuencia no cumple las normas establecidas en la oficina: llega tarde, no entrega las tareas a tiempo, se relaciona inadecuadamente con sus compañeros, cuestiona la autoridad, lo que interfiere en el trabajo en equipo y en el alcance de objetivos.
Las causas de este tipo de comportamientos pueden ser problemas de tipo familiar, como la desintegración del hogar; de índole personal, como el deseo de llamar la atención; o debido a su personalidad: bajo apego a normas sociales, alcoholismo.
Buscar soluciones es el primer paso. El jefe debe darle al empleado la oportunidad de tomar conciencia de su conducta y de rectificar. Para este proceso es importante la evaluación del desempeño. Se debe retroalimentar al empleado acerca de su forma de trabajo, logro de metas y de los factores que inciden negativamente en sus labores.
Puede utilizarse, además, la asesoría laboral, ya que el empleado puede estar pasando una situación personal difícil, y de esta forma se le puede orientar.
No siempre el despido es la mejor forma de solucionar los problemas, por lo que el manejo de estas situaciones se convierte en un reto diario.
Otro aspecto a considerar es la química entre empleado y jefe, ya que ésta no siempre es positiva. Las diferencias pueden incidir en la motivación del empleado. Por ejemplo, si el jefe es autocrático y el empleado un pensador independiente, las contradicciones aparecerán. Después de abordar el problema con el empleado debe dársele tiempo para que mejore. Si después de esto la situación es igual o empeora, se debe tomar una decisión después de analizar cada caso.
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