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El juego de la
vida
cultura@laprensa.com.sv
Humanum Tempore tuvo una exitosa recepción del público durante la presentación de “Punto Exe”, el nuevo espectáculo de la compañía.
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Desde
su primera presentación, en el jardín de un café hace
unos tres años, la compañía de danza Humanum Tempore
se ha distinguido por la frescura de propuestas imbuida con la pasión
y la fantasía de sus integrantes.
“Punto Exe”, un nuevo espectáculo concebido y dirigido por Mónica Delgado, es una afirmación de esas cualidades. Con 45 minutos de largo, integrando a ocho bailarines en una puesta en escena que incorpora juegos de luces, proyecciones de video y vestuarios exuberantes, esta es una producción ambiciosa.
El juego de la vida
El tema de “Punto Exe” es revelado por una voz que define la vida como un juego: “Inventando modelos, siguiendo sistemas, simulando escenarios, desechando métodos... Juego, que es como un espejo: te muestra lo que quieres ver y lo que no le pides ver”.
Esta concepción metafórica define toda la obra, cuyo marco narrativo la sitúa en el entorno de un videojuego, con zonas virtuales en las que es posible asumir otras identidades para enfrentar las amenazas que acechan a sus personajes.
La primera pieza coreográfica después de la introducción se concentra, precisamente, en un juego de identidad. Delgado interpreta a una joven que busca participar en un juego de básquetbol. Rechazada, asume otra identidad, más alta y más fuerte. Pero esa transformación depende de un truco teatral malogrado por una incesante proyección de video que reveló, en la noche del estreno de la obra, los cambios escénicos entre Delgado y Estela Mena.
Identidades
La aparición de tres arlequines negros al inicio de “Punto Exe” llama la atención porque evoca ciertas fórmulas de teatro circense. Pero los momentos más enérgicos de esta obra ostentan la influencia del jazz.
Marcadas por la voluntad cooperativa del grupo, integrado por Delgado, Mena, María Eugenia Balmaceda, Laura Chávez, y Tania Madrigal, las coreografías se proyectan con mayor intensidad cuando se apartan de lo discursivo y se concentran en delinear a un personaje o en elaborar una imagen.
Así, el momento más encantador llega con un solo de Chávez. Recurriendo a un lenguaje clásico manejado con limpieza y sentido de humor, Chávez moldea el personaje de una oficinista ajustando sus movimientos con fluidez y precisión a un divertimento para violín y cuerdas. Es un momento eléctrico, tan efectivo que se espera su reiteración con impaciencia.
Hay otras piezas memorables. Madrigal realiza una danza de la muerte, en la puesta escénica más hipnótica e imaginativa de la obra. Bien integrados, los efectos de iluminación y sonido apoyan y enriquecen esta coreografía que toma lugar en un entorno inusual: un cuarto de hospital.
En la última pieza, las seis integrantes del grupo y los aspirantes Milton Escalante y José Raúl Martínez se unen en una verdadera demostración de fuerza colectiva antes del “final del juego”.
“Game over”
El nombre de la compañía, Humanum Tempore, podría ser traducido del latín por un verso del poeta Heberto Padilla: “El justo tiempo humano”. Irónicamente, el tema de “El Centinela” y “Punto Exe”, las dos obras de mayor alcance de la compañía, tratan sobre las fuerzas de la alienación: la conformidad social, la adicción y los sistemas de poder que deshumanizan a las personas. Y sin embargo, hay afirmación y optimismo en estas propuestas.
Como nos advirtió Marshall MacLuhan, en la era de la información “el medio es el mensaje”. Afortunadamente, el medio en esta ocasión es la danza, y la danza en sí, expuesta como una forma de expresión eminentemente humana, reafirma nuestros valores en función de la esperanza.
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